Las familias colombianas en el exterior siguen la actualidad del país a través de medios digitales y redes sociales, mientras enfrentan la desinformación a distancia

A las seis en punto de la mañana en Cali, cuando todavía no ha salido el sol sobre los Farallones y apenas se sirve el primer tinto en la cocina, el teléfono vibra con el mensaje inaugural del día en el grupo de la familia. El tío que vive en el barrio San Fernando acaba de pegar el enlace de una noticia sobre un trancón monumental en la calle Quinta o sobre la última discusión económica en el Congreso en Bogotá.

En Miami ese mensaje suena a las siete de la mañana camino al trabajo, mientras que en São Paulo entra a las ocho en plena oficina. Para la sobrina que vive en Madrid la notificación cae a la una de la tarde, justo cuando hace una pausa para el almuerzo.

Seguir el pulso de Colombia desde el exterior depende hoy de esa sincronía desfasada entre husos horarios. Quienes llevan años radicados fuera del país arman su propio sistema informativo combinando las alertas de los medios nacionales con el reporte doméstico de ese pariente que oficia de corresponsal involuntario. En muchas casas de migrantes la mañana empieza poniendo en el celular la transmisión por internet de las emisoras de radio bogotanas o caleñas para escuchar las entrevistas políticas mientras se prepara el café.

El problema aparece cuando entre el titular de prensa y el comentario familiar se abre una brecha donde caben el rumor sin fuente y la exageración de las redes sociales.

El regreso por temporadas y la vida repartida entre dos países

La dinámica cambia todavía más cuando toca volver de visita al Valle del Cauca por unas semanas en diciembre o durante las vacaciones de mitad de año.

Quien reside en el exterior regresa con el teléfono atado a las obligaciones cotidianas del país donde trabaja y paga sus cuentas mensuales. Es el caso de la prima que lleva una década instalada en São Paulo y aterriza en Cali para pasar las fiestas con los abuelos, pero conserva allá sus productos bancarios en reales y sus plataformas digitales de trabajo o de entretenimiento.

Cuando necesita entrar a su banca en línea o revisar sus suscripciones habituales durante esos días de descanso, se conecta mediante una VPN Brasil que le asigna una dirección IP brasileña y protege su conexión en redes públicas. De esa manera evita bloqueos por cambio de ubicación geográfica al gestionar sus pagos y mantiene resguardadas sus contraseñas cuando utiliza el wifi abierto del aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón, de una escala en El Dorado o de la red compartida de un hotel.

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Esa costumbre de llevar la administración del hogar en el bolsillo mientras se cruzan fronteras responde al crecimiento sostenido de la comunidad colombiana en el exterior. De acuerdo con los registros consulares del Ministerio de Relaciones Exteriores, millones de connacionales residen de forma permanente fuera del territorio colombiano, con una presencia muy marcada en Estados Unidos o España, igual que en los países vecinos del sur del continente.

- Cómo las familias colombianas en el exterior siguen la actualidad del país a diario

El filtro contra las cadenas falsas y el teléfono roto en WhatsApp

Si las gestiones digitales en tránsito requieren precaución técnica, la lectura de la actualidad nacional dentro del chat familiar exige paciencia y algo de criterio periodístico. No pasa una semana sin que una tía comparta una captura de pantalla recortada sin fecha o un audio alarmista con la etiqueta de reenviado muchas veces.

Un martes cualquiera circula la advertencia sobre un supuesto impuesto a las transferencias bancarias y al jueves siguiente aparece el video de un aguacero con inundaciones que en realidad ocurrió hace tres inviernos. Para salir de la duda y entender qué pasa en las regiones más allá del ruido viral, muchos lectores dentro y fuera del país acuden a los relatos de Nota Ciudadana en Las2Orillas donde los propios habitantes cuentan de primera mano los problemas de sus municipios.

En ese ejercicio diario de verificación siempre aparece algún integrante de la familia que asume la tarea poco agradecida de contrastar el bulo frente al resto del grupo. Le toca buscar el boletín oficial de la alcaldía o abrir un par de periódicos digitales desde su escritorio en Madrid para explicar con calma que el cierre en la vía al mar ya fue levantado.

El reenvío sin filtro deforma los hechos cotidianos, alimentando una inquietud constante en quienes leen todo a miles de kilómetros.

Lo que ningún portal alcanza a contar en la distancia

Por mucha prensa digital que se revise al empezar la jornada, hay matices de la vida diaria que se quedan por fuera de las pantallas. Quien sigue la actualidad desde un apartamento en Miami o desde el vagón del metro en São Paulo conoce al detalle las tasas de interés y las disputas de los partidos políticos, aunque desconoce si ya terminaron de pavimentar la cuadra de Santa Teresita o a cómo amaneció el corrientazo cerca de la galería Alameda.

Los grandes titulares explican las decisiones de los ministerios en la capital, pero rara vez logran transmitir el ambiente húmedo que deja la lluvia de la tarde en Cali o el murmullo de los vecinos en las tiendas de barrio antes de un clásico en el estadio Pascual Guerrero.

Al caer la noche en Colombia la conversación grupal pierde velocidad por culpa del reloj. En Madrid ya es de madrugada y los teléfonos de quienes viven en Europa llevan varias horas en silencio sobre la mesa de noche. En Cali alguien apaga las luces de la sala después del último noticiero y deja en el chat la foto de un pandebono recién comprado junto a un pocillo de café con leche, cerrando la jornada con una postal casera que el resto de la familia verá al despertar del otro lado del Atlántico.

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