Las causas palestina e iraní tienen ganados los corazones y la voluntad de todos los pueblos del mundo. Así sus gobiernos piensen otra cosa

 - La admirable resistencia de la civilización persa

Es muy probable que cuando se publique esta nota estén en marcha los masivos crímenes de guerra y de lesa humanidad de los Estados Unidos al servicio de ente fascista israelí. Dado el anuncio reiterado de Trump, desde las ocho de la noche del martes en Washington, comenzaría el fin de Irán, serán bombardeadas todas sus instalaciones de producción de petróleo y gas, así como el conjunto del sistema eléctrico del país, puentes y carreteras.

Como si fuera poco el irracional bombardeo cumplido contra 30 universidades iraníes, 760 colegios e innumerables puestos de salud y hospitales. Como si nada hubiera significado el asesinato del líder máximo de Irán, el Ayatola Khamenei, y las 165 niñas destrozadas por los misiles norteamericanos en Minab, para comenzar la salvaje operación. Nada parece satisfacer la sed de sangre de Trump, Netanyahu y las cortes que los adulan en cada uno de sus países.

El presidente de los Estados Unidos aseguró que serán tales los bombardeos, que Irán sufrirá un verdadero infierno, será devuelto a la edad de piedra, se convertirá en una civilización aniquilada que no volverá a existir jamás. Se trata de por lo menos 90 millones de seres humanos, que, al decir público de Trump, son animales, seres insignificantes a los que su país e Israel tiene pleno derecho de exterminar. La humanidad no había presenciado semejante grado de demencia genocida.

Los sionistas, a lo largo de 80 años, edificaron el mito del holocausto judío a manos nazis, alegando, que fueron seis los millones de judíos ejecutados. La Unión Soviética sostuvo que fueron por lo menos 25 millones sus habitantes triturados por la máquina asesina del Tercer Reich. La cifra de muertos que se generalizó tras la segunda guerra mundial fue de 50 millones de víctimas, lo que se consideró la peor muestra de barbarie en la historia universal.

El conjunto de esos horrores se cumplió en los seis años que duró la conflagración, y se podía extender a más, si se toman en cuenta los crímenes que comenzaron a ejecutar los partidarios de Adolfo Hitler desde antes de su ascenso a la cima del poder. Aquí, hoy, el presidente de los Estados Unidos habla con absoluto desparpajo de borrar el mapa a 90 millones de personas en cosa de unos cuantos días, sin que ello signifique escándalo alguno a escala internacional.

La excusa a la que se apela para justificar tan abominable decisión, no es otra que el hecho de que Irán tenga bloqueado parcialmente el estrecho de Ormuz. Así que la perentoria orden es la de reabrir inmediatamente el flujo libre de embarcaciones petroleras por el estrecho, o perecer en caso de no hacerlo. Como si el paso no se hubiera cerrado para todos los aliados de los Estados Unidos, precisamente como consecuencia de la embestida no provocada contra Irán.

Ya los Estados Unidos e Israel estaban bombardeando Teherán y un sinnúmero de lugares en Irán, cuando este país reaccionó bloqueando el paso de embarcaciones petroleras. Es perfectamente claro que esto último fue producto de la brutal agresión. Cualquier persona, sin necesidad de conocimientos estratégicos de orden militar o político puede razonar que, si se pone fin a la guerra sin sentido contra los iraníes, aparecerá también la fórmula para solucionar ese asunto.

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Ni Netanyahu ni Trump tienen el menor interés en detener la hecatombe anunciada. El primero de esos personajes porque ve llegada su oportunidad de destruir a Irán, el único obstáculo real que se opone a su viejo sueño sionista de convertirse en la potencia regional dominante, el gran Israel, del Nilo al Éufrates, su plataforma para avanzar más allá. El segundo, porque está convencido de que así asegurará su papel de potencia hegemónica mundial. La alianza más canalla nunca vista.

El pueblo iraní, férreamente unido alrededor de sus autoridades legitimas, no se esconde en refugios, como los israelíes, sino que espera masivamente en las plazas confiando en su Dios y la justicia de su causa.

Y prepara sus recursos defensivos y ofensivos para responder con todo su poder de fuego. Si Trump y Netanyahu no se detienen, finalmente no habrá estrecho de Ormuz, ni Israel, ni países árabes, ni inversiones, ni recursos, ni bases militares norteamericanas.

Ahora hay nuevas verdades. La perversidad bipartidista en los Estados Unidos, el estado profundo, le apuesta al triunfo sean cuales sean los horrores que signifiquen. El imperialismo es uno solo. El ente sionista se ha convertido en el país y el régimen más odiado de la Tierra. Las causas palestina e iraní tienen ganados los corazones y la voluntad de todos los pueblos del mundo. Así muchos de sus miserables gobiernos están paralizados por el miedo o la complicidad.

Pese a todo, hay también esperanza en el escenario. Presenciamos los últimos y desesperados pataleos de un orden mundial podrido y agonizante

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