¿A usted qué le aterra de Colombia?

“El orden de la Universidad de los Andes”

Por:
Noviembre 25, 2013
¿A usted qué le aterra de Colombia?

¿Quién es Kristina Johansen?

Una noruega enamorada de Colombia, que se preocupa por las injusticias pero también admira esa capacidad de insistir en la alegría y luchar por un mejor país que tienen muchos colombianos.

¿Cuándo y por que viniste a Colombia?

Vine por primera vez en enero de 2001 para estudiar antropología en la Universidad de los Andes.

¿Cuáles fueron tus primeras impresiones de Bogotá y lo que viviste en esos primeros meses?

Lo primero que me llamó la atención fue el contraste entre la universidad y el mundo de afuera. En un país golpeado por el conflicto, Los Andes se veía como un mundo perfectamente ordenado, limpio y vigilado, donde no se oía ningún grito de protesta. Me preguntaba cómo era posible que muchos jóvenes, a pesar de su gran formación académica, no parecían interesarse por la realidad del país… O más bien la realidad del «otro país», el de la marginalización y del conflicto. También me llamó la atención que podíamos estar discutiendo textos posmodernos sobre la inexistencia de las categorías sociales y de las fronteras, cuando era clarísimo que no cualquiera podía pasar por la portería de la universidad…

¿Cuéntanos de tu tesis de Antropología, ese tema de las vivencias en estratos altos bogotanos?

La inquietud que sentía en mi primer encuentro con Los Andes, me llevó a escribir una tesis sobre cómo la violencia era percibida por jóvenes de estratos altos en Bogotá, cómo les afectaba en la vida cotidiana y qué tipo de mecanismos utilizaban para protegerse físicamente y mentalmente. Escribí sobre la desconfianza y el miedo, sobre conjuntos cerrados y centros comerciales que parecían fortalezas, sobre precauciones y mecanismos de protección que llevó a la gente a moverse en espacios sumamente limitados dentro de la ciudad y del país. También me interesó el cansancio frente a los noticieros y la necesidad de seguir con las actividades cotidianas como una respuesta frente al terror porque si no, «se acaba el país», como me dijo Alejandro Santos de Semana. Entendí que un sector importante de la sociedad colombiana había sido traumatizada por fenómeno de los secuestros, un tema que yo al principio había subvalorado por preocuparme por otros tipos de violencia. Lo fundamental fue descubrir que en el corazón de esa «burbuja» aparentemente indiferente había mucha rabia e inseguridad, pero también una necesidad de buscar una salida. Para comprender la llegada de Álvaro Uribe a la presidencia había que entender esos sentimientos, los cuales él supo canalizar hacia su proyecto político, la «seguridad democrática».

¿Qué balance haces de tu primera estadía en Colombia?

Bueno, el balance que hice en mi tesis fue un poco pesimista. Me preguntaba si los colombianos, en lugar de dejarse guiar por la lógica del miedo y la violencia, serían capaces de construir una sociedad más pacífica e incluyente, y tenía mis dudas… No sólo porque tanto el gobierno como la guerrilla le apostaba a un triunfo militar, sino porque reinaba la desconfianza y pocos colombianos parecían creer en una solución política y social del conflicto.

¿Por qué volver a Colombia?

Volví a Colombia porque quería aportar algo concreto frente al conflicto.

¿Cómo fue la experiencia como Brigadista de Paz, que recuerdas de ella?

Mi año y medio con Brigadas Internacionales de Paz, una ONG que se dedica a la observación y acompañamiento de defensores de derechos humanos perseguidos, fue una gran escuela para mí. Primero que todo fue una oportunidad para recorrer unos paisajes dolorosamente hermosos de Colombia que difícilmente hubiera podido conocer de otra forma. Pero más allá de eso, la experiencia me enseñó mucho sobre la realidad política – en un sentido amplio – del país y sobre cómo la política se entremezclaba con múltiples expresiones de violencia y poder. Me acercó a las injusticias y abusos que se cometían en Colombia, pero también me permitió conocer unas personas que se atrevían a luchar por sus derechos – y los derechos de los demás – en un clima bastante agresivo. Fue interesante acompañar a defensores de derechos humanos que jugaron un papel importante en la denuncia de los escándalos de la parapolítica, de los «falsos positivos» y de la persecución del DAS. De esta manera conocí de cerca la otra cara de la política de «seguridad democrática»… Y me quedó claro que si bien la actuación de la guerrilla ha generado mucha inseguridad, por no decir terror, en Colombia, se puede decir lo mismo de los otros actores del conflicto también.

cristina

¿Por qué estudiaste periodismo en Colombia?

