En su libro Charlatanes, Naím y Toro explican por qué seguimos cayendo ante estafadores. Desde alquimistas hasta políticos, el truco es decirnos lo que queremos oír

 - De David Murcia a Donald Trump: el manual de los estafadores para atrapar ingenuos

El nombre que más aparece en el libro "Charlatanes" (Debate, 2026), de los venezolanos Moisés Naím y Quico Toro, es Donald Trump. No debería sorprender a nadie: el texto explica por qué, a lo largo de la historia, la gente cree y hace millonarios a estafadores, farsantes y embaucadores que manipulan a los medios y a las masas. Dicho de otra forma: ¡se acabará primero la aguamasa que los marranos!

La historia de Marco Bragadino funciona como leitmotiv introductorio del texto. Este alquimista convencía a sus víctimas en una Venecia en decadencia de que podía convertir el metal en oro. Sabía que era imposible, pero sostenía el engaño basándose en los sueños de poder de los líderes. Más que persuadirlos, les seguía el juego para fortalecer sus convicciones. Querían creer, así que se convencieron solos. Eso hizo Hitler, Stalin o Franco; y eso hacen hoy Trump, Putin o Xi Jinping.

Las víctimas de un timador participan con entusiasmo de su propia explotación. Nada se parece más al orgasmo para el receptor que escuchar lo que quiere oír. Las técnicas no han cambiado, solo el contexto: la tecnología facilita hoy una microfragmentación donde cada individuo puede ser engatusado en función de lo que sueña o necesita.

La cuestión estriba en que no desarrollamos las cuatro habilidades lingüísticas básicas: escuchar, hablar, leer y escribir. Oímos sin escuchar y parloteamos en lugar de hablar. La mayoría padece de un analfabetismo técnico: sabemos leer, pero nos cuesta entender lo que leímos o escribir con coherencia una idea sencilla.

Los charlatanes la tienen fácil. Sus víctimas suelen ser necesitadas, inseguras o ignorantes. Explotan vulnerabilidades como el deseo de hacerse rico de golpe o recuperar la salud. Al final, el charlatán vende soluciones milagrosas —rentables y de bajo riesgo—, pero el único que se enriquece es él. No importa si es la gitana de la feria, el analista político de turno o David Murcia con su "gran familia" DMG.

Lo difícil no es detectar a quienes quieren embaucar a otros, sino a quienes quieren embaucarnos a nosotros mismos. Lea el libro; puede que usted esté tan convencido por un estafador que, sin saberlo, ya esté ayudando a conseguirle más víctimas.

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