Entre su sotana blanca Monseñor no tiene calor. Su piel está tan fresca que parece que los 40 grados que a las once de la mañana calientan las calles de La Dorada no lo incomodaran. Se oyen pitos y tambores porque el pueblo está de fiesta. La misa del domingo tiene una invitada especial: la Virgen de Chiquinquirá y quien la acompaña es Monseñor Gómez Serna a quien como si fuera una estrella de rock le piden fotos y le extienden las manos. Los vendedores de frutas, raspados y churros alistaron desde temprano sus carritos. Las comparsas que han venido desde Marquetalia, Pacora, Palestina y otras veredas del Magdalena recorren las calles con sus bandas musicales.
En la puerta de la Catedral hay una familia de cinco boyacenses que partieron a la media noche de Chiquinquirá para poder llegar a tiempo a vender estatuillas, escapularios y novenas de la virgen a la salida de la misa. Rosa Dalia Martínez y compañía irán de puerto en puerto vendiendo a cinco mil pesos vírgenes pequeñas y a mil, rosarios de madera. Jorge Alberto Acosta también irá con ellos. Un paisa que hace 28 años se dedicó a acompañar las peregrinaciones de los santos. En 1986 viajó a pie desde Medellín hasta el Ecuador con Nuestra Señora de Quinche, patrona de Ecuador y ahora dejó las imágenes de Madre Laura en Medellín, para seguir a la virgen de Chiquinquirá desde La Dorada hasta Barranquilla por el río Magdalena con la Redprodepaz.
En las bancas de la iglesia las señoras con sus vestidos de encaje esperan pacientes a que empiece la misa. Monseñor ingresa por la entrada principal y camina hasta el altar siguiendo a un grupo de frailes dominicos que abren paso con sahumerio en mano. Inicia la ceremonia mientras afuera se alistan los mariachis que darán una serenata de ocho canciones ofrecida por una devota doradeña.
Transcurre la misa y Monseñor habla sobre el proceso de paz en la Habana. La ceremonia dura un poco más de una hora pero antes de irse les pide a los asistentes que escriban mensajes de reconciliación y los depositen en la urna que viajará con nosotros durante cinco semanas. Una señora que no sabe leer ni escribir me pide que lo haga por ella. Todos tienen algo que decirle a los paramilitares, a la guerrilla e incluso al presidente Santos.
Salimos de la Catedral Nuestra Señora del Carmen y empieza la procesión hasta el puerto. El sol calienta pero Monseñor sigue impecable. Un grupo de personas acompaña la imagen de la virgen sin importar la temperatura agobiante y en el puerto se nos une una romería de gente ansiosa por una bendición del Obispo. Una mujer le extiende un sombrero vueltiao, él lo toma y su solideo violeta queda cubierto. Entre diez personas suben el cuadro de la Virgen a una chalupa y nosotros nos embarcamos en “La Consentida”. Con abrazos y buenos deseos nos despide La Dorada mientras la brisa del río nos aleja de la orilla. Con un Ave María Monseñor da inicio el recorrido y yo le pregunto:
-¿Para qué lado vamos?
-Para donde nos lleve la corriente. Me responde Monseñor con su sonrisa permanente.
A las 2:30 de la tarde tres lanchas salen a navegar ese río de aguas manchadas de sangre. El mismo recorrido que cientos de cadáveres hicieron en épocas donde era más común ver cuerpos flotando que chalupas pescadoras, es el mismo que vamos a emprender. Las tierras verdes y fértiles donde se entrenaron los paramilitares acompañan el paisaje donde desde las chozas campesinas nos saludan con pañuelos blancos. La imagen de la virgen flota sobre el río y Monseñor no se cansa de repetir “es hermosa”.
Llegamos a Puerto Salgar donde nos esperan con flores multicolores. Hacemos una corta parada y nos seguimos deslizando por el Magdalena que amaneció poco caudaloso y no nos deja avanzar con fluidez. Nos detiene la arena y de vez en cuando uno que otro palo se nos atraviesa en el camino. La chalupa se tambalea y Monseñor ni se inmuta. Once años entre lanchas en Magangué, le dan la experticia para andar en ésta a la que llaman Jonson. Me explica que es una lancha pequeña porque es la única que puede navegar cuando “el río está seco”.
Cruzamos el puente de la Paz en Puerto Triunfo (Antioquia) del que cuelga una inmensa bandera de Colombia. El mismo desde donde “Botalón” ordenaba tirar a sus muertos. En medio de la penumbra continuamos la ruta hasta Puerto Boyacá, nuestro destino final, por hoy. Nos desviamos por un brazo del río en medio de la selva y seguimos avanzando, arrastrados por esa poderosa corriente que vio miles de N.N rodar por sus aguas. Pican los mosquitos pero la temperatura se ha tranquilizado. La brisa acompaña esta misión purificadora en la que me embarqué sin entender su verdadero sentido, pero que ahora me impulsa a querer conocer la historia de cada pueblo del Magdalena.
Bienvenidos a Puerto Boyacá cuna del paramilitarismo y “Capital antisubversiva de Colombia” rezaba la valla que hasta hace poco recibía a los visitantes del pueblo.
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