Washington espera que Colombia replique el despliegue militar que hace Ecuador en su lado de la frontera. La Operación Espejo consiste en que Ecuador y Colombia actúen coordinados, claro, por Estados Unidos. Las operaciones conjuntas entre Ecuador y el Comando Sur ya se materializaron el pasado viernes en Sucumbíos con el bombardeo a un campamento de las disidencias de las Farc, usando drones MQ-9 Reaper, que apenas zumban.
Las acciones bélicas de Ecuador significan una nueva forma de guerra contra los narcos y de control de Estados Unidos en la región. Colombia tiene el reto de resistir o plegarse -como sus vecinos- a la imposición de una política llamada una vez más al fracaso. A menos que las intenciones sea otras. El FBI y el Departamento de Defensa ya han entrenado 4,000 efectivos de la Policía y de fuerzas especiales ecuatorianas en tácticas de interdicción y ciberseguridad en los dos últimos años.
Ecuador quiere adquirir equipos militares con tecnología de punta y le dio vía libre al Comando Sur para actuar a pesar de la derrota de Noboa en el referendo para permitir bases militares. Washington le plantea un canje de deuda por seguridad, dado su gran déficit fiscal, con lo cual podría armarse mejor. Es curioso que, necesitando a Colombia como socio para la nueva política antinarco, Noboa se empeñe en provocar y pelear con el país, poniendo aranceles provocadores. ¿Lo quiere de socio para la seguridad o no? ¿O es un intento de usar como arma de negociación geopolítica el comercio bilateral como si fuera Trump? La forma para obligar a Petro a militarizar la frontera es equivocada y deja sin reglas la relación comercial, un gran daño a lado y lado. O, peor, es una medida populista para decir que defiende la industria ecuatoriana y recuperar puntos de gobernabilidad.
El sueño de la tecnología militar aérea
El otro aspecto que llama la atención es la confianza absoluta de Estados Unidos en creer que la guerra narco, que lleva media siglo, se gana desde el aire. Asusta la ingenuidad del presidente de Ecuador y su desconocimiento de las experiencias de Colombia y México. Suele ocurrir con millonarios convertidos en presidentes, que todo lo ven como un niño que cuando estrena juguetes lo maltrata para ver hasta donde resiste.
En realidad, los drones MQ-9 Reaper son un arma potente. Ejecuta ataques de precisión, en este caso contra las organizaciones terroristas “designadas" por el Comando Sur. El Reaper (o Predator B) es la joya de la corona en vigilancia aérea. Despega de una pista en Ecuador (Manta o Guayaquil), pero se dirige desde bases militares en Estados Unidos a través de enlaces satelitales, en vez del radio control convencional. En la nariz tiene un sistema de visión Infrarroja y térmica que detecta el calor de motores de lanchas rápidas o de personas bajo el follaje de la selva, las combina con un radar que ve a través de nubes, humo o polvo y tiene un sistema que crea imágenes de alta resolución.
Su eficacia en mar abierto es alta. Permite vigilancia constante durante las 24 horas del día, lo que impide el uso de las rutas de los semisumergibles y de las lanchas rápidas. Un avión tripulado debe regresar a base por fatiga del piloto o por combustible. El Reaper permanece hasta 34 horas seguidas volando. El Comando Sur puede vigilar las rutas de salida de la droga por el Pacífico, o desde los laboratorios escondidos en la selva sin suspensión alguna.
Cuando se mueve la carga pecaminosa, el Reaper que lleva hasta 4 misiles y bombas guiadas por láser la neutraliza en segundos. Para complementar su eficiencia, puede interceptar comunicaciones de radio y celulares en tierra, lo que en zonas despobladas obliga a los capos a recurrir a la mensajería humana y a desplazar sus centros de operación a zonas pobladas donde se confundan las señales y no puedan bombardear.
