El fantasma del vandalismo acecha las presidenciales mientras los ciudadanos claman por seguridad frente a la anarquía electoral que respira en estos tiempos

 - Colombia busca presidente entre parrandas carcelarias, supuestas chuzadas y amenazas de la primera línea

Por estos días la política se respira a flor de piel, aunque muchos no quieran aspirar ese aire putrefacto, sabiendo de antemano que a Petro se le acaba la Presidencia y se debe escoger a su reemplazante. Así que resulta normal que tanto los adeptos de la izquierda como los de la derecha, empleando sus bodegas digitales, se ataquen mutuamente y traten de persuadir al incauto, ese que no sabe por quién votar y teme meter la pata en el pleno acto del sufragio.

Por eso a través de varios portales –algunos conocidos, otros desconocidos– sale a relucir una parranda vallenata en una cárcel, en donde supuestamente todos los privados de la libertad los cobija la misma ley: cero privilegios dentro cualquier centro penitenciario. Igualmente, se conoce la supuesta interceptación que casualmente se le hace a un candidato, cuando este establece el negocio de pasaportes con una empresa privada apenas se haga presidente.

Y puede que haya más cosas para mencionar en esa pelea por el cargo más importante al que se puede aspirar en lo público, pero creo que es preocupante que la primera línea amenace con paralizar el país, alegando sí o sí la victoria anticipada de unos de los candidatos presidenciales. Es que los daños a la infraestructura del MIO en la ciudad de Cali dejan mucho para pensar, precisamente por el modus operandi: una simple protesta estudiantil.

Sea cual sea el resultado de las campañas presidenciales, ninguna ciudad colombiana puede volver a consentir un paro como el que se vivió, en donde se dañó el patrimonio de muchos ciudadanos que hoy están pagando las deudas que les dejó semejante pillaje. Tampoco la sociedad puede permitir que se esté patrocinando este proceder destructivo, anarquista, como se patrocinó la parranda vallenata antes mencionada.

El imperio de la ley debe ser el principio de la convivencia ciudadana. En este orden de ideas, se hace necesario que se rechace toda amenaza que atente contra el bienestar de la movilidad y el trabajo de las personas, puesto que la anarquía, el vandalismo y la delincuencia organizada nada tienen que ver con el derecho que tienen los nacidos en este país para hacer valer su voluntad por medio del voto.

Este debería ser el principio que se debería manejar o defender, sin importar de qué ideología o candidato venga su primordial reconocimiento. La fuerza pública ya sabe en donde se esconde la amenaza, pero no procede porque la negligencia no la deja trabajar. Esperemos que el reemplazante de Petro, independientemente del apellido o estandarte político, nos regale a los colombianos la tranquilidad de la seguridad, la seguridad que cada día es violentada bajo la consigna del respeto a la protesta.

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