La intervención a la universidad San Martín, deja varias reflexiones sobre las leyes educativas en Colombia

eltiempo.com

El presidente Santos, tras la intervención de la universidad San Martín, anunció severidad contra los centros de educación superior conocidos como universidades de “garaje”; una medida justa y necesaria, pero si la analizamos en perspectiva tiene dos problemas de fondo, irremediables.

El primero es la ambigüedad del artículo 69 de la constitución política, habla de la autonomía universitaria y la posibilidad de regirse por sus propios estatutos; eso sí, conforme a la ley (¿?). Asumimos que debe ser de calidad aunque no tengamos idea de lo que eso significa; como si fuera poco –pensando en calidad y su relación con la inversión- el gobierno nacional se sirve de triquiñuelas para restarle presupuesto a Colciencias como lo denunció meses atrás Paula Marcela Arias.

El segundo -mucho más grave- es la desigualdad imperante en Colombia. La educación superior –pública- es escasa en relación con la demanda. Entrar a universidades estatales es un privilegio de pocos; en detrimento, las universidades privadas -bien ponderadas- son costosísimas, ese nivel de desigualdad crea una brecha –creciente- que suplen universidades para los estratos medios, entre ellas las de garaje.

No se debe justificar las malas universidades; el asunto es mucho más complicado. Para nadie es un secreto que la educación en Colombia suscita muchas dudas, basta observar los resultados de las pruebas internacionales y establecer un diagnóstico. Si la meta es mejorar los procesos educativos –algo improbable con base a las medidas adoptadas- se debe ejercer una eficiente vigilancia y control. Observar con lupa las universidades no es suficiente, la inversión –en todos los flancos- es el estandarte del progreso, de eso el presidente poco habla a pesar de que es necesidad de primer orden.

Ministra, si no se invierte el suceso de la universidad San Martín no va ser el único.
Menos mermelada, más educación.
@zamivar

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