Santa Marta tiene playas, cultura y biodiversidad, pero enfrenta retos de turismo: baja ocupación, desorden urbano, servicios deficientes y falta de planificación

- Santa Marta, un destino turístico que necesita recuperar el rumbo
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Santa Marta tiene playas, montañas, biodiversidad, historia, cultura y una ubicación privilegiada. Sin embargo, ese enorme potencial no basta para garantizar que el turismo crezca ni para que los visitantes quieran regresar. La ciudad enfrenta señales de alerta que exigen revisar cómo se está organizando y gestionando el destino.

Entre enero y julio de 2026, la ocupación de los alojamientos en la región Caribe —sin Cartagena— pasó del 51 % al 49 %, frente al mismo periodo del año anterior, según cifras del DANE citadas por Cotelco. En Santa Marta, la muestra hotelera de Asotelca registró una reducción de la ocupación durante Semana Santa: del 74 % en 2024 al 57 % en 2026. A la vez, la llegada de visitantes extranjeros creció y el aeropuerto Simón Bolívar movilizó cerca de 3,75 millones de pasajeros en 2025. Esto muestra que no basta con contar cuántas personas llegan: también hay que saber dónde se alojan, cuánto tiempo permanecen y cuánto gastan en la ciudad.

La expansión de apartamentos y viviendas turísticas amplió las opciones de hospedaje, pero también plantea retos de planeación, formalización y competencia justa. El crecimiento de la oferta debe ir acompañado de información confiable y de reglas que se cumplan para todos los prestadores.

La experiencia del visitante también depende de condiciones que van más allá de las playas. La movilidad, el agua potable, el saneamiento, el manejo de residuos, la seguridad, la organización del espacio público y la calidad del servicio influyen en la decisión de recomendar o volver al destino. Los problemas de orden público registrados en septiembre de 2026 afectaron las reservas y evidenciaron la vulnerabilidad de los corredores rurales y turísticos.

Santa Marta necesita una gestión integral que coordine a las autoridades, los gremios, las empresas y las comunidades. También debe aprovechar mejor sus atractivos: la Sierra Nevada, Minca, Taganga, el patrimonio histórico, la gastronomía, la cultura y las experiencias de naturaleza pueden ayudar a diversificar la oferta, ampliar las estadías y distribuir mejor el turismo durante el año.

Para recuperar competitividad, la ciudad requiere acciones concretas: crear un sistema permanente de información turística que mida ocupación, tarifas, oferta, estadías y gasto; ordenar y formalizar los alojamientos y demás servicios; mejorar progresivamente el agua, el saneamiento, la movilidad, los residuos, las playas y el espacio público; fortalecer la conectividad y comercializar productos turísticos diferenciados; y establecer una instancia público-privada con metas, responsables e indicadores que permitan evaluar los avances.

Estas medidas deben incluir tanto el área urbana como Taganga, Minca, El Rodadero, Pozos Colorados, Bello Horizonte, Guachaca, Buritaca, Don Diego y el entorno del Parque Tayrona. El turismo sostiene empleos y negocios en todo el territorio, por lo que su debilitamiento afecta a hoteles, restaurantes, agencias, transportadores, guías, proveedores y comunidades.

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Santa Marta no está condenada a perder competitividad. Pero la belleza natural y la promoción no reemplazan la planificación, la seguridad, los buenos servicios ni una experiencia de calidad. La ciudad debe preguntarse qué está haciendo para que el visitante encuentre lo que se le ofrece, las empresas puedan prosperar y las comunidades vivan dignamente del turismo.

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