Mi abuelo y el plebiscito de 1957

"Esta consulta popular, que avalaba un pacto político para repartir el aparato estatal entre liberales y conservadores, fue un momento histórico"

Por: Fredy Alexánder Chaverra Colorado
agosto 10, 2016
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Mi abuelo y el plebiscito de 1957

Cuando le preguntaba a mi abuelo sobre el plebiscito de 1957 -- una de las elecciones más importantes y concurridas de la historia del país-- se trasportaba a su temprana juventud y no dudaba en calificarlo como un momento histórico. El país acababa de salir de la “dictadura” de Rojas Pinilla y se avocaba a respaldar el pacto entre las élites de los partidos tradicionales. Mi abuelo siempre profeso cierta admiración por Rojas Pinilla, tal vez por eso tenía tan presente la elección que dio de baja definitivamente al general. En 1957 se votaba un plebiscito que parecía más un referendo y que avalaba un Pacto político que repartía todo el aparato estatal entre los dos partidos tradicionales. Votaron por primera vez las mujeres y fue un día tan histórico que la participación real fue del 71%.

En 1957, Colombia tenía 6,4 millones de personas habilitadas para votar (de una población total de 14,6 millones). En el plebiscito votaron 4.603.000 de las cuales 4.400.000 votaron por el SI. Un hito de participación en un país caracterizado por un abstencionismo crónico. Con el plebiscito, nació el Frente Nacional (1958-1974) y se consolidaron las estructuras de poder e insurgencia que agudizaron el conflicto armado en la década de los 80. En la actualidad no hay un consenso académico sobre las consecuencias del Frente Nacional pero si hay un punto de encuentro relativo a la reducción de esa primera Violencia partidista. Ese plebiscito fue tan fundamental que la historia de Colombia en la segunda mitad del siglo XX inició al día siguiente de la elección. Hoy seguimos padeciendo las consecuencias indirectas de la decisión tomada en 1957.

En estos momentos el país se encuentra en un acalorado debate sobre el plebiscito (que también tiene cierto matiz de referendo) para respaldar el Acuerdo Final suscrito en La Habana. Una decisión igual de histórica. Sí, porque los acuerdos tienen un alcance tan profundo que de llegarse a implementar removerían estructuras institucionales, sociales, culturas y agrarias en el país. Algo que no es pequeño. Los cambios serán mayúsculos y el reto de la reconciliación nacional tan complejo que no se diferencia del acordado por las élites liberales y conservadoras en 1957. Por eso hay que participar. Hace años el país no se encontraba hablando de política y cuando la marea baje y todo vuelva a sus justas proporciones, se recordaran estos días como los de mayor polarización en la historia reciente. Sin embargo, me resulta muy preocupante que la polarización este desembocando en abucheos e insultos callejeros, eso en nada contribuye a un debate donde debe primar el respeto y la seriedad.

El plebiscito será clave y las consecuencias a mediano y largo plazo históricas. Por eso tenemos que procurar participar con la debida información. No dejarse llevar por retórica triunfalista sobre la paz o un discurso visceral sobre la impunidad. La desinformación es tremenda y la poca efectividad del gobierno con una campaña amplia de difusión y pedagogía es más que evidente. Asimismo, la complejidad necesaria de los puntos y las 178 páginas (falta ajustar el Punto 3 y concluir el 6) en un país donde pocos leen, hace que la tarea se vuelva mucho más complicada. Pero es un compromiso que debemos asumir con mucha responsabilidad. Con criterio y entereza. Para que el día de las elecciones, sea a favor o en contra, tengamos presente que esa decisión le podría cambiar el rostro al país y las generaciones venideras lo evaluarán como un momento importantísimo en la historia colombiana.

Vuelvo a mi abuelo y sus recuerdos de 1957. Un día donde el país cambió y dejó atrás una Violencia sectaria que destruyó más vidas que la violencia actual. Una elección que fue más una revolución social y electoral. Al preguntarle sobre su participación, si fue a favor o en contra, me decía no recordarlo. Posiblemente ese día se sintió derrotado al ver caer a quien tanto admiraba. Ahora yo me dispongo a respaldar un plebiscito que estoy seguro cambiará el destino de mi país y, a pesar de lo que pueda pasar en un futuro, no me gustaría que la memoria también me traicionará.

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