La última medición de la OCDE asigna a la Policía de Colombia un 35% de aceptación, muy baja frente a otras de LATAM

- La Policía y sus vicisitudes
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La Policía es, en cualquier sociedad, la institución que más altibajos registra en confianza, credibilidad y legitimidad. Su rostro es el espejo de la cultura a la que pertenece. Y sus atributos, como decía el expresidente Alberto Lleras Camargo, hay buena o mala Policía, si hay buen o mal gobierno. Y aquí el poder político pesa, con altísima facilidad de influenciarla positiva o negativamente, dependiendo de sus intereses, prejuicios y valores; y de la firmeza y autonomía de la Cúpula. 

Venimos de un gobierno que despreció a la Policía. Puso y quitó directores a su antojo. Persiguió y estigmatizó a los mejores investigadores contra la corrupción. La debilitó y le negó garantías, mientras pactó con los bandidos, jugando a los “congelados” 

Las Policías viven en una montaña rusa de favorabilidad. Un golpe contundente al crimen genera una euforia efímera. Pero basta un escándalo de corrupción, una denuncia por abuso o una violación a los derechos humanos, para que su reputación se vaya al suelo.

De otro lado, hemos normalizado lo imperdonable, que maten a nuestros policías y soldados. Ya no hay indignación nacional. Solo trinos y condolencias en redes. Ni el Presidente, ni los ministros van a sus funerales. A veces, si acaso, un alcalde o un gobernador. Colombia es, después de México con 336, el segundo país del mundo donde más policías asesinan, 126 en 2025.

A nuestros policías los matan sin piedad. Como a la patrullera María José Recuero Suárez de 20 años de edad. Oriunda de Montería y con tan solo 10 meses de servicio. Soñaba desde niña con ser policía. La asesinaron en Cali por frustrar el hurto de una moto.

Pero también están expuestos al otro extremo, el  uso de la fuerza en escenarios de compleja adversidad, donde el exceso se convierte en tragedia. Es el caso del joven afrodescendiente Donovan Balanta Paz, de 34 años, muerto en Soacha. Medicina Legal dictaminó arritmia cardíaca provocada por descargas eléctricas. Hay 4 policías en la cárcel por homicidio agravado y tortura agravada. Según la OCDE, en la medición latinoamericana, solo el 32% confía en la Policía de Colombia, mientras Invamer en Mayo, arrojó el 69% de favorabilidad, la más alta en ocho años,  lo que algunos atribuyen al efecto “congelados” y a la evidente inacción contra el delito.

La corrupción es la lápida de cualquier cuerpo de Policía. No solo destruye imagen y confianza, la pone ad-portas de su desaparición.  Por eso estremece la denuncia del General (r) William Rincón, ex Director General de la Institución. Afirma que detrás de un intento de asesinato en su contra y del homicidio de su hijo, estarían un ex Director y  ex Subdirector de la Policía. Es su hipótesis, pero de un calibre nunca visto. Puedo asegurar que no es un problema estructural. Es una emergente disputa por el poder, que exige resultados  urgentes de la justicia. La institucionalidad no resiste un manto de duda de ese tamaño.

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Las Policías, son mucho más que sus hombres y mujeres. Son un legado, son doctrina, son el alma de una sociedad. Su profesionalismo se forja con sabiduría, y sacrificio, al igual que su ética, principios y valores. Es la institución más querida y cercana al ciudadano y  sostén fundamental en una democracia. No en la Policía Nacional, acaba de ser reconocida con dos premios muy significativos. El primero por su liderazgo en la lucha contra el terrorismo otorgado por la Asociación Internacional de Cuerpos de Policía, y el otro, por sus logros en Policía Judicial, por la Corporación Excelencia en la Justicia.

En la difícil coyuntura actual, cuando el ELN, las disidencias y el clan del golfo, le han declarado la guerra al Estado colombiano, escalando el terrorismo, necesitamos una Policía y unas Fuerzas Militares, más unidas que nunca, sin romanticismos en la defensa de roles y misiones, con estrategia y actitud ofensiva para acabar, de una vez por todas con el narcoterrorismo. Por eso, bienvenida la militarización de las ciudades, como se decidió en Cúcuta.

 La Policía sobrevivirá a sus vicisitudes, siempre lo ha hecho.  Pero su grandeza está en conservar una visión estratégica de largo plazo. Esta,  es la única que honra a quienes antecedieron y engrandecieron a la Institución. Los gobiernos de turno son un mero accidente. 

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Por Juan Carlos Buitrago Arias

Brigadier General (r) de la Policía Nacional. Nació en Neira (Caldas) hace 51 años. Ingresó a la Policía Nacional en 1988 y se graduó con el primer puesto de su promoción. En 33 años de trayectoria lideró importantes operaciones de inteligencia y contrainteligencia de estado, y de investigación criminal en la Dijín, Dipol, DNI y Polfa. Creó la oficina de Colombia en Europol y contribuyó a la fundación de Ameripol. Administrador policial, administrador de empresas, estudió negocios en la universidad Georgetown en Washington y es egresado de la Academia Nacional del FBI en Quantico VA. Estudió alta gerencia internacional en la Universidad de Los Andes y realizó curso integral de Defensa y Seguridad Nacional en la Escuela Superior de Guerra. Ha sido formado por diferentes agencias de inteligencia e investigación mundiales y considerado a nivel internacional uno de los más curtidos en estos temas. Actualmente es el fundador y CEO de la firma StrategosBIP¨ Autor Libro “Los principios no se negocian” de editorial Planeta. Twitter : @bg_buitrago