En medio de los incendios en Villa de Leyva, el saber ancestral de Rosa Lía Largo salvó un oasis del fuego. Conozca la historia de su bosque protegido

 - El secreto ancestral con el que una emberá salvó un bosque mientras el fuego devoraba 1.400 hectáreas en Villa de Leyva
Texto escrito por: Mario Lamo Jiménez
Es es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas

Mientras Villa de Leyva celebraba el Festival de las Ideas, muchos asistentes no tenían idea de que un cerro ardía a pocas cuadras y que el fuego terminaría arrasando 1.487 hectáreas, 900 de ellas en el Santuario de Flora y Fauna de Iguaque.

El incendio comenzó en el cerro de San Marcos el sábado 19 de septiembre, en el mismo predio donde se había iniciado otro diecisiete años antes. Un fuerte viento del sur había empezado a soplar. Tras meses sin lluvia, la tierra estaba reseca y hasta las plantas de los parques parecían desmayadas. Alguna vecina acuciosa salía a medianoche a regar un arbusto frente a su casa, en medio de las restricciones para el riego de jardines.

A las 12:04 de la madrugada del domingo, el fuego parecía haberse reducido a unas brasas que daban a la montaña la apariencia de un árbol navideño. El viento había hecho una pausa, pero al amanecer regresó con furia y dispersó las brasas. Pequeños ríos de fuego subían y bajaban por las laderas, arrasando la vegetación y amenazando a los animales silvestres. El humo borró de la vista el cielo y las montañas. En algunos sectores, las llamas se acercaban al pueblo más rápido que los chismes que vuelan de esquina a esquina.

Sin embargo, a unos cien metros del pueblo, un sector del bosque quedó a salvo. El incendio avanzó hacia el terreno vecino, junto a uno de los hoteles más conocidos de Villa de Leyva. Mientras los equipos de socorro intentaban protegerlo, una ardilla llamada Florita se paseaba entre los árboles del área que había resistido, como si nada pasara.

¿Qué había protegido ese oasis? Allí, Rosa Lía Largo Hernández, una mujer emberá-chamí, llevaba más de veinte años restaurando el terreno con ayuda de voluntarios. Sus conocimientos ancestrales y su observación cotidiana habían orientado un trabajo paciente sobre el suelo, la vegetación y la conservación de la humedad. Lo ocurrido merece estudiarse: un sector del bosque y dos décadas de esfuerzo se habían salvado.

Rosa Lía nació en la vereda Sipirra, en Riosucio, Caldas, en el resguardo indígena Cañomomo y Lomaprieta. Salió de su comunidad a temprana edad y recorrió distintos lugares de Colombia hasta encontrar en Villa de Leyva su nueva casa. Allí participó en proyectos de educación infantil con Casa Universo y en iniciativas de restauración ambiental.

Tras el incendio de 2003 en los cerros orientales, en la zona de amortiguación del Santuario de Iguaque, asumió voluntariamente y con recursos propios la recuperación de terrenos degradados. En 2017 obtuvo el segundo lugar en el Premio Mujeres de Éxito, en la categoría Emprendimientos Rurales y Conservación Ambiental. Desde 2021, el Proyecto Sipirra ha recibido tres nominaciones al Earthshot Prize, el galardón medioambiental internacional más prestigioso del mundo.

Sigue a Las2orillas.co en Google News

Pero dejemos que ella cuente cómo vivió el incendio y qué observó en el área que quedó a salvo:

“Estaba muy preocupada. Pensaba: ‘Se nos va a quemar todo’, especialmente la zona del nacimiento de agua. Era el sector donde más habíamos trabajado y conservaba mucha humedad. Allí veíamos mariposas alas de cristal, cuya presencia yo relacionaba con la recuperación del lugar.

“También habíamos sembrado barreras de fique. En el incendio de 2010 observé tres fiques entrelazados: el fuego los afectó, pero no pasó al otro lado. Esa observación me llevó a sembrar más. Esta vez tampoco avanzó más allá de esa barrera.

“Habíamos retirado las ramas bajas de los pinos y las acículas, como se llaman sus hojas, que se acumulaban en el suelo. Detrás de los fiques ya había musgos, líquenes, hongos y helechos. Creo que esa humedad, junto con el trabajo realizado, pudo contribuir a que el sector no se quemara.

