La migración, lejos de ser amenaza, impulsa economías y culturas. Japón y Brasil lo prueban: integración, trabajo y progreso frente al miedo y la exclusión

 - Los japoneses llegaron a Brasil hace más de 100 años sin nada y hoy son los reyes del béisbol en Sudamérica

En un mundo donde la inclusión se ha vuelto “tendencia”, países enteros tiemblan ante la llegada de quienes buscan un futuro mejor, etiquetándolos como una amenaza latente. La migración carga con una fama injusta, alimentada por pánicos irracionales y políticos oportunistas que la usan como arma electoral. Pero detrás de este rechazo se esconde una verdad: historias de inmigrantes que han impulsado economías y enriquecido sociedades.

Un ejemplo que pasa desapercibido es el vínculo entre Japón y Brasil forjado en los últimos 113 años. Si caminas por São Paulo, la presencia japonesa es evidente. Esto no fue un capricho, sino el encuentro entre la necesidad brasileña de mano de obra en los cafetales tras la abolición de la esclavitud en 1888, y las dificultades económicas en Japón.

El 18 de junio de 1908, cientos de japoneses arribaron al puerto de Santos a bordo del barco Kasato Maru. Llegaron dispuestos a "cambiar kimonos por sombreros de paja y afrontar el sol brasileño". Brasil los acogió con generosidad mientras otros países les cerraban las puertas, ofreciendo la ilusión de un terreno propio.

Generación tras generación, estas familias crearon una comunidad nipo-brasileña llena de vitalidad. Así llegó la cultura beisbolera: practicaban con guantes traídos de su país y bates hechos a mano en terrenos baldíos. En un país que respira fútbol, los japoneses fundaron las primeras escuelas de béisbol en 1920 y, para 1930, organizaban el “Torneo de Béisbol de Todo Brasil”. Ellos trajeron la "pelota caliente" a los brasileños.

Hoy, jugadores estrella como Daniel Missaki y Vitor Ito forman el núcleo de la selección nacional, elevando a sus compañeros con su disciplina. Sus logros hablan solos: dominan el Campeonato Sudamericano con 8 medallas de oro y lograron la plata en los Panamericanos de 2023, superados solo por Colombia.

Esta anécdota es un recordatorio de que la migración es un motor para el progreso. Mientras algunos infunden miedo y cierran fronteras, se ignora que gracias a quienes llegaron en el Kasato Maru se tejió una economía próspera y una cultura única. La verdadera amenaza no es el forastero; es el miedo que nos paraliza.

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