El artista, que expondrá en París, tiene 96 años y desde hace más de 15 comparte su vida con Felipe Achury: su inspiración y su más fiel compañía

- La tranquila vejez del pintor David Manzur en su refugio de Barichara junto a un asistente 60 años menor

Una noche cualquiera, Felipe, un esbelto funcionario del Ministerio de Minas, llegó junto a un amigo hasta una casa en Quintas de Serrezuela, en Mosquera. Quien abrió fue David Manzur, el reconocido pintor caldense, que los mandó a seguir. Sin saberlo, el joven Felipe estaba cruzando por la puerta del amor. Pero no un amor de pareja, sino un amor familiar. Como dice Achury en sus redes sociales, en Manzur encontró "su pequeña gran familia".

Felipe entró rígido, prevenido, a una casa donde el olor a acrílico se respiraba por todos los rincones. Para romper el hielo, el pintor le preguntó qué música le gustaba. "A mí me gusta Händel" respondió. Luego de aquella visita, el joven no se volvió a separar del artista. Lo visitaba cada fin de semana. Desayunaban juntos y lo acompañaba a pintar sus cuadros.

En un momento Manzur le ofreció a Felipe que se viniera a trabajar con él, como su asistente. El joven renunció a su trabajo en el Ministerio de Minas para dedicarse de tiempo completo a vivir y trabajar junto al maestro caldense. Desde entonces, no solo ha sido su fiel compañero de trabajo, también ha sido la inspiración y el modelo de varias de sus pinturas.

Las pinturas de David Manzur han alcanzado cifras bastante llamativas. Tal fue el caso de "Damas con corno", un acrílico sobre lienzo que se vendió en 57,150 dólares, aproximadamente 180 millones de pesos. También fue el caso de otros de sus trabajos como "Estudio de naturaleza muerta para una estancia de recuerdo" la cual se vendió en una subasta en Christie's por 30,000 dólares, aproximadamente, 95 millones de pesos.

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Para el maestro, la llegada de Felipe le cambió la vida. Ya llevan más de 15 años juntos en los que el joven se ha convertido en el potenciador de su obra, diciéndole lo que más nadie se atrevería a decirle y apoyándolo en sus jornadas de trabajo nocturno para que su creatividad alcance el máximo nivel. Según el mismo Manzur, desde que está con su asistente, ha hecho mejores trabajos que cuando tenía veinte años.

En un momento, Manzur y Achury estaban buscando salir de la casa en Mosquera para buscar unas tierras más cálidas. Ya casi todo estaba listo para que se mudaran a Nilo, Cundinamarca, cerca a Girardot, pero el pintor recibió una llamada de Belisario Betancur, el expresidente con quien mantenía una gran amistad, que les cambió el rumbo.

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Betancur le dijo a Manzur que acababa de comprar una casa en Barichara, Santander. Junto a la propiedad se encontraba un lote vacío que sería perfecto para que el pintor lo comprara. Manzur viajó a Barichara para conocer el terreno. El artista quedó flechado por los paisajes y el clima del pueblo, mucho más amable que el sofocante calor de Nilo.

Finalmente compró el terreno. La construcción de la casa estuvo a cargo del arquitecto José Alejandro Bermúdez, quien la diseñó con un horno en el jardín, a pedido de Manzur, quien quiso copiar al que tenía su abuelo en Líbano, y en el que pensaba preparar pan.

Como la casa quedó pegada a la de Belisario Betancur, el expresidente mandó a hacer una puerta que uniera a las dos viviendas. Por allí, el expresidente se le volaba a su esposa Dalita para romper la dieta en la cocina de Manzur. También, según el mismo pintor, Betancur se aventuró a pintar sus primeros brochazos, siempre muy tímido.

Al principio, el pintor y Achury solo visitaban la casa de Barichara unas cuantas veces al año. Pero con el tiempo se terminaron se mudando. El jardín lo convirtieron en un selva nativa, y a la casa le dieron el toque del artista y su asistente: hicieron un teatro y acondicionaron el taller de Manzur.

Desde entonces, viven allí. Donde el maestro sigue contagiado por la jovialidad de Felipe, y ahora llega por primera vez con una exposición individual a París. Tiene 96 años y mantiene las fuerzas intactas. La exposición se llama Évolution y está repartida en dos partes. Por una lado, las pinturas recientes, en las que Manzur trabaja con collage, acrílica y dibujo. Por otro, una selección de piezas de los últimos diez años que permite seguir cómo los mismos motivos se han ido transformando.

Junto a él, como siempre, estará Felipe.

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Por Las Dos Orillas

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