Mientras el Puente Tibanica avanza en su fase de estructuración dentro de un convenio entre el Distrito Capital, la Gobernación de Cundinamarca y el municipio de Soacha, crece la preocupación ciudadana por un tema que ha quedado relegado del debate público: la falta de decisiones claras y obras concretas en el territorio de Soacha, donde realmente se definirá si este proyecto mejorará o no la movilidad regional.
La atención mediática se ha centrado casi exclusivamente en el puente, pero la pregunta de fondo sigue sin respuesta: ¿qué está haciendo Soacha —y qué está haciendo la Gobernación— para garantizar que esta obra no termine agravando los problemas actuales? La clave no está solo en la estructura del Puente Tibanica, sino en las vías internas del municipio, hoy insuficientes para recibir el flujo vehicular que llegará desde Bogotá.
En ese contexto, la ampliación de la Avenida San Marón, entre la calle 13 y la calle 29, se convierte en una obra urgente y prioritaria, incluso más que el propio puente, que ya se encuentra en etapa de estructuración. Sin esta intervención, el nuevo enlace vial corre el riesgo de convertirse en un punto más de congestión, trasladando el trancón desde la Autopista Sur hacia el interior de Soacha.
Según se ha conocido, el municipio de Soacha y la Gobernación de Cundinamarca apenas están comenzando a trabajar en esta ampliación, una realidad que contrasta con la magnitud del impacto que tendrá el Puente Tibanica una vez entre en operación. Lo preocupante es que de este proyecto vial clave casi no se ha hablado públicamente, pese a ser determinante para el éxito de toda la conexión.
La solución técnica y estructural es clara: la Avenida San Marón debe conectarse con la carrera 48 y con la futura Avenida Carrera 48 de Soacha, permitiendo que el sistema TransMilenio llegue hasta el Portal El Vínculo, a las afueras del municipio. Solo así se garantizará una redistribución eficiente del tráfico y un transporte público masivo que realmente alivie la presión sobre la Autopista Sur y las vías locales.
De no ejecutarse esta visión integral, Soacha seguirá enfrentando los mismos problemas de siempre: congestión crónica, tiempos de desplazamiento excesivos y obras que no dialogan entre sí. Por eso, más allá de celebrar avances en la estructuración del puente, la ciudadanía exige respuestas concretas, cronogramas claros y compromisos reales por parte de la Alcaldía de Soacha y la Gobernación de Cundinamarca.
El mensaje es contundente: el Puente Tibanica no puede ser el titular completo de la historia. La verdadera solución está en lo que ocurra del lado de Soacha, y allí es donde hoy se necesita voluntad política, planificación y ejecución urgente.
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