Una de las grandes propuestas de la administración Trump se trata de la lucha contra las drogas dentro de Estados Unidos, una muestra de esto son los despliegues poderosos de fuerzas militares en el Caribe y lanza misiles contra barcazas que supuestamente llevan drogas, y declara que lo hace para evitar miles de muertes por drogas en Estados Unidos.
En septiembre del año pasado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tomó la polémica decisión de incluir a Colombia en la lista de países que no cooperan en la lucha contra las drogas, algo que no ocurría desde hace casi 30 años, marcando así un punto de quiebre en la histórica relación bilateral y evidenciando el creciente deterioro en la cooperación antidrogas.
El gobierno estadounidense justificó la decisión argumentando que Colombia no estaba cumpliendo con sus obligaciones internacionales en la lucha contra el narcotráfico, advirtiendo además que esta clasificación podría acarrear consecuencias como recortes en la ayuda económica destinada a la región, lo que encendió las alarmas sobre el futuro de la cooperación entre ambos países.
Desde Colombia, el presidente Gustavo Petro lamentó la decisión y criticó que se ignoraran décadas de esfuerzos en la lucha contra las drogas, señalando que esta política pasa por alto el alto costo humano que ha pagado el país, incluyendo años de violencia, sacrificios de las fuerzas de seguridad y miles de víctimas civiles en el marco de una guerra prolongada contra el narcotráfico.
En este contexto, varios expertos han cuestionado la coherencia de la estrategia estadounidense, y el jurista Rodrigo Uprimny ha señalado las contradicciones de la llamada “guerra contra las drogas”, especialmente en relación con acciones militares en el Caribe contra embarcaciones sospechosas, las cuales, según estos análisis, no responden a la realidad actual del narcotráfico.
Uno de los principales argumentos es que la crisis de consumo de drogas en Estados Unidos está hoy fuertemente asociada al fentanilo, una sustancia que no proviene de Colombia ni se transporta en lanchas por el Caribe, mientras que las rutas del narcotráfico son mucho más complejas y diversificadas.
A esto se suma el desconocimiento de la dinámica real de los mercados ilícitos, pues incluso si se asumiera que algunas de estas embarcaciones transportan cocaína, algo que no siempre ha sido probado, difícilmente tendría un impacto significativo en el flujo de drogas hacia Estados Unidos, ya que una gran parte del tráfico se realiza por rutas del océano Pacífico o mediante redes logísticas más sofisticadas.
En este sentido, la estrategia impulsada por Trump, podría ser criticada por centrarse en acciones de impacto mediático, pero con limitada efectividad real, frente a un fenómeno global complejo, reflejando más bien, tensiones políticas.
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