“Más arriba está el Canal de los Españoles, que estaba seco. Allí también habíamos sembrado fiques, pero faltó el agua. Hasta 2023 el canal tenía agua; desde finales de ese año ya no llega al final del recorrido. Según lo que he observado, hay captaciones privadas que afectan ese flujo. Me parece fundamental revisar lo que ocurre y recuperar su continuidad”.

La experiencia de su Sendero Ecológico ofrece un punto de partida para pensar la recuperación de las zonas quemadas. Rosa Lía insiste en que restaurar comienza por algo menos visible que plantar un árbol:

“Lo primero es recuperar el suelo: lo que yo llamo ‘hacer suelo’. Al principio abría huecos y sembraba, pero las plantas no crecían. Cuando empecé a trabajar en el suelo, todo cambió.

“Llevo siete años subiendo residuos vegetales de tres casas, siguiendo un método ancestral de mi comunidad de Sipirra. Selecciono material fresco, sin carnes ni comidas cocinadas, lo distribuyo en capas de unos diez a quince centímetros y lo cubro con hojarasca o poda. Evito amontonarlo para que no se caliente. Con el tiempo se descompone y he observado cómo vuelve la vida al suelo.

“Podemos aprovechar residuos orgánicos que hoy terminan en rellenos sanitarios, pero el manejo debe adaptarse a cada sitio. En las veinte hectáreas donde trabajamos identifiqué veintitrés áreas con condiciones distintas. Para ampliar la restauración necesitamos un diagnóstico interdisciplinario que defina qué requiere cada zona, las especies nativas apropiadas, las tareas y los tiempos de recuperación.

“En mi experiencia, primero hay que crear condiciones para que prosperen las plantas locales y acompañar el establecimiento de hierbas, arbustos y árboles según la respuesta del terreno. Restaurar implica recuperar las relaciones entre el suelo, el agua y la vegetación.

“También me han acompañado los saberes de otras mujeres. Una abuelita nasa del Cauca me enseñó una práctica tradicional relacionada con los nacimientos de agua: enterrar un totumo seco, mantenerlo lleno con agua de nacimiento y conservarlo tapado. La practiqué y, cuatro años después, observé que brotó agua en ese sector. Es parte de mi experiencia y de los conocimientos que me han compartido.

“Este trabajo toma tiempo. No es abrir un hueco, sembrar un árbol, tomarse la foto y ya. Necesitamos continuidad, seguimiento y educación ambiental. Hay que explicar, por ejemplo, que la poda que llevamos es materia orgánica destinada a contribuir a la recuperación del suelo.

“En Villa de Leyva vivimos temporadas muy secas. Los incendios de septiembre de 2009 y febrero de 2010, y este último, nos recuerdan la importancia de prevenir. Necesitamos una política sostenida de prevención y restauración. En épocas secas deberían evaluarse restricciones de acceso a los sectores de mayor riesgo, como el Santo y el camino a Chíquiza, y reforzarse las medidas para evitar fogatas, quemas y otras actividades que puedan iniciar un incendio.

“Somos voluntarios, trabajamos con lo que tenemos y no hemos recibido apoyo financiero nacional ni internacional. Hasta ahora no hemos podido replicar el proyecto. Esta sería una oportunidad para ampliar la experiencia, adaptándola a otros lugares.

“Hay buena intención, pero hace falta organizarla. Que se haya conservado la zona del nacimiento de agua nos anima a seguir. Queremos que esta experiencia se estudie, se fortalezca y contribuya a recuperar la montaña”.

El trabajo de Rosa Lía y los voluntarios merece atención por su perseverancia, por el encuentro entre saberes ancestrales y observación práctica, y por las preguntas que plantea para la restauración y la prevención de incendios.

¿Se tendrán en cuenta sus conocimientos y su experiencia para recuperar las montañas afectadas? Ese oasis verde ofrece una razón concreta para escucharla y estudiar qué ocurrió allí, donde el fuego no logró entrar.

También le puede interesar:

Anuncios.

Por Nota Ciudadana

sección de periodismo ciudadano y colaborativo donde cualquier persona puede publicar sus propias historias, denuncias, noticias o relatos de primera mano. Es un espacio abierto para dar voz a miradas regionales y alternativas a los medios tradicionales en este portal independiente colombiano.