Texto escrito por: Sebastian Domínguez Barón
Faltan pocos días para que las urnas se abran y se decida quién dirigirá el rumbo del país los próximos cuatro años. Lo cierto es que Colombia atraviesa por un periodo electoral sumamente convulso, entre actitudes tiránicas en medio de debates y un perpetuo y alarmante panorama de polarización política, Colombia se ha tenido que enfrentar durante esta contienda, a un clima político internacional sumamente inestable y peligroso para el país mismo.
Ahora, salen a la luz una gran cantidad de audios publicados por Canal Red, en una investigación llamada “Honduras Gate” que revela una red de corrupción internacional que busca someter al país centroamericano a la injerencia de Estados Unidos e Israel, haciéndose de la isla de Roatán para construir bases militares estadounidenses que reafirmen el control de estas potencias sobre la región.
Y además, se revelaría la financiación del presidente argentino, Javier Milei, para una campaña de desprestigio impulsada por todos los jefes mencionados, en contra de los gobiernos progresistas en Latinoamérica, refiriéndose puntualmente a Sheinbaum en México y Gustavo Petro en Colombia. Los audios revelan un plan para crear una célula informativa que se encargue de acabar con la credibilidad de los mandatarios.
Lo que ha llamado la atención del caso es el indulto que se le otorgó al expresidente hondureño, Juan Orlando Hernández, en noviembre de 2025, quien fue condenado por narcotráfico en Estados Unidos tan solo unos días después de dejar el cargo en 2022. Esta medida fue tomada por el presidente Trump bajo el pretexto de que la captura se dio por una persecución durante el gobierno de Biden.
Sin embargo, viendo el panorama más abierto, recordaremos la captura de Nicolás Maduro en enero de este año, que luego se reconoció como ilegítima por invalidez en los cargos imputados. Es entonces que la justicia que vociferan se traduce como un juego de estrategia para seguir ejerciendo presión política y social sobre la región. Reforzado por evidencia en los audios que implica un soborno del estado de Israel en cabeza de Benjamín Netanyahu, para llevar a cabo la liberación de Hernández.
Durante la captura del mandatario venezolano en enero de este año, saltaron las alarmas en toda Latinoamérica por el precedente que implicaba una acción militar de este tipo por parte de una potencia como Estados Unidos. La exministra de ambiente Susana Muhammad se pronunció contra la intervención gringa y advirtió a los dirigentes de derecha en Colombia sobre la verdadera connotación de este episodio.
“Nosotros para ellos no somos válidos, para ellos solo somos recursos”. Fueron las palabras con las que la exministra manifestó la indignación de lo sucedido. Este mensaje envejeció con una pertinencia casi premonitoria, pues a pocas semanas de la primera vuelta, resulta preocupante los paralelismos hallados entre estos mensajes publicados y las campañas que algunos candidatos están propagando.
Escuchar al actual presidente de Honduras, Nasry Asfura, hablar con su antecesor sobre “destripar la izquierda en Latinoamérica” es una declaración preocupantemente violenta que recuerda a discursos totalitarios como el de Abelardo de la Espriella, que parece resonar cada vez más con un sector considerable de la población. Algo similar ocurre al ver a un presidente siendo manejado por una figura detrás del telón, que remite directamente a las formas que Paloma Valencia ha usado en campaña, anteponiendo el nombre del expresidente Álvaro Uribe, autodenominándose su hija y sucesora.
La nula visibilidad que un escándalo de este nivel está recibiendo por los medios de comunicación tradicionales no es inocente. Con todas las implicaciones que representa para el país, parece estar encaminada a contener un cuestionamiento muy incómodo para las clases dominantes: ¿La soberanía de Colombia está en riesgo?
Colombia llega a estas elecciones con algo más en juego que la alternancia de gobierno, se está jugando la soberanía del territorio y sus recursos. Ya el imperialismo estadounidense ha demostrado varias veces que solo les interesa una derecha servil que les deje disponer de nuestros bienes. Conocemos cómo operan estas influencias en estas esferas del poder y también las posiciones que candidatos de la ultraderecha tienen, abiertamente, respecto a las relaciones con Estados Unidos e Israel.
El escándalo de Honduras Gate refleja un panorama desolador a nivel mundial, pero que debe servir de referente para hacer frente a quienes quieren cederle el terreno a los candidatos y agendas que verán nuestra nación como un simple negocio. El voto, en este contexto, se vuelve un acto de resistencia frente al imperialismo, el sionismo y el narcoterrorismo.
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