Fernando Montaño llegó a Londres, a comienzos de 2006, sin conocer el idioma. I dont speak english. En una ciudad desconocida, lejos de su natal Buenaventura y sin dominar el idioma, tenía por delante una audición que podía cambiar su vida. Y la cambió.
No contaba con las palabras para explicar quién era ni hasta dónde quería llegar. El silencio lo rodeaba. Tendría que hacerlo con el cuerpo, con cada movimiento aprendido durante años de disciplina y sacrificios, con su oficio.
¡Hazaña! En aquella prueba, semanas después de haber llegado al desconocido mundo londinés, se jugaba la posibilidad de entrar a una de las compañías más prestigiosas del mundo. Montaño superó la audición y se convirtió en el primer colombiano en ingresar al Royal Ballet de Londres hace ya dos décadas.
Nadie le quita lo bailado. Su llegada a esa compañía fue la culminación de un camino que había comenzado a los 12 años, cuando empezó a formarse en la danza. Antes de abrirse paso en los escenarios europeos, pasó por Cuba, donde continuó su preparación y adquirió las bases que le permitirían construir una carrera internacional.
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De las zapatillas al lienzo: su nueva apuesta en Cartagena
El éxito no lo libró de los golpes de la vida. Dos meses después de llegar al Royal Ballet murió su madre, una pérdida que lo marcó mientras intentaba afirmarse en una ciudad ajena y flemática.
Al son que le tocó la vida, siguió bailando. Además de su oficio en el ballet, empezó a buscar nuevos formatos para expresarse como artista. Con los años, además de bailar, encontró en la escritura una forma de contar su historia y publicó su autobiografía, Una buena aventura, en 2019.
Ahora, mientras sigue bailando, Montaño prepara el camino para el día en que tenga que colgar las zapatillas. Su cuerpo continúa respondiendo, aunque sabe que el ballet exige movimientos que desafían la naturaleza y que las lesiones forman parte de los riesgos de la profesión.

Por eso ha comenzado a explorar otra manera de expresarse: las artes plásticas. Ya suma alrededor de 19 obras, algunas de las cuales han sido compradas.
Bailarín, escritor y pintor. El próximo 24 de octubre presentará en Cartagena una faceta poco conocida de su trabajo. Durante la segunda edición de Dîner en Blanc, realizará una intervención en la que combinará danza y pintura: acompañado de música clásica y percusión colombiana, utilizará sus movimientos y pinceles para dejar trazos sobre un gran lienzo.
La presentación tendrá un propósito benéfico en favor de niños y jóvenes a través de iniciativas vinculadas con Unicef.
El que baila es el que goza. Para Montaño, actuar en Colombia hace que la experiencia sea distinta. Ha realizado propuestas similares en museos y ante públicos reducidos, pero esta vez espera compartir su técnica con su gente y ante una audiencia más amplia.
Fernando Montaño estudió en la Escuela Nacional de Ballet de Cuba antes de continuar su carrera en Europa. Bailó también en La Scala de Milán y el Teatro Nuovo de Turín, Italia.

Después del evento, exhibirá su obra en el Museo de Arte Contemporáneo de Cartagena, junto con una escultura inspirada en el rey Carlos III que combina símbolos británicos y colombianos.
Ahora, dos décadas después de su llegada a Londres, Fernando speaks english. El bailarín también avanza en la versión en ese idioma de su autobiografía y mantiene conversaciones para llevar su historia a una serie o película. Multifacético y versátil.
Mientras esas posibilidades toman forma, sigue ayudando a jóvenes bailarines colombianos a encontrar oportunidades de formación y desarrollo profesional.
¡Maestro! El muchacho que llegó a Londres sin entender el idioma ya no necesita demostrar que puede abrirse camino en un escenario extranjero. Ahora busca que el arte sobreviva a su carrera como bailarín. Si un día sus pies dejan de contar historias sobre las tablas, espera que sus manos puedan seguir haciéndolo sobre el lienzo o sobre la hoja en blanco.
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