A Adriana Lucía y a Peter Manjarrés les digo: ¡qué viva la tierra paramilitar!

"La verdad es que fue el dinero mal habido el que en parte salvó de la quiebra a la industria vallenata"

Por: María Castellanos
diciembre 12, 2019
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A Adriana Lucía y a Peter Manjarrés les digo: ¡qué viva la tierra paramilitar!
Foto: Twitter @adrianalucia / @petermanjarres

En Colombia abundan tanto verdades incómodas como ignorancia. Y el colombiano en vez de empatizar, aprender y transformar su realidad, se tapa los oídos y grita duro: ¡no es cierto!, ¡a mí no me toca!, ¡conmigo no es! Un ejemplo claro es el escándalo y el repudio que generó una reciente declaración de Gustavo Petro sobre la relación entre el traqueto y el vallenato.

Adriana Lucia y Peter Manjarrés haciendo gala de una ignorancia total sobre el género que interpretan dijeron que no es así porque ellos son gente decente. Y puede que lo sean, pero ambos son una simple excepción a la regla. No hay necesidad de dar cátedra sobre el auge del paramilitarismo en la costa, tampoco hay que explicar qué fue la bonanza marimbera y las consecuencias económicas nefastas que le dejó al vallenato la piratería. Ni mucho menos hay que ir que ir a la fiscalía o a La Guajira a corroborar con entes autorizados o con la población nativa que las palabras de Petro son ciertas, pues podemos hallar una clave camuflada en las propias composiciones.

¿Alguna vez escuchó ese popular dicho "saluda más que las diosas del vallenato"? ¿Alguna vez notó que esa saludadera es un rasgo característico en el Vallenato? ¿Alguna vez quiso saber quienes eran esos personajes? Hace años escuché el dicho y después de desencajarme de risa decidí averiguar qué era tanto saludo y ya no hubo motivos para reírse. La figura del saludo no es nueva, el cantor la usaba para halagar o molestar al amigo, al colega o al familiar.

No solo fueron don Pedro Muriel, Kelly Johanna y el brujo de la consola quienes recibieron semejante privilegio. Marimberos, narcos, estafadores, políticos corruptos, asesinos y líderes de grupos armados ilegales pagaban con lo que pudieran para ser saludados por el intérprete vallenato. Camiones repletos de whisky, ganado, fincas, tierras, dinero y bolsas de coca se entregaban. Lo que fuera solo por escuchar a ese cantor mencionando su nombre en ese ritmo que fue declarado patrimonio inmaterial de la humanidad por su sublimidad.

La tapa: dentro de los indignados está ese muchacho promesa del acordeón Juancho de la Espriella. Parece que no recuerda que en La Pinta Chévere (2003), Silvestre Dangond le envió un saludito a nadie más que a Marcos de Jesús Figueroa, alias Marquitos.

Muchos dicen que no sabían a quien saludaban, otros se dejaron enceguecer por el dinero, otros tenían afinidades políticas con los mercenarios del narcotraficante. "¡Qué viva la tierra paramilitar!", gritó Poncho Zuleta en una parranda vallenata. La verdad es que son muchos más quienes pecaron que los que tienen limpio el historial y a la final fue el dinero mal habido del saludo el que en parte salvó de la quiebra a la industria vallenata.

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