Opinión

Adrián Gaitán, una generación que ya no come cuento

El artista caleño retoma los valores y tradiciones culturales enraizados en nuestra propia cultura y los destripa hasta revelar sus entrañas

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junio 12, 2021
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Adrián Gaitán, una generación que ya no come cuento
Gaitán ha resuelto revelarnos la otra cara o mejor la verdadera cara de los valores cotidianos

Por estos días en los que la realidad tiene tantas versiones, la obra de Adrián Gaitán pone sobre la mesa la dicotomía esencial de los tiempos modernos: apariencias que esconden mentiras. La apariencia bella, fina y tradicionalmente “noble” de la apariencia misma, mirada más de cerca, esconde la dimensión básica, sencilla, muchas veces barata y casi siempre simple de la realidad de las cosas. La dicotomía entre la verdad y la mentira.

Las teclas del piano están formadas por libros de la Historia de la Civilización

 

La Galeria NC en La Macarena en Bogotá, tiene una exposición muy interesante de Adrián Gaitán, un caleño que ha resuelto revelarnos la otra cara de la moneda, la otra cara o mejor la verdadera cara de los valores cotidianos. Retoma los valores y tradiciones culturales enraizados en nuestra propia cultura y los destripa hasta revelar sus entrañas.

El piso de baldosas ancentrales solo es tierra pisada

El suyo es un arte conceptual -ese arte en donde los objetos en un espacio no son objetos sino conceptos- que este artista enfoca a utensilios y objetos cotidianos como un piano viejo, roto y desvencijado cuyas teclas están formadas por libros de la historia de la civilización, un mundo en el que el bacará de una lámpara iluminada resulta ser bolsas de té usadas, en donde los tapices y telas elaborados que forran paredes no son más que lona de costal, en donde un piso que aparenta ser baldosas ancestrales y coronadas con cruces, no son más que tierra pisada y picas, columnas en apariencia de cemento hechas en guacales.  La apariencia y la realidad.

Lámpara hecha con bolsitas de té usadas

Gaitán es en verdad una joven revelación, un artista muy talentoso que propone una maravillosa lectura de la realidad y que se levanta él mismo como un reflejo de su generación, una generación que ya no come cuento y reclama la verdad. Quitemos la pátina de las cosas y veamos las cosas. Una realidad despojada de oropel, de herencias, de tradiciones que confiscaban la elegancia y la belleza en sus decretos.  Devela la autenticidad de las cosas.

El arte siempre ha sido un proceso de rupturas con lo establecido, y esta exposición de Adrián Gaitán es fiel exponente en cualquier parte del mundo del pensamiento de las nuevas generaciones.

 

 

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