Texto escrito por: Willian Fredy Palta Velasco
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En días pasados se ha visto al presidente dirigiendo personalmente acciones contra situaciones de inseguridad, incluso se le ha visto portando un arma y un radio Walkie Talkie, una imagen controvertida, polémica que divide las opiniones de la sociedad. En Cali, dirigió la operación IRON, que consistió en realizar allanamientos, incautaciones y capturas de presuntos delincuentes. A la ligera, parece interesante que el mismo jefe de Estado se ponga la camisa en la lucha contra la delincuencia. Sin embargo, es necesario decir que, estas acciones deben pasar del show mediático de las redes a intervenciones sociales que brinden bienestar, paz, seguridad, y la posibilidad de una vida digna.
El Estado debe actuar contra la criminalidad, la delincuencia con firmeza y radicalidad en los marcos normativos. Indudablemente Cali y muchos otros municipios tienen sectores donde la anarquía reina. Se le conoce como las "ollas", donde todo el mundo sabe lo que pasa. Secretos a voces, pero donde no entra nadie, ni siquiera las autoridades. Estos territorios que actúan como "Repúblicas Independientes de la delincuencia y la criminalidad' no deben de existir. Deben erradicarse como centros de ilegalidad y violencia que sirven de refugio a delincuentes. Pero, es necesario indicar que en esos sectores también hay rostros humanos que padecen marginalidad, pobreza, desigualdad y miseria. Víctimas de la injusticia social.
Personas que se ven obligados a dormir en los inquilinatos que pagan con lo que recogen en el rebusque diario. Hay vidas de niños, niñas y adolescentes, familias enteras, que cohabitan con el expendio y consumo de drogas, prostitución, delincuencia y otras realidades que atentan contra la dignidad de las personas. Viven en la periferia social que existen en el centro de la ciudad, aunque están a la vista de todos, nos hacemos indiferentes escondiéndolos bajo el eufemismo de habitante de calle, para no llamarlos de “gamines o desechables”, creyendo que así se les ofrece dignidad, mientras “la gente de bien” pide acciones que pueden terminar en las denominadas “limpiezas sociales”, cuando pedimos acabar con las ollas con acciones exclusivamente bélicas, policiales, incluso se ha llegado a pedir bombardeos a estos sectores de indigencia y marginalidad.
Intervenir esos territorios es una necesidad urgente y una deuda histórica. Pero la intervención debe ser integral desde lo social, la dignidad y la seguridad. La Intervención militar y policial es válida, pero no puede limitarse a ser la única forma. La delincuencia se aprovecha de los pobres, de sus necesidades, se apodera y roba los sueños de los niños, niñas y jóvenes. Es necesario que no se identifique al pobre con el delincuente. La delincuencia no es una acción exclusiva de los sectores populares y de la pobreza, por eso hay que tener cuidado que la eliminación de la delincuencia, no elimine la pobreza, pero si al pobre, que termina siendo víctima del delincuente, del olvido estatal y de la sociedad que no solo lo invisibiliza, sino que también lo señala.
Ahora bien, si hay una estrategia de acabar con estas “ollas”, estas acciones no pueden reducirse a una práctica de gentrificación, que beneficia a una economía de mercado, a costa de las personas. En los fenómenos de gentrificación la pobreza y los problemas sociales de las llamadas “ollas“ se trasladan de territorio, pero no se resuelven de manera contundente y real. La experiencia ya ha enseñado que el que desaparezca “la olla” como lugar, no significa que desaparezca como realidad. La problemática tan solo se dispersa o traslada en la ciudad. La intervención, de estos sectores y las comunidades que allí habitan, debe abordarse desde la complejidad que encierra las realidades de las personas, con sus necesidades y problemáticas.
Si las operaciones como la IRON, no se abordan desde la integralidad social, no será mas que una acción esnobista lleno de teatralidad, propia de un showman que quiere esconder sus propias incapacidades o complejos personales y necesita del aplauso, pero que no aporta a la construcción de país. Los problemas sociales no se solucionan portando un arma para dar percepción de valentía y heroísmo, sino que la transformación social del país se hace con estrategias reales que responda a las verdaderas necesidades de la población como educación, recreación, trabajo y alimentación, entre otras. Hay que acabar con la pobreza, no con los pobres.
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