Cuatro empresarios tecnológicos venezolanos que lograron crecer en medio del régimen de Maduro y sus barreras

Resistieron superinflación, sanciones y escasez. Hoy, con un nuevo escenario sin Maduro en el poder, apuestan por seguir avanzando y competir fuera del país

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enero 11, 2026
Cuatro empresarios tecnológicos venezolanos que lograron crecer en medio del régimen de Maduro y sus barreras

La captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, abrió una ventana para empresarios venezolanos que parecía sellada: la posibilidad de volver a hacer negocios sin el peso asfixiante de sanciones, licencias condicionadas y restricciones financieras que mantuvieron a Venezuela al margen de los grandes mercados.

En ese nuevo escenario, donde la relación con Estados Unidos y otros países comienza a reconfigurarse, hay una generación de emprendedores que llega fortalecida, curtida en la escasez y lista para crecer sin frenos externos. Son empresarios que levantaron compañías tecnológicas en medio del colapso económico, apostaron cuando casi nadie lo hacía y aprendieron a innovar con reglas cambiantes.

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Durante años, hacer empresa desde Venezuela fue una prueba de resistencia. Aun así, en ese entorno adverso surgieron negocios que no solo sobrevivieron, sino que escalaron y se volvieron referentes regionales. Vicente Zavarce, Gerson David Gómez, Andrés Moreno y Armando Goncalves pertenecen a esa camada de emprendedores que convirtió problemas estructurales en oportunidades concretas y creó compañías que hoy están mejor posicionadas para aprovechar un entorno más abierto y predecible.

Cuando Vicente Zavarce se sentó a pensar en Yummy, Venezuela atravesaba uno de sus momentos más duros. Pedir comida a través del celular no era algo cotidiano y muy pocos confiaban en los pagos digitales, el comercio electrónico apenas daba sus primeros pasos y la falta de gasolina convertía cualquier entrega en una odisea. Aun así, la idea tomó forma y empezó a moverse más rápido de lo que muchos imaginaban. Zavarce, con estudios en finanzas en Estados Unidos y experiencia en compañías de delivery en California, sabía que no bastaba con replicar un modelo extranjero. Había que leer el país, entender sus límites y diseñar una solución pensada para sobrevivir —y crecer— en medio de una realidad mucho más áspera.

Desde el inicio, que se dio en 2020, Yummy apostó por crear una red de repartidores que no dependiera del combustible tradicional y por incentivar a usuarios y comercios con promociones agresivas que ayudaran a construir masa crítica.

El crecimiento fue acelerado. En pocos meses, la aplicación se expandió a varias ciudades y logró integrar a cientos de comercios en un momento en el que la pandemia empujaba a los consumidores a buscar alternativas digitales. Lo que comenzó como una plataforma de comida a domicilio pronto se transformó en un ecosistema más amplio, capaz de ofrecer múltiples servicios desde un solo lugar. Un paso que convirtió a Yummy en la primera superapp de origen venezolana y le permitió empezar a proyectarse por fuera del país. La confianza de inversionistas internacionales llegó después, respaldada por cifras de uso y transacciones que demostraban que, incluso en un entorno hostil, era posible construir un negocio escalable.

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Un camino distinto, pero igual de desafiante, siguió Gerson David Gómez con Ridery. La movilidad urbana en Venezuela llevaba años deteriorándose, atrapada entre un transporte público insuficiente y un sistema de taxis limitado. Lanzar una plataforma de viajes en ese contexto implicaba resolver problemas que iban desde la falta de vehículos hasta los métodos de pago. Ridery comenzó de forma artesanal en 2021, coordinando trayectos casi de manera personalizada, pero fue creciendo hasta convertirse en una alternativa sólida en múltiples ciudades del país.

Gómez, administrador de empresas formado en Caracas, ya había probado suerte en otros proyectos digitales antes de dar con la fórmula adecuada. En Ridery entendió que no bastaba con conectar conductores y pasajeros: había que crear un ecosistema completo que ofreciera ingresos estables a miles de personas y opciones variadas a los usuarios. La empresa amplió su portafolio, desarrolló servicios diferenciados según el presupuesto del cliente y fue integrando soluciones para carga, transporte público y compraventa de vehículos. Con el tiempo, Ridery dejó de ser solo una aplicación de viajes para convertirse en un grupo empresarial enfocado en movilidad, con la mirada puesta en la expansión regional.

La historia de Andrés Moreno es quizás la más conocida fuera de Venezuela, pero no por eso menos representativa de esa generación que apostó por la tecnología como vía de salida. Open English nació en 2006 mucho antes del auge de las plataformas educativas digitales, cuando aprender inglés en línea parecía una idea arriesgada. Moreno comenzó con un equipo de 22 programadores, todos amigos, y un modelo que inicialmente no funcionó. El fracaso temprano lo obligó a replantear la estrategia y a buscar capital fuera del país, en un momento en el que pocos inversionistas apostaban por proyectos nacidos en Venezuela.

La constancia terminó marcando la diferencia. Después de mover la empresa a Estados Unidos y replantear desde cero su propuesta, Open English encontró su voz propia. No fue solo una plataforma para aprender inglés, sino una experiencia cercana, directa y práctica, apoyada en una publicidad creativa que conectó con millones de personas en la región. Poco a poco, la iniciativa fue creciendo hasta reunir a cientos de miles de estudiantes en más de veinte países. Con los años, Andrés Moreno fue ampliando su universo educativo y organizó un grupo de proyectos digitales que demostraron algo que durante mucho tiempo pareció imposible: una idea nacida en un apartamento de Caracas podía competir sin complejos en el mercado global.

En una escala más doméstica, pero con una lógica similar, Armando Goncalves encontró su oportunidad en un problema cotidiano. Este Ingeniero en telecomunicaciones, se encontró una y otra vez con la dificultad de conseguir técnicos confiables para resolver fallas básicas en su casa. Esa frustración personal fue el punto de partida de Apetoi. La plataforma que creó conecta a hogares y oficinas con trabajadores capacitados, priorizando la confianza y la reputación como ejes del servicio. Lo que comenzó como una solución práctica para la vida diaria fue creciendo de manera sostenida, hasta expandirse a otros países y demostrar que una necesidad local bien entendida puede convertirse en un negocio escalable.

Hoy el ambiente es distinto. Con un panorama político y económico que empieza a aclararse, las empresas venezolanas que buscan expandirse por fuera ya no miran el futuro con cautela extrema, sino con una expectativa que hacía años no era posible. Poder trabajar sin el peso constante de las sanciones, acceder a capital fuera del país y sentarse a negociar con compañías de Estados Unidos y otros mercados cambia por completo el horizonte. Para Vicente Zavarce, Gerson David Gómez, Andrés Moreno y Armando Goncalves, y decenas de empresarios más, el reto dejó de ser resistir día a día o improvisar para no desaparecer; ahora pasa por crecer con reglas más claras, ordenar sus planes y competir de tú a tú en escenarios donde antes solo podían asomarse desde la distancia.

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