Bajo la fachada de "salvador", EE. UU. justifica masacres y golpes de Estado para asegurar el petróleo ajeno. Un análisis sobre el castigo que nunca llega

 - La sed de petróleo de Estados Unidos lo ha llevado a burlar cualquier ley y arrasar con todo a su paso

Llámese inmigrantes, comunismo, tráfico de drogas, terrorismo internacional o cualquier problemática que ponga en riesgo la hegemonía, son causas probables lo suficientemente fuertes como para llevar a Estados Unidos a romper el derecho internacional y justificar el intervencionismo.

Desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial, como ganador, el gobierno estadounidense ha proliferado globalmente la narrativa en la que es el salvador y aliado perfecto, el país más indicado para colaborar a nivel internacional. Bajo estas lógicas logran hacer prevalecer sus intereses en la geopolítica; sin embargo, ¿qué pasa cuando un país se niega a cooperar?

Dentro de sus políticas internacionales, Medio Oriente juega un papel clave debido a su interés por el petróleo extranjero. Extraer crudo de su propio país supondría costos más elevados; por esta razón prefieren comprarlo a bajo costo en otros países, procesarlo y finalmente vender más caro el producto final, al punto de que sus refinerías están hechas para soportar el crudo “pesado” de otros países, no el “ligero” de su propio territorio.

Por otro lado, según la investigación de Daniela Leticia Mondragón Pineda en su tesis sobre el sector petrolero y la influencia europea durante la Primavera Árabe, Medio Oriente cuenta con un campo petrolero que, según dice, “va desde los 900 kilómetros de largo hasta los 500 metros de ancho”, lo que les permite tener en su poder más del 55 % del petróleo y el 66 % de las reservas mundiales. Países con estas características no podían pasar por alto para Estados Unidos; el intervencionismo no se hizo esperar.

En el caso de Irán, se han visto intentos desde 1951 con la Operación Ajax, cuando Mohammad Mossadegh, primer ministro de Irán, tuvo intenciones de nacionalizar las empresas británicas en suelo iraní y los servicios de inteligencia británicos y la Agencia Central de Inteligencia organizaron un operativo para derrotar al primer ministro y posicionar a Mohammad Reza Shah, un líder autoritario a las órdenes de Estados Unidos.

Posteriormente, otros intentos de tomar Medio Oriente no faltaron, como sus relaciones crecientes con Israel desde la década del 50, que se convierte en su aliado y potencia militar en la región, garantizándole así formas de poder atacar a sus enemigos sin necesidad de tener presencia directa en la región. Sobre esto, el autor americano Stephen Kinzer afirma:

“El mundo ha pagado un alto precio por la falta de democracia en la mayor parte de Oriente Medio. La Operación Ajax enseñó a los tiranos y aspirantes a tiranos de la región que los gobiernos más poderosos del mundo estaban dispuestos a tolerar una opresión ilimitada siempre y cuando los regímenes opresivos fueran amigos de Occidente y de las compañías petroleras occidentales”.

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Así también surgieron otras formas de intervencionismo, como la participación de Estados Unidos en los enfrentamientos entre Irak y Líbano y los miles de millones de dólares gastados en armas para financiar el armamento militar de sus países aliados, sin nadie que intervenga. El último ataque de EE. UU.-Israel a Irán es un ejemplo del ciclo de violencia perpetuado por el país norteamericano.

Estados Unidos, casualmente inhumano y desgarrador en nombre de conservar y erradicar el “mal”, tal vez confirma lo que decía el escritor ruso Dostoyevski en su obra Crimen y castigo:

“Parece que las personas se dividen en ordinarias y extraordinarias. Las primeras, precisamente por su condición de personas ordinarias, han de ser obedientes y dóciles y no tienen derecho a infringir las leyes. En cambio, los hombres extraordinarios tienen derecho a realizar cualquier crimen e infringir las leyes como les plazca por el mero hecho de ser extraordinarios”.

El protagonista de esta novela, Raskólnikov, defiende a los hombres extraordinarios como seres revolucionarios que vienen a cambiar el rumbo del presente, personas que se atreven a pensar más allá y tienen todo permitido. Sin embargo, encuentro la contraparte aún más interesante cuando lo señalan de que estos hombres generan un derramamiento de sangre del que la mente se distrae por el fanatismo.

Estados Unidos comete masacres en un supuesto beneficio colectivo. La diferencia es que aquí el castigo y la culpa nunca llegan para el gobierno estadounidense. De pronto, el protagonista de la obra nunca fue un hombre extraordinario, a diferencia de Estados Unidos, que se levanta con su mejor traje ante el mundo, sonríe a las cámaras y es el centro de la habitación.

Mientras que en sus armarios guardan una pila de cadáveres sin remordimiento alguno, eso es lo que diferencia a cualquier país subordinado a la hegemonía de la superpotencia que controla la hegemonía global.

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