Aunque ya venía suicidándose desde hace rato, los nuevos dispositivos electrónicos y la música urbana, terminaron de matarlo

 - Se murió el vallenato....y ni cuenta nos dimos
Por razones que contaré después, hace mucho tiempo no tomo trago y tampoco participo de parrandas. Y como dejé de participar de tales bacanales, no escucho música, es decir, no escucho vallenato, que es la música parrandera por excelencia en estos lares. En mi día a día tampoco tengo la rutina de sentarme a escuchar música, como lo hacíamos cuando éramos muchachitos en las décadas pasadas. Cuando recuerdo una canción de antaño o me entero de una canción nueva, voy a YouTube o a Spotify, la escuchó y se acabó
Por todo ello, no sé mucho sobre lo que pasa en el mundo musical, salvo por lo que me muestran las redes sociales.
Y por eso ayer le pregunté a un amigo por lo que pasa en el vallenato, que para mí es poco menos que un cadáver pestilente. Y él fue contundente: el vallenato está muertecito. Y eso ratificó mis sospechas. Cuando toa esta vaina cambió, el vallenato murió.
La música, cuando migró a los celulares y los audífonos, terminó de asesinar al vallenato, un ritmo que venía autosuicidándose a sí mismo —como diría el redundante—, porque esta fue siempre una música de integración y de bulla. Fue una música pública, integradora, social.
Entre las muchas razones, el vallenato se murió, bien morido, porque las músicas mueren con las generaciones que las disfrutaron. Y es obvio que la generación que creció junto con el vallenato, que se educó sentimentalmente con sus canciones, que asistió a KZs y madrugó a comprar los nuevos LPs o CDs, se está muriendo o se está envejeciendo.
Pero todo esto lo digo por lo siguiente: el Caribe colombiano, en la segunda mitad del siglo XX, ha portado el estandarte en cuanto a riqueza musical. Primero con porros y cumbias, y después con vallenatos y champetas. Pero si los primeros son piezas de museos y de festivales de rescate musical, y si el vallenato ya se murió y la champeta nunca pudo salir del espectro Caribe, ¿de qué vainas vamos a presumir ahora la gente del Caribe? ¿de que vendemos el voto caro?
¿Será Medellín, con sus Balvin y sus Maluma, la nueva paridora de géneros musicales y de nuevos artistas? No sé y, sinceramente, me importa un carajo.
Hacía rato no tiraba tanta grosería en la página. Me estoy aburguesando.

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Por Victor Alfonso Moreno

Somos un equipo de periodistas que queremos mostrar, además del país de siempre, ese que está olvidado, el de la otra orilla.