Las EPS intervenidas por la Superintendencia Nacional de Salud como Sanitas, cuya intervención de abril de 2024 fue declarada ilegal por la Corte Constitucional en la Sentencia SU-277 de 2025 por vulnerar el debido proceso y basarse en interpretaciones arbitrarias, hoy tienen deudas mucho mayores que antes de la intervención. Ejemplos como Nueva EPS muestran incrementos acelerados en sus deudas y embargos que superan los $2,6 billones en el sistema.
Las enfermedades huérfanas hacen honor a su nombre: quedaron realmente huérfanas del Estado por una financiación insuficiente, con presupuestos máximos para 2026 que parten con un déficit y es insuficiente para cubrir los tratamientos de alto costo. Una de las víctimas más recientes y dolorosas fue Kevin Acosta, el niño de 7 años con hemofilia A severa, quien dejó de recibir su medicamento esencial durante dos meses; una simple caída de bicicleta le provocó hemorragias internas mortales, lo cual, con un tratamiento adecuado, habría sido solo un golpe menor.
Las cifras son realmente desalentadoras. Tomemos como ejemplo Nueva EPS: pasó de $5,4 billones (2022) de deuda anterior a la intervención, a tener una deuda (2025) de más de $21 billones, un incremento de +198%, quedando con un patrimonio negativo de -$6,25 billones.
¿Por qué la Nueva EPS empeora su situación a un punto crítico, estando intervenida desde abril de 2024?
El gobierno argumenta que “la intervención era necesaria por colapso previo”, pero si habían previsto la situación, ¿por qué no lograron evitarlo, o al menos que no llegara a un deterioro tan acelerado? Hay 15 billones sin auditar y embargos que restringen toda operación, según la propia Supersalud.
El desfinanciamiento es el "elefante en la habitación" del sistema colombiano para el gobierno. Los datos muestran un déficit estructural que se arrastra desde años previos y se proyecta peor para 2026: presupuestos máximos de $2,87 billones y un ajuste UPC del 9,03% en el contributivo. Los datos de gremios como AFIDRO, ACEMI y ANDI revelan un déficit estructural alarmante; esto refleja políticas que priorizan intervenciones estatales sin respaldo presupuestal real, lo que agrava desigualdades y pone en riesgo vidas.
El financiamiento efectivo del sistema de salud es una necesidad nacional. Cada centavo cuenta si es para salvar una vida, por eso no hay explicación lógica a invertir cerca de 16 mil millones de pesos en una película sobre el almirante Padilla, mientras se pierden vidas por falta de presupuesto en medicamentos esenciales y atención oportuna.
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