La compra de 16 aviones de combate Saab Gripen no solo es un gasto inoportuno y sospechoso sino que es un error estratégico en la lucha contra los grupos ilegales

 - La última avionada de Petro que criticó hasta el ‘líder moral’ del M-19

¿Se imagina un avión supersónico, que vuela a más de mil kilómetros por hora, bombardeando un campamento del ELN en el Catatumbo? A esa velocidad, dispara en Tibú y da en el blanco en Maracaibo.

Por ese lado surge el mayor cuestionamiento que se le puede hacer a la compra de 16 aviones de guerra suecos, marca Saab Gripen, que anunció el gobierno de Gustavo Petro.

Los múltiples críticos de ese negocio se preguntan cómo es posible que un gobierno quebrado, que no puede atender sus compromisos sociales, está pensando en gastar casi dos mil millones de dólares es unos aviones de combate.

A Petro también le enrostran que ahora anuncia con bombos y platillos esta adquisición, mientras que hace cuatro años cuando el entonces presidente Iván Duque hizo el mismo anuncio, el actual mandatario puso el grito en el cielo. Si el negocio lo hacía Duque, malo, pero si lo hace Petro, magnífico.

El millonario negocio también ha generado suspicacias. Por ejemplo, Daniel Samper puso un trino en el que se pregunta ¿cuál será la comisión de US$2.000 millones? La respuesta es sencilla: bajita, bajita esa comisión debe ascender al 10% del monto del negocio, o sea US$200 millones, 840 mil millones de pesos colombianos al cambio de hoy. Mejor dicho, el afortunado que actúe como intermediario de ese negocio se forra.

El anuncio no solo ha sido cuestionado por la oposición. Personas cercanas al Presidente también han señalado su inconveniencia.  Se cuenta entre los críticos del negocio

Antonio Navarro Wolf, la figura viva más importante del antiguo M19, porque fue el segundo de Carlos Pizarro cuando ese guerrilla firmó la paz y lo reemplazó como candidato Presidencial cuando Pizarro fue asesinado

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“Paradójica la compra de aviones de guerra en tiempos de dinero necesario para inversión social”, dijo Navarro, a través de su cuenta de la red social X. No faltará el petrista de Primera Línea que califique de fascista a Navarro.

Todas estas observaciones son válidas, pero no abordan la razón fundamental por la cual esa compra es totalmente inconveniente. La adquisición de esos aviones de combate se justificaría si Colombia estuviera amenazada por un enemigo externo y se requiriera atacar un blanco alejado, de forma rápida y contundente.

Pero resulta que las amenazas que enfrenta Colombia son internas, no externas. Nuestros enemigos no son Brasil, Panamá, Ecuador, ni siquiera Venezuela. Son el ELN, las disidencias de las Farc, el Clan del Golfo y toda suerte de grupos ilegales que han sembrado de muerte y terror nuestro territorio.

Para combatirlos no se requieren aviones supersónicos sino helicópteros y aviones tipo Tucán de baja velocidad, pero de gran precisión.

Lo que resulta inexplicable, e imperdonable, es que mientras el gobierno Petro invierte US$2.000 millones en unos aviones supersónicos, buena parte de la flota de helicópteros militares están en tierra parados, por falta de mantenimiento.

Lo sensato sería, entonces, antes de gastar ese platal en los aviones suecos, que se invirtiera en el mantenimiento de las aeronaves que sí son efectivas en el combate de los grupos ilegales, que son la principal amenaza que se cierne sobre el país.

No se nos puede olvidar que los más duros golpes que le han propinado nuestras Fuerzas Militares a las organizaciones ilegales, como la muerte del Mono Jojoy y de Alfonso Cano, fueron posibles gracias a los bombardeos que se hicieron desde las aeronaves que hoy están en tierra.

La adquisición de los 16 Saab Gripen no solo es un gasto inoportuno sino que además es un error estratégico en la lucha contra los grupos ilegales que operan en nuestro país.

Eso cualquier colombiano medianamente sensato lo puede ver. Lamentablemente lo que menos tiene el gobierno Petro es sensatez.

Lo explico con plastilina: incurrir en ese millonario gasto es como si alguien que no tiene cómo pagar el arriendo se compra un tanque de guerra para defender su residencia.

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Por Diego Martínez Lloreda

Nací en Bogotá y estudié comunicación social en la Universidad Javeriana. En marzo de este año completé 29 años de trabajo en El País y 39 de ejercicio profesional. En El País fui Editor de Cali, Director de Proyectos Especiales, Asistente de la Dirección, Jefe de Redacción, Director de la oficina de El País Bogotá, Editor General, Director de Información y Director General. En El País escribí los editoriales de los domingos y una columna semanal que se llamaba el Martillo. Dirigí y presenté el programa semanal Al Banquillo con Martillo. Durante siete años mi columna Martillo fue la más leída por los líderes de opinión del Valle del Cauca, según la encuesta de Cifras y Conceptos. Durante cinco años presenté y coordiné el programa la Hora del Martillo por Telepacífico y fui fundador del programa radial Oye Cali. Dirigí el equipo ganador del premio Simón Bolívar a mejor cubrimiento informativo en el 2008 y en el 2011 gané el premio al mejor periodista del año. En 2018 fui galardonado con el Premio Gabo al editor Ejemplar y en 2019 obtuve el premio Alfonso Bonilla Aragón, a la mejor columna periodística.