Acuerdos sobre lo fundamental

El país no puede continuar en el limbo, viviendo una incertidumbre permanente

Por: Adrián Giraldo Gómez
diciembre 11, 2019
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Acuerdos sobre lo fundamental
Foto: Nelson Cárdenas

Varios días de protestas, de cacerolazos, de saqueos, de vandalismo, de muertes, de heridos, de demostraciones artísticas y culturales, de marchas en su mayoría pacíficas, pero manchadas por una minoría de desadaptados que no pierden la menor oportunidad para generar caos; ese quizás pueda ser el mejor resumen posible para describir estas jornadas que han puesto al país en una especie de caos colectivo, en un estado de zozobra permanente ante el irrespeto sistemáticos de muchos marchantes, que enardecidos por la reivindicación de sus legítimos derechos atentan de manera vil contra los de aquellos que por decisión propia no participan.

El derecho al trabajo, a la libre locomoción y a la paz enmarcada dentro de la seguridad ciudadana; son quizás los más vulnerados dentro de lo que podríamos llamar el desconocimiento mismo, el anarquismo y la supremacía que quieren ejercer algunos en ese afán anacrónico y narcisista de imponer sus ideas aún por el encima de la democracia misma. Por ello, no ha sido raro ver políticos huérfanos de poder alentando el caos, queriendo promover constituyentes con oscuros intereses en pos de figurar de primeros en un partidor presidencial que aún se avizora lejos.

Es cierto que el gobierno del presidente Duque se ha mostrado lento, desconectado por completo con el país profundo, reaccionario y no preventivo en muchos temas que requieren más que manejo político, firmeza y carácter absoluto. De hecho, las encuestas, la última de ellas realizada por Invamer que deja ver apenas un 24% de aprobación y un 70% de desaprobación, es un fiel termómetro de ello. La ciudadanía colombiana es cada vez más crítica y exige a sus gobernantes un verdadero compromiso, lejos de toda falsa promesa electoral. El paro nacional del 21 de noviembre, alentado por un grueso de la masa social y desligado del revanchismo politiquero de algunos, logró reunir cerca tres millones de marchantes en la sumatoria global de todas la ciudades que participaron, gracias al empoderamiento digital en su mayor parte de nuestra juventud. Esa es la muestra más clara e irrefutables de todas de que algo está pasando en el país.

Sin duda es hora del diálogo, de concertar, de llegar a acuerdos sobre lo fundamental. El país no puede continuar en el limbo, viviendo una incertidumbre permanente. Según Fenalco 1,4 billones se han dejado de percibir en el comercio y cerca de 260 mil empleos están en riesgo de perderse, sumado esto al aumento del precio del dólar y a la caída del turismo tanto local como extranjero. Si bien la mesa debe ser ampliada a todos los sectores, fundamental es que se concentre en dar solución a quienes promueven y mantiene el paro. El gobierno Nacional debe entender este momento histórico para avanzar sobre puntos neurálgicos que golpean de años a tras a nuestra sociedad, garantizando a su vez verdaderos procesos que nos permitan superar el deshonroso segundo puesto del país más desigual de Latinoamérica justo después de Haití y el cuarto en todo el mundo, según cifras del Banco Mundial.

Propiciar gratuidad y universalidad de la educación desde el grado cero hasta el nivel universitario a toda la población, combatir la corrupción con mano firme a través de verdaderas políticas orientadas a sancionar de manera eficaz y ejemplar a los amigos de las corruptelas; tendientes a la privación intramural en centro carcelario de la libertad sin beneficio de casa por cárcel o rebaja en la penas, sumado a un decomiso fiscal de sus bienes y la imposibilidad de por vida de volver a contratar con el estado, deben ser  puntos sobre lo prioritario que como nación debemos plantearnos en ese ánimo común de lograr construir una nación justa e igualitaria para todos.

Avanzar sobre la premisa fundamental que el diálogo franco y sincero nos abre un abanico de oportunidades para examinar en primer medida lo que debemos cambiar, es vital para entender que esta nación la construimos entre todos y no simplemente una minoría de persigue únicamente sus propios intereses. De poner los odios y las ideologías políticas en pos del bienestar preciado de la patria nos llevará a entender que dos manos unidas por un mismo objetivo son más fuertes que una y que un corazón sumado al de 50 millones de colombianos nos hará siempre superiores ante las adversidades.

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