¿Tienen la valentía suficiente los asesores de nuestros mandatarios para corregirlos cuando se equivocan y guiarlos en la toma de buenas decisiones?

 - ¿El emperador está desnudo?

A propósito de liderazgo en tiempos de crisis, ¿saben nuestros mandatarios qué opina la población sobre su liderazgo?, ¿están rodeados de personas capaces de corregirlos y llamarles la atención cuando se equivocan?

El nuevo traje del emperador, cuento publicado en 1837 por el escritor y poeta danés Hans Christian Andersen, nos deja muchas enseñanzas sobre la moralidad y la condición humana, las cuales siguen vigentes en la actualidad:

1. La vanidad del emperador lo convierte en alguien fácilmente manipulable. El principal interés del emperador es ser admirado a toda costa, pero no por sus buenas obras sino por asuntos banales.

2. El orgullo viene antes de la caída. El orgullo y la inseguridad del emperador le dificultan admitir sus errores, esto lo lleva a tomar malas decisiones con nefastas consecuencias para su pueblo.

3. El estar rodeados de personas serviles hace que el emperador se desconecte de la realidad y de la verdad. Al emperador nadie lo critica, todo el mundo le dice que sí; así que gobierna para sí mismo y para unos pocos.

4. El emperador no es crítico ni objetivo. No examina la información que le llega. El pobre no sabe que algunas veces los supuestos hechos o evidencias no son más que creencias personales, opiniones o simples mentiras.

5. Los librepensadores y la libertad de expresión permiten que la verdad reine y salga a flote, a pesar de que muchos no estén preparados para admitirla. Alguien tiene que decirle la verdad al emperador, pero hay que ser valiente para ello.

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En tiempos de crisis necesitamos líderes honestos, que sepan escuchar y que piensen en el bienestar de su gente, no sea que les pase como al emperador. El niño en este caso sería el COVID-19, quien es el único valiente, capaz decirnos a todos y en voz alta que el emperador está desnudo.

Bajo la coyuntura actual esto significaría que la pandemia ocasionada por el COVID-19 ha desnudado la ineptitud, superficialidad y falta de liderazgo y preparación por parte de nuestros mandatarios. Solo resta esperar que quienes asesoran a nuestros mandatarios tengan la valentía suficiente para corregirlos cuando se equivoquen y para guiarlos a que tomen decisiones sabias, a tiempo y en beneficio de la población.

¡No nos fallen!

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