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Las primeras reacciones al resultado electoral de Brasil expresaron la importancia de la hazaña histórica del logro de Lula, el PT y del pueblo que lo respaldó. “Celebro la victoria de Lula (…) la remontada del progresismo global acaba de comenzar”, señaló Pedro Sánchez, haciendo referencia a las próximas elecciones de España.
Petro, por su parte, escribió: “Los seres humanos les ganaron la batalla a los bots falsos de los grandes adinerados del mundo y el software del escrutinio era totalmente público”, aludiendo a la dolorosa y reciente derrota de la izquierda en Colombia.
En su discurso tras la victoria Lula señaló: “Esta elección es la derrota de negacionismo y de la mentira y demuestra que no somos el patio trasero de nadie”.
Lo cierto es que la remontada del presidente-candidato el pasado domingo fue épica. Desde los años 80, cuando se puso en marcha el mecanismo de segunda vuelta para dirimir la presidencia, ningún candidato ganador de la primera había sido derrotado en la segunda. Esta vez sí ocurrió.
Lula está a punto de cumplir 81 años, ha sido 7 veces candidato y tres veces presidente. Este será su cuarto mandato. Se enfrentó a Flavio Bolsonaro, de 45, el candidato de la ultraderecha y de Trump. Por ello, contó con todo el apoyo de los magnates de la tecnología de las comunicaciones, resueltos a imponer un resultado que se daba por sentado.
Desde su campaña del 2022, Lula logró consolidar una amplia coalición de siete partidos, entre ellos el Partido Comunista de Brasil, el Partido Verde y el Partido Socialista Brasileño, al cual pertenece Geraldo Alckmin, su vicepresidente.
Ante la derrota en primera vuelta, además de reforzar dichas alianzas, buscó llegarles a millones de abstencionistas y a los votantes de los partidos derrotados.
Una decisión crucial que tomó la campaña fue mejorar sustancialmente el trabajo en las redes. El joven diputado del Estado de Mina Gerais, André Janones fue fundamental en este sentido. Conformó el llamado "Ejército de Lula", un canal de difusión de WhatsApp, que logró afilar y poner a trabajar en la campaña a más de 11 millones de personas en tres semanas. Él mismo se convirtió en coordinador de la misma e impulsor de la movilización.
La movilización social, en especial por parte del estudiantado en las distintas ciudades, también fue fundamental en el triunfo. Acercaron amplios sectores de la juventud y de la población en general.
Lula se impuso por más de 4 millones de votos, una diferencia que no es tan significativa, teniendo en cuenta la magnitud de la población y los votantes brasileños, pero que duplica la diferencia a favor de su contrincante en la primera vuelta.
Claramente, también los magnates de las plataformas fueron derrotados. Meta y X trataron de sabotear su campaña, por lo que Lula denunció ante la Corte y la ONU el favoritismo de estas hacia su rival, lo que en Brasil constituye un delito electoral. Un juez del TSE le dio 24 horas a Instagram, WhatsApp y Facebook para demostrar a este tribunal que le estaban dando un trato igual a los dos candidatos.
En el ámbito internacional, el triunfo de Lula fue una derrota para las aspiraciones de Washington de culminar exitosamente su tarea de reconquistar el continente y acabar con los gobiernos de izquierda. Recordemos que durante los escasos dos años de mandato de Trump, se produjo la derrota de la izquierda en 7 elecciones del continente.
En el curso de este año, la estrategia siguió y estuvo representada por el llamado Hondurasgate: se trataba de desarrollar una intervención abierta, inicialmente en las elecciones de Honduras, Perú y Colombia, con manipulación directa de la opinión pública. Las andanzas de Fernando Cerimedo, sus granjas de bots, hacen parte de dicha estrategia. Él fue fotografiado con el hijo de Trump,
Antes de las elecciones de Brasil, tanto Trump como Rubio manifestaron su máximo interés en su resultado, pero se sentían tranquilos, después de la primera vuelta. “El dominio estadounidense en el hemisferio occidental nunca más volverá a ser cuestionado”, proclamó Rubio.
Pero volvamos un poco atrás. El enfrentamiento entre Lula y Washington es anterior a la aparición del magnate inmobiliario. A comienzos de este siglo, surgió la primera ola de los gobiernos de izquierda de la región, liderada por Hugo Chávez en Venezuela y Lula en Brasil.
Durante sus dos primeros mandatos, Lula lideró Unasur, que intentó convertirse en la primera organización de los países de la región, sin la participación de EEUU y Canadá. En términos geopolíticos, fue muy significativa también la profundización de sus relaciones económicas y comerciales con África, en el marco de la estrategia de cooperación Sur-Sur.
Asimismo, se comprometió con los BRICS y con la construcción de un mundo multipolar, frente al hegemonismo de Washington. Por eso, la realización de su Cumbre en Río de Janeiro, en julio 2025 provocó la reacción airada de Trump y el anuncio de la imposición de aranceles arbitrarios del 50% a Brasil.
Un segundo disgusto entre los dos mandatarios provino de la judicialización y condena del expresidente Bolsonaro, un proceso al que denominó “cacería de brujas”. “Fuiste un líder fuerte y muy respetado que serviste bien a tu país». (…) “Deseo sinceramente que el Ejecutivo de Brasil cambie de rumbo, cese los ataques a los opositores políticos y termine su ridículo régimen de censura. Lo estaré vigilando de cerca», Señaló. En plena campaña electoral, EEUU le retiró la visa al juez Moraes, principal responsable del juicio y condena a Jair Bolsonaro.
En síntesis, el triunfo de Lula es un logro extraordinario para el pueblo brasileño, que ya vivió la tragedia del gobierno del primer Bolsonaro. Pero sobretodo, llena de esperanza al progresismo, la izquierda y las fuerzas democráticas del mundo entero en su lucha contra el fascismo auspiciado por Washington.
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