Cuando tuve la idea de escribir un libro, quería aprender más sobre el arte de contar historias y de repente me topé con la especialización en periodismo de Los Andes, que pone énfasis en un periodismo de calidad y comprometido con el país. Durante el año que estudié ahí aprendí mucho sobre el periodismo investigativo y narrativo, lo cual me ha servido en el trabajo con el libro.

¿Qué opinas de la prensa y los medios de Comunicación en Colombia?

Hay unos medios superficiales y sesgados que sirven a intereses mezquinos. Pero hay otros medios independientes, con periodistas muy calificados y valientes, que en mi modo de ver están haciendo un aporte importante a la búsqueda de la verdad y a la construcción de la paz en Colombia, a pesar de las amenazas que esto puede conllevar para ellos. Me he inspirado y he aprendido mucho de ellos. Creo que ha habido un cambio positivo durante los últimos años en relación con el reconocimiento de las víctimas del conflicto, de sus voces y vivencias, aunque creo que todavía hay una deuda con sectores excluidos y estigmatizados de la sociedad, los cuales merecen tener un espacio si Colombia quiere convertirse en un país más incluyente, justo y democrático. Ojalá que el segundo acuerdo entre el Gobierno y las FARC sobre participación, y el futuro acuerdo sobre las víctimas, puedan dar lugar a un cambio en ese sentido.

¿Cuéntanos del libro que acabas de publicar sobre Colombia, en Noruego?

El viernes fue el lanzamiento de mi libro Frykten har et ansikt – Rapport fra Colombia (El miedo tiene un rosto – reportando desde Colombia). El libro cuenta la historia de mis recorridos por el país y es un esfuerzo por mostrar el rostro humano del conflicto colombiano. Se basa en una gran cantidad de encuentros y conversaciones con colombianos de diferentes regiones y lugares, principalmente víctimas de secuestros, desplazamientos, ‘chuzadas’ y ‘falsos positivos’. Es un esfuerzo por analizar qué pasó durante los ocho años de gobierno de Álvaro Uribe y luego traducir esa realidad «al noruego», es decir, hacerlo comprensible para los noruegos. Lo cual, por supuesto, no ha sido tarea fácil! Tampoco es fácil resumir en pocas palabras lo que escribo en el libro, pero puedo comentar por qué le puse el título… Después de algunos años en Colombia, he llegado a la conclusión de que el conflicto no se puede entender solamente mirando razones y intereses, sino que ciertos sentimientos fuertes, como el miedo y la desconfianza, a la vez son el resultado y el combustible del conflicto. Uribe manipuló estos sentimientos con el fin de plantear unas soluciones fáciles – principalmente la salida militar del conflicto – basado en una visión en blanco y negro de la realidad, según la cual por un lado hay unos buenos que se dedican a recuperar la seguridad y por otro lado hay unos malos que generan terror. Pero la realidad es más compleja y requiere de soluciones más complejas también.

¿Qué piensas del actual proceso de Paz entre Gobierno y FARC?

Tengo esperanzas de que el proceso pueda tener éxito, aunque sé que las partes y el país en su conjunto se enfrenta con una serie de dificultades. Los acuerdos sobre el tema rural y el tema de la participación política de la oposición y las organizaciones sociales representan un paso hacia adelante en reconocer las causas estructurales del conflicto y generar las condiciones para una Colombia más equitativa y democrática. Falta ver si se logra implementar… Aparte de estos puntos, que son fundamentales, el principal reto, en mi modo de ver, está relacionado con la recuperación de la memoria histórica y la búsqueda de la verdad. Ahí todas las partes del conflicto tienen una enorme responsabilidad y tienen que ser capaces de mirar a sus víctimas a los ojos. Como dice Gonzalo Sánchez del Centro Nacional de Memoria Histórica: «Colombia apenas comienza a esclarecer las dimensiones de su propia tragedia». Ese proceso obviamente tiene que ser acompañado de una justicia transicional y una reparación verdadera de las víctimas. Todavía está por verse hasta dónde está dispuesto a ir el Gobierno y hasta dónde está dispuesta a ir la guerrilla a la hora de contar la verdad, para así poder reconstruir la confianza en la población. Un problema adicional son los sectores poderosos en Colombia que se están oponiendo al proceso de paz. Pareciera que no están  dispuestos ni a aceptar que el conflicto tiene unas causas sociales, ni a contribuir a un proceso de esclarecimiento de la verdad.

Un mensaje para Colombia…

Sé que el miedo muchas veces genera desconfianza, aislamiento, indiferencia frente al dolor del otro y una sensación de impotencia, pero ojala también pudiera dar lugar a una identificación con el otro, independientemente de las diferencias sociales y políticas que existan, por que al fin de cuentas, quién no quiere vivir en un país en paz y sin miedo?

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