La política influye hasta en lo que menos pensamos, incluso cuando se coloca el respeto de los derechos por encima de un viaje hacia el país de tus sueños. “Una jungla de concreto donde están hechos los sueños”: Alicia Keys describe con este verso una ciudad deseable, llena de modernidad, pero sobre todo recoge el sentir por un país por el cual las personas sacrifican su pasado y su familia, incluso bajo el peso de impuestos altos y arriendos impagables.
Las personas huyen de gobiernos inconsistentes que perpetúan una histórica sumisión ante las potencias. Buscan naciones que ofrezcan una vida laboral digna y salud de calidad, derechos que se infringen en ciertas zonas a razón de un colonialismo histórico ejercido por los Estados Unidos o por debilitamientos institucionales propios.
Muchos notan un cambio instantáneo al llegar a Florida, Illinois o Nueva York, incluso si les toca vivir en “El Hueco”, como tituló Germán Castro Caycedo su obra de no ficción sobre el drama de la inmigración ilegal. Se quedan porque prefieren perseguir un sistema ideal, prácticamente imposible de realizar, bajo la narrativa del “sueño americano”, que perduró desde la era dorada (1870-1900).
Sin embargo, esa imagen se desmorona cuando el presidente Donald Trump intensifica políticas migratorias que atacan bajo argumentos vacíos. Es un mandato donde los intereses pasan por encima del derecho internacional, la soberanía y la Carta de las Naciones Unidas. Aún no se ve una acción que frene a Trump, protegido por su asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU y una influencia que genera desconfianza internacional tras los ataques en Medio Oriente.
El "Empire State of Mind" de Alicia Keys se vuelve cada vez menos representativo en un mandato que tumba oportunidades tanto para estadounidenses como para migrantes latinos en búsqueda de un lugar próspero donde vivir.
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