Maestros en logística
Sin embargo, hay detalles que sorprenden: el 80 % de la droga que sale por los puertos de Guayaquil se camufla en la carga legal de los barcos. Ningún dron tiene sistemas para atravesar contenedores. La pregunta es ¿por qué no aumentan los controles en los puertos? Sería más eficiente intervenir los terminales portuarios privados, estableciendo controles. La razón es que hay intereses económicos locales en juego incluidos los de la familia Noboa, gran productora de banano, que no quieren afectar su negocio con medidas o asociaciones incómodas.
Los puertos legales ofrecen un trámite seguro para el narcotráfico. “Contaminar” un contenedor en Guayaquil tarda 10 minutos y cuesta una fracción del negocio en sobornos. Mantener un Reaper en el aire cuesta USD $3,500 la hora, es una tecnología de punta que sirve para sobrevolar el problema, mientras la corrupción narco en tierra mantiene abiertos los puertos. En los puertos, el dinero narco actúa más rápido que cualquier misil. Pero es más rentable publicitariamente mostrar un video de un dron interceptando una lancha en el mar, que un container contaminado de cocaína.
Los nuevos campos de batalla
El éxito de los Reaper en el control de las rutas por el mar obligó a los cárteles a ser más sofisticados en los puertos. Las terminales portuarias privadas se convirtieron en campos de batalla. Noboa, culpa a Colombia de la ola de delincuencia, pero se abstiene de actuar sobre sus puertos. Ecuador no es un país de tránsito de drogas, más bien se convirtió en un centro logístico global del negocio. La fragmentación de las bandas (como Los Choneros y Los Lobos) tras la captura de sus líderes generó una metástasis de violencia que el Estado ecuatoriano fue incapaz de prever y contener.
La gran expectativa la pone Ecuador -Washington más bien- en la "Operación Espejo". Por cada batallón que despliegue en su lado, Colombia debe desplegar uno equivalente. Se anunciaron 11,000 efectivos colombianos adicionales para evitar el efecto globo, es decir que el narco cruce la frontera para escaparse de los ataques de los drones. El bombardeo conjunto del 7 de marzo en el lado ecuatoriano (Sucumbíos) activó los protocolos para evitar el flujo de los Comandos de la Frontera hacia el territorio colombiano como santuario.
Ante la vigilancia de los Reaper, los líderes de “alto valor” dejaron de usar radios o celulares que pueden ser triangulados por inteligencia de señales. Volvieron a la comunicación analógica (mensajeros, códigos de papel) y se dividieron en células pequeñas de 5 a 10 personas, difíciles de detectar térmicamente desde el aire. Es probable que abandonen la zona de Sucumbíos y Esmeraldas (donde la vigilancia aérea es efectiva) y se desplacen hacia zonas con menos cobertura, como las estribaciones de la cordillera andina buscando rutas menos patrulladas.
La otra medida, de los grupos “designados” es trasladar sus nodos logísticos hacia áreas pobladas o zonas de conflicto social. Si el Comando Sur bombardea una zona que colinda con una comunidad civil, el costo político para un gobierno tan débil como el de Noboa sería devastador. Esta combinación de formas de mutación del narco deja atrás la gran tecnología, la relega a un plano accidental. Caerán más tripulantes, laboratorios y toneladas, pero aumentará la corrupción y el negocio ilegal seguirá evolucionando hasta cuando deje de ser negocio.
Cuando se requiere una verdadera cooperación binacional, una integración de soluciones que combine lo militar con lo social -como propuso Petro en la Casa Blanca- con inversiones para el desarrollo, Noboa descubre el agua tibia. Cree que presionar a Colombia con aranceles es la fórmula mágica para frenar este negocio ilegal. Los únicos que ganan son los norteamericanos, que con la excusa de combatir el narcotráfico recuperan su presencia militar en la región, como lo plantea su nueva estrategia de seguridad.
Este artículo cuenta con apoyo de investigación de IA.
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