A 72 años del bipartidismo en Colombia

"Dos siglos de enfrentamiento entre el mismo pueblo y no hemos aprendido nada"

Por: Alvaro de Jesús Forero Salazar
diciembre 15, 2020
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A 72 años del bipartidismo en Colombia

Godos y cachiporros, petroñeros y uribestias... la misma perra con distinta guasca, diría un tío mío.

El Partido Conservador es fundado formalmente el 5 de octubre de 1849 por Mariano Ospina Rodríguez y José Eusebio Caro, con el fin de preservar las costumbres, al menos, esa era su filosofía. Sin embargo, el asomo del conservatismo inicia en el General Santander y los casi cinco gobiernos de Tomás Cipriano de Mosquera, en tiempos del Gran Cauca.

A los conservadores se les conoce como godos, término que se acuñó desde la época de la independencia con la que denominaban a los españoles, aunque la palabra es de origen escandinavo; además de un partido confesional en connubio con la iglesia.

El Partido Liberal es fundado el 16 de julio de 1848 por Ezequiel Rojas, con el fin de prosperar los derechos del pueblo y las minorías, más conocidos como el partido del pueblo cuya filosofía promulgaba una socialdemocracia.

A los liberales se les conoció en tiempos de la violencia política, como los cachiporros, término acuñado para referirse al diablo “cachos”, ya que eran considerados ateos, y que no iban a misa.

Fundada la república, la guerra política en Colombia no ha tenido fin desde las campañas libertadoras, siempre ha sido el tema político motivo de sectarismos, polarización y división entre el mismo pueblo, atizada por caudillismos justificados desde que los Mosquera y sus amigos se vinieron de Francia, para dar paso a la toma de los poderes públicos (burocracia) y repartirse los cargos (1845-1864).

Pero el conflicto político se agudiza durante los años conocidos como la Violencia, que oscilan entre 1925 y 1958.

Sin embargo, el mayor recrudecimiento de la violencia se manifestó entre los años de 1946 a 1950 durante el gobierno godo de Mariano Ospina Pérez, y alcanza una curva ascendente durante el corto periodo de Laureano Gómez entre 1950 y 1951, con su política conocida como “la acción intrépida” que consistía en asesinar el Partido Liberal para tomarse el poder a sangre y fuego.

Luego del fallido mandato del Elefante Samper y el proceso 8.000 jalonado por Andrés Pastrana con los famosos casetes, el Partido Liberal que venía disputándose el poder, queda relegado a una lánguida expresión herido de muerte.

Con Andrés Pastrana queda en evidencia la debilidad de su gobierno frente al reto de la paz y con esto proporciona una dura estocada a su partido al punto de replegarse en el clientelismo perdiendo todo liderazgo.

Surge entonces la era Uribe-Santos, que desde la disidencia alcanza la presidencia en primera vuelta en el 2002, gracias, a la plataforma que le proporciona el gobierno anterior y la situación de inseguridad con la que entrega Pastrana, un país secuestrado, asesinado y extorsionado.

Santos astutamente funda el Partido de la U (Uribe) que luego convenientemente convierte en U (Unidad), donde encontraron sombra clientelistas y camaleones de los dos partidos en decadencia y bajo las alas de la U, los antiguos enemigos políticos sin líderes que les recordaran sus orígenes, pudieron repartirse la conocida mermelada durante el segundo mandato de Uribe y los dos de Santos.

Hoy las cosas no han cambiado, el nuevo gobierno alternativo que había prometido renovarse, solo pone a marchar el viejo clientelismo y la repartición burocrática del estado.

Pero el pueblo continúa igual que cuando se demarcaban como godos y cachiporros, ahora petroñeros y uribestias, enfrentado, polarizado y sectario, en dos bandos donde seguro para las elecciones 2022 tomará mayor auge, pues, los uribestias constituirán una sola fuerza como en el 2018, con el fin de cerrarle el paso a los petroñeros, que vendrán posiblemente unidos a la primera vuelta buscando las mayorías absolutas que les ampare la presidencia.

Dos siglos de enfrentamiento entre el mismo pueblo, una guerra sin fin en los últimos 72 años, y no hemos aprendido nada. El caudillismo sigue moviendo masas, en un 40% repartido entre la población votante, frente a un 60% de abstención, intentando captar la atención de los que puedan, con dádivas y mentiras.

A la orden del día, las fake news y las posverdades servidas a la mesa de un pueblo que ve la política con las mismas emociones y sentimientos de los equipos de futbol.

¿Qué nos queda?...

Una pequeña franja dedicada al análisis y los perfiles, la franja del pensamiento desapasionado, pero minúscula para imprimir algún otro rumbo.

Entre tanto, la fiesta continuará, los petroñeros y los uribestias enfrentados en virales guachafitas interminables en la nueva plataforma de contienda, donde las ideas no importan, sino la capacidad de mayor beligerancia. Afortunadamente las redes sociales y no campos de batalla a bala, puño, pata y machete.

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