El concierto de Iron Maiden y Rock al Parque reabren el debate sobre los impactos de los eventos masivos, la protección del parque Simón Bolívar y los residentes

- Del rock al caos: el problema no es Iron Maiden, es el Vive Claro
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Bogotá vivió un fin de semana de rock. Mientras miles de ciudadanos disfrutaban de los 30 años de Rock al Parque, una de las grandes conquistas culturales de la ciudad, Iron Maiden congregaba a sus seguidores en Vive Claro. Pero mientras unos celebraban, los vecinos del sector volvían a padecer un infierno a causa del ruido, las aglomeraciones y el caos que acompaña los conciertos de este escenario.

Según testimonios y registros audiovisuales de la comunidad, numerosas personas se concentraron en las afueras de Vive Claro para escuchar a la legendaria banda británica.

Los habitantes del sector tienen ahora al vecino más ruidoso de toda Bogotá. Uno que, además, cuenta con el poder económico suficiente para hacerse escuchar por las autoridades, mientras las quejas de la comunidad siguen sin respuesta.

¿Hasta dónde puede llegar el negocio de los conciertos cuando sus consecuencias recaen sobre quienes viven, trabajan o reciben atención médica en los alrededores?

El problema no es Iron Maiden, ni el Rock, ni mucho menos la cultura. Es Vive Claro: un escenario de conciertos masivos y alto impacto, instalado al aire libre en una zona residencial, sobre terrenos del Parque Metropolitano Simón Bolívar destinados a actividades de contemplación y de bajo impacto.

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1. La cultura no puede convertirse en una carga para los vecinos

Bogotá necesita mejores escenarios para recibir espectáculos internacionales. La música, la cultura y el entretenimiento enriquecen la vida de la ciudad, generan empleo y dinamizan la economía. Pero esos beneficios no pueden conseguirse a costa del bienestar de miles de familias.

En los alrededores de Vive Claro hay conjuntos residenciales, espacios públicos, zonas verdes e instituciones hospitalarias. Allí viven adultos mayores, niños, personas enfermas y trabajadores que necesitan descansar. Ciudadanos cuyos derechos no desaparecen cuando comienza un concierto.

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Pero las denuncias de la comunidad no se limitan al excesivo volumen de la música a escasos metros de sus casas. Comprenden también vibraciones, contaminación lumínica, congestión vehicular, dificultades de acceso a las viviendas, ocupación del espacio público, aglomeraciones, problemas de seguridad, salubridad y alteraciones de la convivencia.

Y ya no estamos solamente ante quejas ciudadanas. Existen mediciones oficiales que confirman graves problemas de contaminación acústica.

2. El ruido: las cifras oficiales desmienten la tranquilidad que promete Vive Claro

Durante el concierto de Guns N’ Roses, la Secretaría Distrital de Ambiente registró 83,11 decibeles de emisión de ruido. En el de Shakira, 70,31 decibeles, y en el de Blessd, 74,30 decibeles. En los tres casos, la autoridad ambiental concluyó que se superaron los límites legales previstos en máximo 55. Las mediciones realizadas durante Green Day y Linkin Park también evidenciaron problemas de contaminación acústica, tanto en la operación del escenario como en su entorno.

No se trata de simples percepciones de vecinos inconformes con los conciertos. Son resultados obtenidos por la autoridad ambiental del Distrito.

Lo más grave es que la exposición reiterada al ruido excesivo no es una simple molestia: la Organización Mundial de la Salud advierte sobre sus efectos en el sueño, el estrés, la salud cardiovascular y la salud mental. Y mientras las mediciones confirman las excedencias, Vive Claro sigue operando al aire libre sin soluciones eficaces para proteger a los vecinos.

El artículo 79 de la Constitución reconoce el derecho de todas las personas a gozar de un ambiente sano. Ni la Constitución, ni las normas sobre emisiones sonoras, ni la nueva Ley contra el Ruido pueden convertirse en letra muerta frente a los intereses de la principal multinacional de conciertos del mundo.

3. Los hospitales también están padeciendo las consecuencias

La situación es todavía más delicada por la cercanía del Hospital Universitario Nacional y del Hospital de la Policía. La Asociación de Usuarios del primero documentó molestias por ruido y vibraciones entre pacientes, familiares y personal asistencial durante el concierto de Guns N’ Roses.

A ello se suman las preocupaciones por la congestión y el acceso de ambulancias. ¿Cómo justificar que un escenario de conciertos perturbe el entorno de instituciones donde el silencio y el descanso son fundamentales para la recuperación de los pacientes?

4. ¿Quién autorizó convertir este espacio en un escenario de conciertos masivos?

Pero el ruido es apenas una parte del problema. Vive Claro se encuentra en el sector del Centro Bolivariano, correspondiente al componente 14 del Plan Maestro del Parque Metropolitano Simón Bolívar. Su localización plantea interrogantes sobre la compatibilidad del proyecto con los usos del suelo, las disposiciones urbanísticas, la protección ambiental y las condiciones previstas para este importante entorno urbano.

Y lo más inaudito es que la máxima autoridad del Parque nunca autorizó la operación de Vive Claro, que evento tras evento, demuestra que no reúne las condiciones urbanísticas y ambientales para desarrollar permanentemente actividades de semejante magnitud.

Precisamente por ello, desde la comunidad y mediante una acción popular se ha cuestionado la instalación y operación del escenario, así como las actuaciones y omisiones de las autoridades responsables.

Los derechos colectivos comprometidos comprenden el ambiente sano, la seguridad y salubridad públicas y la realización de desarrollos urbanos organizados, planificados, y no improvisados.

Mientras la acción popular avanza con una lentitud desesperante, Vive Claro continúa funcionando. Ocesa y los intereses corporativos vinculados al escenario cuentan con una enorme capacidad económica, comercial y mediática. Los vecinos, en cambio, siguen esperando que las autoridades hagan valer sus derechos.

Y la Administración Distrital sigue sin dar respuestas de fondo a la ciudadanía.

5. Rock al Parque es una vez al año. Vive Claro es otra historia

Rock al Parque es un festival público que se celebra durante tres días al año. Sus impactos requieren controles, pero se trata de un acontecimiento excepcional. Vive Claro, en cambio, funciona bajo un modelo de conciertos comerciales recurrentes, incluso con varios eventos en un mismo fin de semana. Lo que para unos es una noche de diversión, para los vecinos puede convertirse en una perturbación permanente e insoportable.

Bogotá necesita escenarios para grandes espectáculos, pero en lugares adecuados, con infraestructura suficiente, de calidad y sistemas efectivos para controlar y mitigar sus impactos. No se trata de escoger entre cultura y derechos ciudadanos, sino de garantizar ambos.

Bogotá merece escuchar a Iron Maiden, celebrar Rock al Parque y recibir a los mejores artistas del mundo. Pero también merece parques protegidos, hospitales tranquilos y barrios donde sus habitantes puedan descansar y vivir dignamente.

Una ciudad que necesita sacrificar esos derechos para organizar conciertos no está demostrando grandeza cultural: está evidenciando sus graves problemas de planeación.

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