Tiempo atrás en algún aeropuerto de conexión un tipo aletoso y supremacista les sermoneó diciéndoles que no hablaran en español, que cuando se viene acá hay que comunicarse en inglés.
Se siente frío intenso y la terrorífica imagen de ICE en esta ocasión no se ve en ningún lado, parece que no existiera, que fuera ficción de noticias, pero qué va, no lo es y en algún lugar en este mismo momento hace de las suyas, junto a tipos como aquel viejo rojizo del aeropuerto.

Sin embargo, es acá, justamente entre sus intestinos, en el ojo de su huracán, en varias ciudades grandes y blancas y multicolores que Nidia Góngora y su grupo de músicos les va a hacer retumbar música; en toda su dimensión les va a traer y los va a meter en un relato que no habían imaginado y los asombrará en un lugar del alma más allá del odio migratorio tan catrehij…. que otros traen encima.
Mientras van quedando listas las tostadas con jamón y huevos y al paso que tomas un café tras otro con esa imagen siempre cinematográfica, piensas en la gira, en los lugares que vienen: Filadelfia, Chicago, Nueva Orleans, Las Vegas, Austin, Pittsburgh, Fenix, Nueva York de un lado a otro, Williamsport y otros lugares intermedios de aquellos que parecen cuadros de Hopper, pero incluso con menos gente en las interminables carreteras que abruman la línea del horizonte. La mesera lituana del lugar ordena lo suyo a decibeles hercúleos, como si se hubiera tragado un violín caucano, y justamente ante aquel violín hirviendo piensas todavía más en lo que se aproxima.

Puede darse por seguro que la gira de Nidia y su grupo, como otras, como la de Bob Dylan en el 75, cambiará de algún modo la vida de todos. Ha arrancado en Filadelfia, en un concierto a reventar de emociones, viches y currulaos en el Esperanza Center. Filadelfia, precisamente, el lugar en donde Jhon Coltrane con el saxo de fuego concibió poderosos temas y se hizo fuerte contra el racismo, la ciudad en la que Edgar Allan Poe pudo haber escrito El cuervo y Los crímenes de la calle Morgue.
La gira transita en tierra de músicos y escritores que han deambulado de un extremo a otro por calles humeantes, oscuras, desnudas, y entonces está pulsante la sensación de que sin duda “La vida es lo que nos pasa mientras hacemos planes para otra cosa”.
Cinco semanas entre aviones y una camioneta enorme con Nidia; Nidia de Timbiquí, la formidable cantante que se ha luchado todo y ha andado el mundo; Cristhian Salgado, el tecladista, uno de los más reconocidos arreglistas de grandes agrupaciones del Pacífico, Fredy con sus gafas oscuras y todo en la percusión, Nico el baterista enigmático, Adrián, marimbero que habla todos los idiomas del mundo, incluso los ocultos, y César el organizador de todo, que hace de todo; ahí andamos, con músicos entonando cosas y mamando gallo en serio, de un lado a otro con mucho rumbo, en esta tierra que ha visto volar melodías hechas de razas, migraciones y otras diásporas,

El grupo se ha tomado esto y va dando inéditos talleres con niños y adolescentes en varios colegios de ciudades de Pensilvania (en solo tres días ya van más de 1.600 asistentes en teatros y coliseos); pelados que se envuelven felices entre currulao y bundes a hacer diálogo sonoro de bases rítmicas con las palmas, maravillados ante la marimba de chonta, con ojos despiertos a saber dónde está el Pacífico colombiano, de dónde se pobló, cómo está acá con esa vida, qué es eso de moverse cadenciosamente entre marimba, cununos y guasá.
Aquí, justamente aquí, donde habita ICE, donde hay gente goda hasta el hueso, este lugar de escritores también, de músicos grandes hasta las estrellas también, de demócratas también, de pensadores fundamentales también, es que está un grupo que trae Pacífico, que trae viche, que trae un relato. Durante cinco semanas que al final pasaran como un rayo, todo se dejará seducir en alabaos, en currulaos en una música que irá enamorando y permitiendo enamorar también.
…….
Anuncios.


