La curul de los colombianos en el exterior en la Cámara de Representantes no es un cargo simbólico ni un premio político. Es un mandato constitucional que representa a más de seis millones y medio de connacionales que, por distintas razones, construyen su proyecto de vida fuera del territorio nacional pero siguen profundamente vinculados a Colombia.
Esta curul tiene una naturaleza especial: no responde a una región geográfica dentro del país, sino a una realidad transnacional, diversa y compleja. Representa a trabajadores, empresarios, estudiantes, madres cabeza de hogar, profesionales, emprendedores y líderes comunitarios que enfrentan retos migratorios, consulares, laborales, educativos y de integración en múltiples jurisdicciones alrededor del mundo.
No es un puesto para “calentar silla”
En el pasado, hemos tenido experiencias que deben servir como lección. Representantes que llegaron al Congreso y no lograron estructurar una agenda sólida para la diáspora; figuras que aparecieron cada cuatro años en campaña y luego desaparecieron; discursos ruidosos en redes sociales sin resultados tangibles en política pública.
La representación no se improvisa. No se trata de popularidad digital ni de activismo incendiario. Tampoco de construir audiencia a punta de confrontación, odio o consignas vacías. La curul exige conocimiento del funcionamiento del Congreso, capacidad de articulación institucional, experiencia real en organización comunitaria, comprensión de la diplomacia consular y un trabajo constante, no episódico.
Una persona que nunca ha organizado comunidad, que no ha liderado procesos colectivos, que no ha construido puentes entre ciudadanía e instituciones, difícilmente podrá representar con eficacia a millones de colombianos dispersos por el mundo.
Del 2 al 8 de marzo: votar con criterio
Entre el 2 y el 8 de marzo, los colombianos en el exterior pueden ejercer su derecho al voto en consulados y embajadas. No es un trámite menor: es la oportunidad de definir quién hablará en nuestro nombre en el Congreso.
Votar a conciencia implica revisar la hoja de vida de los candidatos, analizar su experiencia en gestión pública o comunitaria y evaluar si han trabajado de manera constante por la diáspora. No se puede reducir esta decisión a simpatías personales o seguidores en redes sociales; la representación exige solvencia, estructura y compromiso probado.
La curul no es un micrófono, es una responsabilidad
Ser representante de los colombianos en el exterior no es tener un espacio para opinar; es asumir la responsabilidad de impulsar mejoras en servicios consulares, defender derechos laborales y migratorios, y proponer reformas legislativas que atiendan la realidad de la diáspora.
No se trata de aparecer cada cuatro años. Se trata de estar presente todos los días. Desde esta columna, la invitación es directa: votar a conciencia. Elegir personas capacitadas, con trayectoria, con conexión real con la comunidad, con experiencia organizativa y visión estratégica.
No he decidido apoyar a ningún candidato. Pero sí tengo la convicción de que esta curul es demasiado importante para dejarla en manos de la improvisación o del espectáculo político. La diáspora colombiana merece una representación seria, técnica, articuladora y comprometida. Del 2 al 8 de marzo, en consulados y embajadas alrededor del mundo, está en nuestras manos elegir correctamente. Porque la curul no es un privilegio personal: es una responsabilidad colectiva.
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