Texto escrito por: Willian Fredy Palta Velasco
Es es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas
Las recientes afirmaciones del Dr. Sergio Esteban Vélez, director del Instituto Caro y Cuervo, acerca de Gonzalo Arango y Andrés Caicedo evidencian que, a esta casa de investigación y academia, ha llegado la Batalla Cultural del gobierno de Abelardo. Este Instituto que nace hacia 1942, que tiene como propósito el estudio y la investigación de la literatura, de la filología y la salvaguarda de las lenguas nativas, es reconocido históricamente por la labor académica y la promoción de la literatura. Por esta razón, no deja de causar asombro las declaraciones del director del instituto con relación al fundador del Nadaísmo y al escritor de ¡Qué viva la música!. Las afirmaciones del Dr. Vélez parecen más la exhortación moral (o moralista) de un predicador, que la posición académica de un Instituto como el Caro y Cuervo.
La literatura es la forma como el ser humano expresa su existencia. Esto la hace diversa, atractiva y desafiante porque esconde insondables misterios para ser abordada, estudiada y analizada. La vida se expresa a través de estéticas cognitivas que recogen el sentir, la indignación, la melancolía, el amor y la muerte. La literatura ha sido la celestina de amores imposibles, la forma inmanente que expresa lo trascendente, es la mística finita que recoge la eternidad, la literatura es la forma imperfecta de expresar la perfección y la manera perfecta de esconder la imperfección, ella ha sido vehículo de resistencia y revolución. Cuando el alma duele profundamente, solo encuentra en la prosa la forma de expresarla a través de un grito de vida, y tal vez de muerte, que entre palabras construyen figuras paradójicas que son una epifanía de sentires, donde muerte y vida constituyen una misma realidad desafiando todo esquema moral desde la libertad que nos permite la poesía, la novela y el ensayo, y que no se puede reprimir por los prejuicios morales, políticos y sociales de la Batalla Cultural.
Esta literatura es abordada en la academia. Hay programas universitarios para abordar y tratar de comprender el misterio que encierra la prosa del poeta, del escritor. La investigación literaria tiene líneas de abordaje para su estudio, pueda que una de esas líneas sea la ética, que se pregunte por la comprensión ética o moral de una obra, de un poeta o la relación entre el modo de vida del autor y su obra. Esto se hace desde una perspectiva filosófica que permite acercarse a la comprensión de las obras de los autores. Incluso en esta búsqueda académica se puede no compartir posiciones de un pensador o escritor, lo que no significa desconocer su valor, profundidad y riqueza, ni da autoridad para desprestigiar o condenar la obra o el autor. Es un error epistémico calificar la obra de un autor basándose en las concepciones subjetivas de tipo moral o religiosa, distanciándose de la estructura, sentido y estilo literario. Se debe dejar claro que el juicio estético debe estar más allá del juicio moral personal. Descalificar una obra o su autor porque no se comparte su pensar es un reduccionismo moral, y, en cierto modo, el Dr. Vélez cae en esta falacia argumentativa.
Me sorprende que el Dr. Vélez que, dada su formación y trayectoria, ha debido servir de par evaluador de trabajos de investigación, se deje atrapar en esa trampa argumentativa. Los comentarios que hace con referencia a Gonzalo Arango y el Nadaísmo como a Andrés Caicedo y su estilo de vida y muerte, no corresponden a un análisis literario, sino a la proclama moral y religiosa de un entramado retórico de la llamada Batalla Cultural. Si la filosofía que orienta la Batalla Cultural de Abelardo es la negación, desprecio y desconocimiento de la riqueza literaria solo porque no se ajusta a su lógica moral, ortodoxa y religiosa, se debe entonces hacer una contrarreforma cultural que promueva la resistencia de pensamiento. Frente a la ortodoxia literaria deberán nacer nuevos rebeldes, poetas malditos, profetas del nadaísmo, del existencialismo, cínicos que promuevan nuevas formas de resistencia poética, literaria y estética, inconformes que con sus letras narren el mundo utópico que desean hacer realidad. La violencia cultural no ha podido apagar el deseo del espíritu humano de expresar su sentir, y esta vez no será la excepción; por eso, es necesario tener cuidado que esa narrativa moral que el gobierno de Abelardo quiere imponer bajo la figura de Batalla Cultural, no borre la riqueza literaria de pensadores, poetas y escritores que desde diferentes corrientes y propuestas han enriquecido a la conciencia crítica de la sociedad.
Las despectivas palabras del Dr. Vélez, director del Instituto Caro y Cuervo, contra Gonzalo Arango y Andrés Caicedo, devuelven a Colombia a la lógica inquisitiva donde se quemaban y prohibían libros, solamente porque la doble moral y el morbo no dejaban espacio para el libre pensamiento. Las palabras del Dr. Vélez han hecho que el Instituto Caro y Cuervo pase de ser promotor literario a prefecto moral de la sociedad.
También le puede interesar:
Anuncios.

