Los acontecimientos ocurridos en Venezuela, la captura del dictador Maduro y todo lo que eso desencandenará, que aún está por verse, van a influir directamente en las elecciones legislativas y presidenciales de Colombia.
La primera consecuencia de la caída de Maduro es que Cepeda o quien sea el candidato de la izquierda, no podrá contar con la generosa ayuda de la dictadura del país vecino. Y es que se calcula que Maduro le giró no menos de $50.000 millones a la campaña que llevó a Petro a la Presidencia.
Por supuesto, ese no fue un aporte desinteresado: Para el dictador venezolano era vital contar con un gobierno amigo en un país con el que la nación que gobernaba comparte más de 2.000 kilómetros de frontera.
La inversión resultó muy rentable, porque Petro se convirtió en un aliado, en ocasiones vergonzante, de la dictadura venezolana. El primer gesto amistoso de Petro hacía el exsátrapa venezolano fue el restablecimiento de las relaciones diplomáticas.
Lo que no fue tan amigable fue nombrar al petardo de Armando Benedetti como embajador, lo que cualquier gobierno hubiera interpretado como un gesto hostil. Hasta una nota de protesta ameritaba esa designación.
Por fortuna Armandito no tuvo tiempo para hacer desastres en Caracas porque lo sacaron de la embajada luego de la pelea que tuvo con Laura Sarabia.
A inicios de su gobierno Petro viajó a Caracas varias veces para reunirse con Maduro. Pero luego vino el descarado robo de las elecciones en Venezuela y a Petro no le quedó otro camino que hacerse el bravo y marcar distancia con su ‘mompa’ veneco (al menos en público).
Fuera de un par de declaraciones, bastante tibias por cierto, en las que reclamaba que se dieran a conocer las actas de los comicios, Petro no hizo nada más. Ni llamó a su embajador a consultas ni mucho menos rompió relaciones.
Incluso en un momento dado planteó la posibilidad de crear una zona de seguridad binacional disque para combatir conjuntamente al ELN (¿o sería para hacer una alianza estratégica)
Ni más faltaba, Petro fue de los primeros gobernantes del mundo en poner el grito en el cielo por el atentado de EE.UU. contra la “soberanía” venezolana. Sin importar que en ese país la única soberanía era la de Maduro, que hacía lo que le daba la soberana gana.
Otro alto costo que tendrá que pagar Petro debido a estos acontecimientos es que perdió una de las banderas que más le gusta agitar: la de la lucha contra el “imperialismo yanki”, bandera que con tanto éxito ha usado la izquierda latinoamericana durante décadas.
Renunció a esa bandera por físico culillo. Su idea era agitarla fuertemente en esta campaña electoral, pero se dio cuenta que estaba jugando con fuego, porque Donald Trump ya demostró que no es de esos “perros” que ladran pero no muerden.
Muerde y muy duro y sino pregúntenle a Maduro que se llevó su buen mordisco.
Dicen que la gota que le rebosó la copa a Trump y que lo impulsó a lanzar el operativo para capturar al sátrapa fue unos videos en el que Maduro aparecía imitando su baile y burlándose del presidente gringo.
Petro tiene muy claro que Trump no se anda con pendejadas: La tremenda imprudencia que cometió en las calles de Nueva York de, megáfono en mano, pedirle a los soldados gringos que desobedecieran a su comandante supremo, le costó la descertificación en la lucha antidrogas y su inclusión en la Lista Clinton.
Petro sintió pasos de animal grande. Y le tocó despojarse de su arrogancia y de su pugnacidad y rogar para que el mandatario gringo le diera una cita telefónica.
Tuvo que haber estado muy mansito el presidente colombiano en esa conversación para que Trump quedará tan satisfecho e incluso, lo invitara a una reunión en la Casa Blanca.
Para Trump no hay mayor triunfo que un rival se le arrodille y le pida cacao. Todo indica que eso fue lo que hizo Petro.
Con lo cual, salvó el pellejo, por el momento. Porque un nuevo desafío a Trump, borraría esa arrodillada y lo pondría otra vez en la mira de la fuerza Delta. Si yo fuera Gustavo Francisco me cuidaría de volver a torear a Trump, que perdona, pero no olvida.
Una nueva salida en falso de Petro podría tener resultados catastróficos para él. Que, a diferencia de Maduro, él sea un presidente legítimo que accedió a la Presidencia en unos comicios legales no lo blinda para nada de la furia ‘trumpista’ porque a ese hombre le importa un pito la legitimidad que pueda tener el mandatario nacional.
Con lo cual, si actúa con algo de sensatez, el ‘jaguar’ colombiano se comportará como un dócil minino con el inquilino de la Casa Blanca. Lo que le dará cierta tranquilidad, pero le significará un alto costo político.
Las barras bravas de la izquierda, que hasta el momento han sido su bastión, no le van a perdonar a Petro su docilidad con el imperio Yanki. Y eso que todavía no se ha reunido con Donald. ¿Imaginan la piedra de esas barras bravas cuando vean la foto de los dos mandatarios estrechando sus manos y compartiendo sonrisas en la puerta de la Casa Blanca?
Conclusión: Petro pudo haber salvado el pellejo, por el momento, pero el costo político que tendrá que asumir por arrodillarse ante Trump es altísimo. Tan alto que le puede significar la derrota a la izquierda en las elecciones de mayo.
Del mismo autor: Petro no ve a Cepeda como un aliado sino como un competidor
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