Trump, en contra de todas las advertencias, inició una guerra que está perdiendo.

 - El contragolpe devastador de Irán

Yo creo que cuando el presidente Donald Trump, instigado por Benjamín Netanyahu, ordenó el ataque letal que mató al ayatolá Ali Jamenei, su familia y a las autoridades que estaban reunidas con él, estaba convencido de que este brutal golpe de mano, causaría el desplome inmediato del “régimen” iraní. El hecho de que se produjera en la mañana del sábado tiene, desde esta perspectiva, importancia. Trump y su séquito político-militar de aduladores, confiaban en que cuando el lunes siguiente abriera la bolsa de Nueva York, habría tal caos y desgobierno en Teherán, que haría bueno el pronóstico de que la república islámica tenía las horas contadas. Por lo que el precio del petróleo experimentaría una subida muy moderada, que podría ser absorbida en los días siguientes, cuando se confirmara la caída efectiva del “régimen” iraní. Conjurando así el peligro de una escalada del precio de la gasolina en Estados Unidos, que traería consigo el desplome, este sí, de los índices de popularidad de Trump, que ya estaban peligrosamente bajos.

Nada de esto ocurrió por mucho que los medios hegemónicos del Occidente colectivo, intenten confundirnos con noticias sobre las graves pérdidas humanas y materiales, sufridas desde entonces por la república islámica de Irán. El desprecio verdaderamente racista de los iranies que Trump y sus áulicos es lo único que explica que él hubiera hecho oídos sordos a las advertencias del gobierno iraní sobre lo que iba a pasar si lo atacaban. A esta sordera se añadió la ceguera ante las evidencias de las fortalezas de Irán y las debilidades de Estados Unidos, puestas de presente por muy objetivos e informados analistas geopolíticos estadounidenses. El embajador Chas Freeman, el ex oficial de marines e inspector de armas Scott Ritter, los coroneles retirados del Ejército de Estados Unidos y Douglas McGregor, etcétera.  Todos ellos patriotas americanos que, porque desean lo mejor para su país, han puesto de presente cuan errados son los planes de guerra del presidente Donald Trump. Scott Ritter, el mejor y más informado analista militar de ese colectivo, lo dijo con todas letras: “Matamos a Alí Jameneí y en ese mismo momento perdimos la guerra”.

Y la verdad es que Estados Unidos e Israel están perdiendo la guerra. Gracias a la prolongada y cuidadosa preparación de Irán para una guerra que sabían inevitable, dados los planes de larga duración de Israel de destruir los países que consideraba obstáculos para su objetivo de construir el Gran Israel. O sea, Afganistán, Irak, Sudán, Libia, Yemen, Siria e Irán. Ahora tienen mas misiles y drones de los que disponen en este momento sus arrogantes enemigos, una sólida base industrial y científico técnica, y miles de kilómetros de instalaciones industriales, civiles y militares subterráneas, con capacidad de sobrevivir a los devastadores bombardeos de alfombra con los que la fuerza aérea estadounidense intentó vanamente avasallar a Corea, Vietnam y Afganistán. Mataron millones de personas, pero esos países y sus respectivos gobiernos sobrevivieron.

Si las acciones militares mantienen su ritmo actual, se agotarán en tres o máximo cuatro semanas

Contando con estos medios y recursos, Irán respondió al criminal ataque a traición del 28 de febrero, tal y como lo había anunciado públicamente una y otra vez, en caso de que le atacaran. En el minuto 30 del ataque, Irán contraatacó lanzando un ataque masivo de misiles y drones contra Israel y contra las bases y activos militares estadounidenses en los países árabes. Kuwait, Bahréin, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos y Jordania. Los resultados están a la vista. Las 23 bases militares estadounidenses en dichos países están destruidas o inutilizados, destruidos los radares avanzados que le permitían al Pentágono controlar los cielos del Medio Oriente y anticipar los ataques de misiles y drones iraníes, destruidos los hoteles donde se habían refugiados las militares estadounidenses, 526 de los cuales están muertos o están heridos, según fuentes oficiales iraníes. 5 cazabombarderos F-15 han sido derribados. La flotilla aereonaval encabezada por el portaaviones Abraham Lincoln fue atacada y obligada a abandonar el frente de batalla, y un destructor ha sido hundido. Y los arsenales de misiles tanto de defensa como de ataque, están a punto de agotarse. Según los analistas antes citados, si las acciones militares mantienen su ritmo actual, se agotarán en tres o máximo cuatro semanas.

La peor noticia es sin embargo esta: Irán ha cerrado el estrecho de Ormuz por donde circulaba hasta, antes de los ataques estadounidenses e israelíes del 28 de febrero, el 20 % del flujo de hidrocarburos del mundo. Por eso, la “moderada” subida del precio del petróleo que esperaba la administración Trump, ha sido desbordaba por una imparable escalada de precios. Mientras estoy escribiendo el precio del barril de petróleo ha alcanzado los 110 dólares y sigue subiendo.

La respuesta de USA e Israel ha sido igualmente la esperada. La intensificación de los ataques aéreos contra objetivos militares y sobre todo civiles. Pete Hegseth, el secretario de guerra de Trump, es una oficial de las fuerzas aéreas por lo que está predispuesto a compartir un prejuicio que suele afectar a los mandos y pilotos de la USAF. La convicción acrítica de que los bombardeos masivos de las ciudades y las infraestructuras de un país enemigo, basta para que dicho país se desplome y sus autoridades se rindan incondicionalmente, tal y como viene de exigirle al gobierno de Irán. El peor de esos ataques ha sido el bombardeo de los depósitos de los enormes depósitos de petróleo cercanos a Teherán, generando enormes nubes tóxicas que cubren el cielo de la capital iraní, exponiendo a sus millones de habitantes al envenenamiento masivo. Fue un crimen de guerra, pero no el único. El mortífero bombardeo de una escuela primaria de una localidad iraní, que se saldó con 186 muertos, la mayoría niñas entre 6 y 12 años de edad, fue una señal y un anticipo de lo que hacen y pretenden seguir haciendo en Irán las fuerzas aéreas gringos e israelíes.

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Pero ni estos ataques aéreos, ni los centenares que ya se han realizado han logrado doblegar la voluntad del gobierno iraní. Ayer mismo, su ministro de asuntos exteriores, Abbas Araghchi, declaró que Irán no está dispuesto a negociar. El año pasado Irán estaba negociando con Estados Unidos, cuando los mismos Estados Unidos los atacaron a traición, iniciando la llamada Guerra de 12 días, en el curso de la cual fueron asesinados los negociadores iraníes. Y este mismo año, en la víspera misma de los ataques del 28 febrero, los negociadores iraníes habían aceptado las exigencias de Trump en materia de su programa nuclear.

No, los iraníes no negocian, porque son plenamente conscientes de que están librando, una guerra muerte, una guerra existencial, en el marco de la cual para ellos resistir es vencer

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