Un sentido homenaje a un pequeño que a pesar de padecer parálisis cerebral fue un ejemplo para todos los que lo rodearon

 - Sebas, un guerrero agradecido con la vida

La vida es el don más preciado que nos entregó nuestro padre celestial, quien nos creó a su imagen y semejanza, por consiguiente es sagrada, por su origen, naturaleza, fin y sentido. Debemos valorarla, protegerla, amarla y conservarla.

Somos muchas las personas que hemos sido bendecidas por nuestro creador, gozando de buena salud, sin padecer ninguna enfermedad y/o limitación que nos reprima o constriña la oportunidad de interactuar con nuestro entorno, de movernos, desempeñarnos y disfrutar la inmensa belleza creada por el arquitecto del mundo para nosotros.

Pero a pesar de todo ello, y del valor sagrado e inviolable de la vida, en la actualidad evidenciamos cómo hemos perdido el respeto, valor y amor por ella, que muchas veces por circunstancias de la vida misma nos quejamos, despreciamos, rechazamos y hasta repudiamos ese don sagrado y maravilloso.

Ante todo este desdeño con nuestra vida, analizo el caso de un ángel de Dios que vino al mundo padeciendo parálisis cerebral, enfermedad que le comprometió funciones del cerebro y del sistema nervioso, afectándole la capacidad muscular, movimiento y habilidades motoras, ocasionándole discapacidad física y cognitivas.

No obstante a su enfermedad y discapacidadm este maravilloso y angelical ser no desfalleció, por el contrario fue un agradecido con nuestro creador por la vida. Aunque no podía disfrutar a plenitud las maravillas del mundo, fue un abanderado del amor por la vida. A pesar de no lograr pronunciar palabras, mediante una bella sonrisa y cándida mirada expresaba su gratitud por el don de la vida y el inmenso amor brindado por sus padres, familiares y conocidos.

Fueron muchas las crisis y padecimientos que debió soportar este serafín, pero él no se amilanó, por el contrario, cada recaída o sufrimiento padecido lo afrontaba con mayor fuerza y decisión, aferrándose a la vida, demostrando con demasía su amor a la vida, sus extraordinarias ganas de vivir, convirtiéndose en un guerrero, un campeón, un ejemplo de vida.

Aunque su fuerza, decisión y ganas de vivir eran asombrosas y portentosas, la enfermedad seguía apaciguando sus fuerzas, disipando su vitalidad, las convulsiones, neumonía y otras afecciones fueron aminorando su salud, por lo que fue necesario recluirlo a la unidad de cuidados intensivos, pero su lucha, apego y amor por la vida, le permitió seguir dando la pelea, batallar hasta el final por vivir.

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Fueron 15 días en UCI, resistiendo los avatares de la enfermedad, soportando procedimientos, aparatos, dando la lucha por recuperarse, para seguir dando fe y seguir viviendo, pero infortunadamente cada día su vida se fue apagando. Por eso Dios en su infinito amor, decidió acogerlo en su reino, cumplirle su promesa de vida eterna y llevarlo al paraíso para que hiciera parte de su corte de ángeles.

Hoy Sebastián, ese ángel enviado para llenar la vida de familiares y amigos de esperanza, alegría y amor, partió a mejor vida, dejando una profunda tristeza, dolor y vacío, pero sobre todo un gran legado y enseñanza: a pesar de las dificultades, padecimiento y sufrimientos, la vida es maravillosa, única y hermosa. Por eso todos los días de nuestra existencia debemos ser agradecidos, además de cuidar, proteger y dar gracias por tener vida.

Buen viaje, Sebas. Sé que ahora estás en el paraíso, llenándolo de alegría, amor y ternura. Nunca te olvidaremos y por siempre vivirá en nuestros recuerdos y corazones.

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