En Colombia se repite que la esperanza es lo último que se pierde. Sin embargo, en contextos de crisis como el que viven las zonas afectadas por el terremoto del 10 de agosto, mantenerla no es fácil. Fue justamente ese desasosiego colectivo el que buscó combatir el primer Día Cívico de Pereira, celebrado el pasado 10 de octubre y convocado enteramente desde la ciudadanía por la plataforma Alluda y la Fundación Malabareando las Calles, liderada por Jimmy Alexander Abello. Ese día, los organizadores se propusieron algo que en teoría parece sencillo, pero que en la práctica resulta complejo: invitar a colectivos, fundaciones y empresas a crear sus propias actividades solidarias, conocidas como “convites”.
“Pereira fue construida a partir de convites. Para nuestros abuelos, eso era ayudar a levantar la catedral ladrillo a ladrillo o hacer ventas de empanadas para recolectar fondos y comprar los materiales del aeropuerto. Para nosotros, hoy, es hacer cualquier actividad con un enfoque solidario: desde pedir donaciones o construir casas hasta hacer algo para devolverle amor a la ciudad”, explica Sebastián Mejía, cofundador de Alluda.
Alluda puso a disposición de la ciudadanía un mapa vivo con todos los convites registrados. Ese sábado se inscribieron 25 en la ciudad. El primero y el más grande fue una donatón a favor de la propia Malabareando las Calles, bautizada “Una casa para La Casa de los Sueños”.

Durante nueve años, la fundación acompañó a niños y jóvenes en la Casa de los Sueños, una sede que fue adecuando con estudio de grabación, teatro, gimnasio, comedor y sala de lectura para ofrecerles actividades artísticas, deportivas y terapéuticas. El terremoto de magnitud 7,4 dejó ese espacio en ruinas y, aunque el equipo y los 87 niños sobrevivieron sin lesiones, la fundación perdió de un día para otro el lugar que había levantado con tanto esfuerzo. Cuando la atención de la emergencia empezó a desvanecerse la fundación reabrió en un pequeño local, el Rinconcito de Esperanza, que hoy atiende a grupos de entre 12 y 15 niños.

El 10 de octubre, desde temprano, el centro comercial Parque Arboleda empezó a llenarse de voluntarios, empresas y personas que iban a poner su ladrillo para la reconstrucción de la fundación. La donatón “Una casa para La Casa de los Sueños” no fue solo una colecta: fue una jornada de nueve horas en la que la ciudadanía pudo presenciar música, clases de ejercicio y shows culturales, y en la que los niños de la fundación fueron protagonistas.
La jornada arrancó con el cuerpo en movimiento: clases de respiración consciente y de barre donadas por Natalia Jaramillo, Movifit y Paola Gil. No había taquilla ni precio fijo; cada asistente pagaba su clase con una donación para la fundación. Luego, la Universidad Tecnológica de Pereira (UTP) tomó el relevo y abrió sus actividades de bienestar a la ciudadanía, en los que hubo clases de baile. Adicionalmente, la institución lanzó la iniciativa La U del Futuro que es una jornada liderada por la UTP, con la Asociación de Egresados (ASEUTP) y la Representación de Egresados ante el Consejo Superior. Busca convertir el reencuentro universitario en una movilización de solidaridad y reactivación económica tras el terremoto del 10 de agosto de 2026 en Pereira. Será el sábado 24 de octubre de 2026 en Expofuturo y reunirá conocimiento, emprendimiento, empleabilidad, cultura, reconocimiento y ayuda humanitaria. Dejando claro que la ayuda no termina en esta jornada, sino que es un camino de largo aliento donde todas las instituciones de la ciudad deben participar.


En una pantalla gigante, la casa se levantaba ladrillo a ladrillo: Alluda sumaba uno nuevo cada vez que llegaba una donación, y así se iba llenando la meta del día. No era una meta pequeña: 150 millones de pesos en una sola jornada, de los 650 millones que cuesta construir la Casa de los Sueños.
En la tarde, la jornada subió de tono con presentaciones culturales: el grupo de danzas típicas Trietnias, de la UTP, y el cuentacuentos Motato. Pero fueron los niños de la fundación quienes se robaron el show. Con piruetas dignas de un circo arrancaron más de una exclamación del público, y luego mostraron su lado artístico con obras de teatro y canciones de su propia autoría.


Mientras tanto, los aportes de empresas aliadas fueron llegando uno a uno. Muchas compañías pereiranas, que todavía enfrentan sus propias pérdidas por el terremoto, no dudaron en sumarse a la causa. Conmovido por la historia de los niños que perdieron su hogar en el terremoto, el restaurante Kammelia Food decidió unirse. También se destacó la Fundación Frisby, cuya relación con Malabareando las Calles se remonta a sus inicios. Cuando Jimmy comenzó a darle forma a su sueño, decidió tocar las puertas de los empresarios de la ciudad. Alfredo Hoyos Mazuera y Liliana Restrepo Arenas, fundadores de Frisby, fueron los primeros en creer en su proyecto y brindarle su apoyo. Desde entonces, otras organizaciones privadas y particulares se han unido para que hoy la fundación trabaje por restablecer los derechos y transformar el futuro de 87 niños, niñas y adolescentes.
“Este día fue importante para Malabareando porque pudimos encontrar más aliados, porque nos regaló un batallón de voluntarios que ponen toda su disposición y su entrega, y para darnos cuenta de que no estamos solos y de que son muchos los corazones que no quieren ver a los niños en las calles de Pereira. Nos reafirmó que siempre que gestamos este tipo de convocatorias sociales con un propósito superior se logran metas inimaginables”, afirma Jimmy Alexander Abello, fundador de Malabareando las Calles.
Al final del día, la fundación había recaudado 132.597.500 pesos. Aunque no alcanzó la meta de 150 millones, logró casi el 90 % de lo propuesto en una sola jornada y dejó una certeza: ladrillo a ladrillo, como lo hicieron los abuelos con la catedral, Pereira todavía sabe levantarse a punta de convite.
Quienes quieran seguir aportando a la reconstrucción de la Casa de los Sueños pueden hacerlo a través de la vaki que la fundación mantiene abierta en su Instagram, @malabareandolascalles.

También le puede interesar:
Anuncios.


