Entramos en el segundo mes de la guerra de Irán contra la alianza Israel–EE. UU. (un término que muchos consideran eufemismo por su actuación conjunta), y por el momento no existe una indicación clara del final del conflicto. Las declaraciones de Donald Trump son cada vez más erráticas: oscilan entre declarar una victoria total y pedir ayuda a China para desbloquear el estrecho, mientras Washington evalúa una posible invasión terrestre ante un enemigo que se niega a ceder.
Lo que se proyectó como una guerra rápida se está transformando en una guerra de desgaste, elevando los costos humanos y financieros para el norte e Israel. Esta "protracted war" (guerra prolongada) es la base de la estrategia militar de la República Islámica contra el poderío norteamericano.
Antecedentes del conflicto
Muchos analistas omiten que este es el "segundo round" de la guerra de los 12 días ocurrida el año pasado. En ese entonces, Tel Aviv lanzó un ataque de decapitación contra líderes militares iraníes, sumado a una campaña de desestabilización interna mediante células del Mossad. A pesar de los bombardeos a centrales nucleares, Teherán logró recuperarse y contraatacar con misiles hipersónicos de producción local.
Luego vinieron las protestas de 2026, originadas por la devaluación de la moneda, que desembocaron en violencia. Aunque la Casa Blanca amenazó con intervenir para derrocar al "régimen de represión", la administración iraní logró suprimir el caos interno. Ante esto, el siguiente paso fue el ataque conjunto actual, buscando un cambio de régimen similar a los casos de Libia e Irak.
En esta nueva fase, se ejecutó otra operación de decapitación. Según informes iraníes, el ayatolá Jamenei no fue asesinado en un búnker, sino en su propia casa, junto a otros altos funcionarios. Sin embargo, los persas descentralizaron su cadena de mando y comenzaron un contraataque sistemático.
El escenario actual
Según reportes de The New York Times, Irán habría destruido gran parte de 13 bases estadounidenses en Oriente Medio. Además, el estrecho de Ormuz permanece cerrado, excepto para países que comercian en yuanes o criptomonedas estables.
- Impacto regional: Drones y misiles balísticos impactan zonas económicas en Kuwait, Qatar, Baréin, Jordania y los Emiratos Árabes Unidos.
- Frentes simultáneos: Hezbolá en Líbano y Ansar Allah en Yemen mantienen ataques sostenidos contra Israel.
- Guerra civil: Irán denuncia ataques indiscriminados contra puentes, centrales eléctricas y hospitales por parte de la alianza ante el fracaso de sus objetivos iniciales.
El objetivo de Irán es elevar el costo de la guerra hasta obligar al adversario a detenerse, buscando imponer un nuevo manejo económico del estrecho de Ormuz. Es prematuro declarar un vencedor, pero el resultado de este conflicto delineará la estructura de poder mundial, estableciendo posiblemente las bases para un mundo multipolar con diversos ejes de poder.
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