Mientras EE. UU. lidia con los archivos censurados de Trump, en Colombia resurgen pruebas del nexo entre Andrés Pastrana y el círculo de Jeffrey Epstein

 - Entre páginas tachadas y silencios cómplices el caso Epstein se volvió una cortina de humo

El Caso Epstein es quizá, el peor fantasma que acecha la posición de Donald Trump desde que volvió al poder en noviembre de 2024. Sus vínculos cercanos con el criminal sexual, han puesto sobre una delgada línea, la credibilidad del presidente estadounidense, ya muy socavada, ante los ojos de opositores, conspiranoicos e incluso gente de su mismo partido, convirtiéndose en el tema de conversación central de periódicos, no solo nacionales, sino de todo el mundo.

El Departamento de Justicia de Estados Unidos, bajo la dirección del presidente, fue obligado a publicar los archivos tras la aprobación de la Ley de Transparencia, sin embargo, la exclusión de un mecanismo de ejecución en la ley dejó al Congreso sin mecanismos suficientes para forzar la liberación completa del caso.

Esto ocasionó que en diciembre de 2025, fueran publicados más de 3.5 millones de documentos con información brutalmente censurada, estamos hablando de millones de páginas en las que información relevante está completamente oculta, sin mencionar los más de 2.5 millones de archivos que habían dejado por fuera. Esta infame maniobra terminaría por escalar las tensiones entre los legisladores bipartidistas y reafirma las sospechas de que el gobierno estaría intentando encubrir al presidente.

Es interesante cómo a pesar de que no hay mucha claridad respecto a la incidencia de Trump en el caso, la prensa estadounidense ha sido muy puntual en cuestionar al presidente y sus nexos, y además que durante estas fechas, medios de comunicación como el New York Times, dedicaba artículos completos analizando los archivos liberados y ocupando primeras planas del día.

Mientras tanto en Colombia, la agenda de los medios parece no tener mucho interés en investigar la relación del exmandatario con el caso, especialmente sus conexiones con Ghislaine Maxwell, quien fue esposa de Jeffrey Epstein, que actualmente cumple una condena por tráfico sexual de menores, y con quien se evidencia una relación cercana y sostenida durante años.

Los archivos revelaron que varios encuentros y correos enviados fueron durante la presidencia de Andrés Pastrana y su posterior periodo como embajador de Colombia en Estados Unidos; además, se registra su presencia en aviones privados de Epstein, y lo más grave de todo es que se relata cómo Maxwell, con un uniforme de las Fuerzas Aéreas Colombianas, se sube en un helicóptero del Estado a disparar supuestos campamentos paramilitares. Es consternante que una gringa haya tomado armas para disparar a personas en nuestro país, como si se tratara de un pasatiempo, y que esto haya sido avalado por el presidente en turno es una violación en contra de la soberanía y la democracia del país. También genera muchas preguntas respecto al Plan Colombia, en el que, según declaraciones del mismo Pastrana, fueron en el marco en que estas visitas se dieron.

Es imposible no cuestionar el silencio tan negligente con el que los medios en Colombia están manejando esta información. Reducir estos episodios tan dolorosos para la memoria del país a simples anécdotas es una decisión política y cómplice.

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Estados Unidos es un país cuya historia está marcada por una tendencia clara a desatar guerras en otros países en momentos de crisis interna. Si bien las guerras son fenómenos muy complejos, en los que interceden diversos factores económicos e ideológicos, señalar el actuar de pasadas administraciones del Estado norteamericano demuestra que responde a un plan ya bastante establecido.

Un ejemplo claro es el caso del expresidente Clinton, cuya gestión estuvo marcada por los ataques a Irak y Kosovo en 1998 y 1999 respectivamente, ambas dadas en contextos de tensión interna que afectaba su posición. Hoy en día parece que Trump estuviera haciendo lo mismo con Irán, puesto que este país empezó a ser mencionado por el mandatario en tiempo sincrónico con las últimas publicaciones del Caso Epstein.

Entender las agendas de los medios y los criterios que determinan qué información es relevante y cuál no puede ayudarnos a comprender que las llamadas “cortinas de humo” son fenómenos reales, que requieren una complicidad entre Estados y medios para funcionar. En Estados Unidos, esto puede ocurrir cuando se desvía la atención hacia un tema de impacto mediático similar, o, como en Colombia, por negligencia o interés político; en cualquiera de los casos, ninguno de los actores resulta inocente.

En un mundo de agendas mediáticas globales, estos episodios obligan a preguntarnos si realmente prevalece la transparencia o si el poder siempre encuentra caminos fáciles para ocultar lo incómodo, caminos que terminan por costarle al pueblo miles de muertos y heridos.

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