Opinión

Una vaca que se rasca; presidentes y presidenciables

Cepeda era buen congresista, pero de candidato dan ganas de ponerse una almohada sobre la cabeza y pedirle que hable para poder dormir mullidamente hasta el otro día

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enero 29, 2026
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Una vaca, Veronika, que vive en la campiña austriaca, es el primer animal hallado usando herramientas eficientemente, en particular escobas y rastrillos que toma en su hocico para rascarse. Esto no se había visto antes, o al menos los científicos no tienen mayor documentación de ello.

Mientras Veronika hace esto que empieza a revelar un tipo de inteligencia, estamos en frente del debate presidencial en Colombia, con sus primeros nueve candidatos de centroderecha (y falta otro listado). Ellas y todos, cortados con igual silueta, en general con esa apariencia de pescados congelados, tan godos y tan comunes, y es ahí mismo que uno piensa que al menos para hablar del país en este debate, hubieran podido poner un rastrillo en medio del estudio de grabación para comprobar un avance como el de nuestra vaca evolucionada. Pero no lo pusieron y ninguno, tan siquiera, se rasco.

Es cierto que en cuestión de política esto no pinta bien optimista. Arriba y abajo en el Continente gobernados por presidentes de diagnosticados signos mentales “narcisistas malignos”, un tipo de personalidad que la ciencia describe como “forma severa de narcisismo que combina el trastorno de personalidad narcisista con rasgos antisociales, paranoides y sádicos, resultando en una personalidad grandiosa, manipuladora y agresiva que carece de empatía y remordimiento, disfrutando al dañar a otros para obtener poder y admiración”. No hace falta decir nombres, ni mucho menos pasarles el rastrillo.

Y, para no llamarse a ilusiones, los candidatos nacionales en lo mismo. La mayoría con esas ganas hambrientas de imitar la versión más aberrante de Trump, de Berlusconi, de Bukele o incluso Kim Il-sung. La mayoría vendiéndose con ese halo de narcisistas malignos, si de siquiatría se trata, o del gran emperador de la Muralla China en el cuento de Kafka, si de literatura se trata, aquello que existe y se ordena solo por la burocracia y la autoridad cerril.

Fajardo, que no es que digamos sea un colibrí auténtico, un paradigma de la emoción

Entre todo ese mundo de aspirantes queda poco o uno por preferir: Fajardo, que no es que digamos sea un colibrí auténtico, un paradigma de la emoción y no es que digamos que no sea narcisista, porque también lo es como todo político que busca la copa rebosante de la adulación, pero desde luego no es un narcisista maligno y no se propone como otros en el extremo de alguna ideología decadente.

Y ya ni Cepeda, quien ha sido destacado congresista, pero que se ha empeñado en la contienda electoral en una graduación cum laude en aburrimiento, toda una propuesta de párpados entrecerrados, alguien que provoca de inmediato al oírlo esa necesidad de ponerse una almohada sobre la cabeza y pedirle que hable para poder dormir mullidamente hasta el otro día.

Estudios reiterados destacan una disminución dramática del interés humano por la lectura, obviamente no refiriéndose al interés humano por la lectura de chistes en el celular, lo que siembra sobre este globo terrestre una comunidad que progresivamente será más fácilmente manipulable. Pronto te necesitaremos, Veronika.

 

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