A propósito de la elección del decano de Derecho en la U. Nacional

Una estudiante señala que dicha elección "no resultará en mucho más que la perpetuación del dolor de una facultad que hoy tiene grietas”

Por: Yenifer Yiseth Suárez Díaz
mayo 05, 2016
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A propósito de la elección del decano de Derecho en la U. Nacional
Foto: panoramio.com

El 11 de abril llegó al correo institucional la acreditación de los candidatos a decano de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional, donde, por supuesto, se encuentra el actual decano. Porque las prácticas de reelección, al parecer, no son solo presidenciales.

Ahora, soy estudiante del Doctorado en Derecho, terminé mi pregrado y mi maestría en la Universidad Nacional y si hay algo que nos pasa a todos los que tenemos la fortuna de ingresar a la Universidad es que nos enamoramos desde el primer día que entramos allí. Sin embargo, como en el amor, el encanto se va perdiendo y con el paso del tiempo, las malas prácticas burocráticas, la arbitrariedad secretarial y la falta de apoyo a los estudiantes hacen que uno termine por sentir lo que nosotros llamamos “dolor de Facultad”.

Ingresé en 2014 al Doctorado, siendo parte del programa de becas otorgadas por Colciencias, que exigen exclusividad a cambio de recibir un salario por estudiar: la vida ideal. Dentro de las obligaciones de los estudiantes se encuentra la realización de una pasantía internacional con un apoyo económico para la compra de los tiquetes.

Fui admitida en el Instituto de Criminología William Pompe de la Universidad de Utrecht (Holanda) para la realización de tal estancia de investigación. Con el sueño de conocer Europa y la emoción de haber sido admitida en el Instituto que hasta ahora había visto solo en los libros, inicié los trámites administrativos para viajar, dentro de los cuales solicité apoyo financiero a la Facultad, porque la matrícula es de 2.000 Euros por la estancia, se debe cubrir el seguro médico y la manutención.

¿Por qué no hacerlo? Al final la Facultad destina dinero cada semestre para los estudiantes de pregrado y los concursos internacionales. Incluso en la anterior administración accedí a ello siendo estudiante de pregrado. Además, se destina dinero para los docentes y sus estancias de investigación (claro los profesores de planta, los que como alguna vez un profesor nos diría están al otro lado porque tienen el número de teléfono del rector) y claro como en cualquier entidad de la administración pública de nuestro país también se pierde dinero en Tablet, contrataciones y hasta representaciones estudiantiles.

Sin embargo, la indiferencia y los argumentos un poco absurdos han sido la respuesta, que como somos becarios no necesitamos el dinero. Claro, hoy recibimos no más de 800 Euros y pagamos de arriendo al menos 500, y digo pagamos porque aunque el doctorado tiene la pretensión de internacionalizarse, desde el 2009 que fue creado el programa a la fecha, sólo dos estudiantes decidimos de salir del campus. Que si dieran plata a estudiantes de doctorado sería a los no becarios, porque como en las lógicas del país del sagrado corazón hay que premiar al que no es becado, a mis compañeros que no cumplen con la exclusividad exigida por la norma, a quienes hoy pueden trabajar en dos o tres lugares, porque nosotros estamos impedidos, a quienes además pueden acceder al sistema financiero, porque yo meses antes de viajar busqué acceder a cualquier crédito, pero finalmente nosotros no somos empleados, no somos independientes, sino becarios que no tienen derecho ni a un préstamo.

Hoy, los estudiantes de doctorado nos quejamos no sólo de la falta de apoyo financiero de la Facultad sino de la baja calidad académica del programa, la carencia de tutores, directores de tesis, clases organizadas y a pesar de las diferentes reclamaciones la Facultad, ésta mantiene su burocracia, eso sin hablar del pregrado porque bajo la actual administración casi resulta imposible su acreditación y no por los estudiantes, porque al final son los estudiantes quienes con su carácter y ánimo por estudiar sostienen la facultad, incluso arquitectónicamente.

Tristemente, en poco serán las elecciones de decanos y hay tres candidatos: el actual decano, que será reelegido de acuerdo a los chismes de pasillo, candidato-decano --que como se ha dicho no ha hecho su mejor labor ni académica ni administrativamente y basta con ver su hoja de vida, al lado de candidatos (en otras facultades) con ardua preparación--; el otro candidato, un docente de derecho que ha recibido como calificación de los estudiantes un desempeño significativamente inferior y eso es más que entendible porque hoy puedo afirmar que derecho económico fue por mucho la clase en la que menos aprendí durante el pregrado y que si fuera elegido, confiaría que en que de pronto sea mejor administrador que profesor y finalmente un profesor de Ciencia Política del que no puedo opinar más allá de las conferencias a las que he ido.

Así, la Facultad de Derecho, que debería ser el orgullo de país, hoy tiene grietas y no sólo en el techo, sus fallas no son sólo por los típicos problemas de financiación de las Universidades Públicas, sino porque se mantiene la lógica del país del sagrado corazón.

Y la elección de decano no resultará en mucho más que la perpetuación del “dolor de facultad”, porque mientras los estudiantes de la Facultad sigan siendo ignorados por docentes y administrativos frente a las graves realidades que se presentan al interior --falta de investigación académica, acoso sexual a las estudiantes, docentes de mala calidad, ausencia de apoyos a la internacionalización, mala atención en las dependencias y la interminable lista de problemas que son el pan de cada día-- la Facultad continuará decayendo y la calidad de abogados, politólogos, másteres y doctores de la Universidad Nacional se verá reflejada en que serán estos quienes ocupen los cargos en la Administración Pública en la Nación manifestando las malas enseñanzas de una Facultad en decadencia.

@Yenifer0821

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