La derrota electoral de Trump, poco después de la de Bolsonaro en Brasil y la de Netanyahu en Israel, es fundamental para la lucha antifascista en el mundo entero

- Tres elecciones y un batacazo para la ultraderecha
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Tal como se preveía, el partido Republicano perdió de manera contundente sus mayorías en la Cámara y el Senado, así como un número importante de gobernaciones. En menos de dos semanas, es el tercer golpe directo que reciben Trump y sus amigos en todas las latitudes.

El primero fue el sorpresivo y muy esperanzador repunte de Lula en las elecciones brasileñas y la huida vergonzosa de Bolsonaro, investigado por varios delitos por la justicia de su país, incluido lavado de dinero. Para escaparse, contó con la ayuda de sus amigos Milei, Noboa y, por supuesto, Trump. 

En su mensaje al llegar a Miami, se autoproclamó como “el verdadero presidente electo” y habló del supuesto fraude y la persecución judicial.  Pero sus jefes lo obligaron a retractarse, por lo que se anunció como líder de la oposición. Lo cierto es que es un prófugo de la justicia, hijo de otro delincuente que paga prisión en su país de origen. 

Dos días después, el 27 de octubre, vendría el segundo golpe para Trump. Su principal aliado internacional, el genocida Netanyahu, no obtuvo el resultado que necesitaba para continuar en el poder. Su partido, el ultraderechista Likud, no consiguió las 61 curules que requería para conformar un nuevo gobierno.

Como en ocasiones previas durante sus diversos mandatos, ahora recurre también a la acusación de fraude. Repite, sin prueba alguna, que los llamados partidos árabes, que obtuvieron 19 curules, se robaron las elecciones mediante sobornos, financiación extranjera y fraude. Ha llegado incluso a exigir la anulación de las elecciones. 

Por lo pronto, todo parece decidirse a favor de su contendor. Netanyahu no podrá seguir ufanándose de torturar y matar al pueblo palestino, ni afianzando su despliegue bélico en el Medio Oriente. Una vez fuera de su cargo, podría incluso ser declarado culpable e ir a prisión en un juicio que está en marcha por soborno, fraude y abuso de confianza.

Su contrincante, Eisenkot, tiene las mayores posibilidades de alcanzar la necesaria alianza. Es un militar de centro derecha, amigo de EEUU y también sionista.  Pero su triunfo es la derrota de Netanyahu, el mayor asesino de este siglo. Y eso cuenta. Tiene condena y orden de arresto por crímenes de guerra de la CPI y queda más vulnerable a que se la apliquen. De nada servirán las represalias de Trump contra dicha Corte.  

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En este contexto, los resultados ampliamente favorables para el Partido Demócrata y la derrota de Trump son un punto culminante del proceso de aislamiento de la ultraderecha a nivel global.  

Una semana antes de las elecciones, el 27 de octubre, el New York Times publicó un durísimo editorial, llamando a que se frenara “la deriva de un gobierno entregado a la corrupción, la incompetencia y el abuso de poder”. https://www.nytimes.com/2026/10/27/opinion/editorials/inflation-war-corruption-trump-editorial.html?unlocked_article_code=1.NlE.WOEa.BxwAFOhGU50c&smid=nytcore-ios-share

Señala que, si se daba su derrota, Trump continuaría casi con certeza haciendo daño. Seguiría expidiendo órdenes ejecutivas y conduciendo la política exterior a su arbitrio y desafiando al Congreso. Sin embargo, podría ejercerse algo de control. “Contar con una oposición empoderada marca una diferencia profunda”.  

Y agrega: “En un lapso de 21 meses, le ha hecho más daño a la democracia y al Estado de derecho que cualquier otro presidente en la era moderna e incluso más allá”.

Lo cierto es que todos los esfuerzos del hombre naranja por bloquear las elecciones fueron vanos: acusación de fraude sin evidencias, intentos de bloquear el voto por correo. manipulación extrema de los distritos electorales, buscando aumentar la representación republicana en la Cámara de Representantes. 

Fracasó también su oferta demagógica de darles 5.000 dólares a cada ciudadano estadounidense si obtenía mayoría en Senado y Cámara. Trump se involucró a fondo en la campaña electoral. Movilizó a sus amigos multimillonarios. Algunos de ellos hicieron donaciones escandalosamente altas, como los 446 millones de Musk. La mayor parte fueron a parar a la campaña del candidato republicano perdedor a la gobernación de Texas. 

La prensa y los medios destacan los resultados de las elecciones, la cantidad e importancia de algunos logros por “primera vez”: una mujer de origen latino como gobernadora de Texas, donde también fue derrotado un senador republicano que parecía inamovible. Es el segundo estado más grande de EEUU después de California y tiene un PIB superior al de Brasil.   

En el estado de Michigan se eligió también a Abdul El-Sayed, primer senado musulmán en EEUU.

Salieron elegidas muchas mujeres, personas negras, latinas e indígenas. Un golpe claro a la misoginia, racismo, homofobia, xenofobia, desplegados por Trump a fondo durante su gobierno.

Las razones de la estruendosa derrota de Trump son muy claras: el incremento notorio del costo de vida y del combustible, como consecuencia de la guerra contra Irán. La persecución, maltrato, tortura y deportación masiva a la población migrante latina. 

De otra parte, el crecimiento de los Socialistas Democráticos de América, SDA, organización que funciona dentro del Partido Demócrata, fue importante. Su principal referencia son dirigentes nacionales como Alexandria Ocasio-Cortez, representante a la Cámara y Zohran Mamdani, alcalde de Nueva York. La organización cuenta ahora con 7 curules en el Congreso. 

Desde una perspectiva más cercana a la socialdemocracia, su labor ha sido notoria por devolverle la esperanza y movilizar jóvenes a lo largo y ancho del país. Al mismo tiempo, han inspirado a una nueva generación de candidato/as cada vez más visibles y presentes en las luchas democráticas. “Vamos a ser arrojados a un sistema comunista en donde todos logren servicio de salud”, afirmó Trump al respecto.

Por último, no se trata de crearnos falsas expectativas con estos resultados. La derrota de Bolsonaro, Netanyahu y Trump no significa el fin del tecnofascismo, el neoliberalismo, el imperialismo o el colonialismo del siglo XXI. Lula tendrá muchas dificultades para sacar adelante su proyecto transformador. Pero le puso freno al avance del fascismo y del Escudo de las Américas en sus fronteras.

Podrá seguir ejerciendo un importante liderazgo regional. 

El estado sionista continuará arrasando con el pueblo palestino, pero el genocida Netanyahu no quedará impune. 

Las mayorías demócratas no romperán con el proyecto imperial de Washington, pero este tendrá mayores dificultades para avanzar. 

PD:  para este 19 de noviembre se convocó el primer paro nacional contra el gobierno de Abelardo. 

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Por Consuelo Ahumada

Ph.D Ciencia Política con énfasis en Estudios Latinoamericanos, New York University. Profesora Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, Universidad Externado de Colombia. Miembro de número de la Academia Colombiana de Ciencias Económicas, ACCE e integrante de su Mesa Directiva. Miembro de la Asociación Colombiana de Economía Crítica, ACECRI.