Texto escrito por: Fátima Silva García
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Estoy harta de Trump. Sí, otra vez Trump. Y probablemente mientras tú lees esto, el presidente de Estados Unidos ya dijo, publicó o hizo algo que en Colombia terminará convertido en titular. Trump habló: noticia. Trump amenazó: noticia. Trump se peleó con alguien: noticia. A este paso, solo falta que informe que se tomó un café para que tengamos una edición especial.
Y no, no estoy diciendo que Estados Unidos no importe. Por supuesto que importa. Las decisiones de su Gobierno pueden afectar a Colombia en asuntos como comercio, migración, seguridad o relaciones internacionales. De hecho, recientemente la relación entre ambos países volvió a ocupar un lugar importante con la visita del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, y las conversaciones sobre narcotráfico, comercio y cooperación.
Mi problema es otro: ¿en qué momento le dimos a Trump una silla permanente en la agenda informativa colombiana?
La teoría de la agenda setting plantea, precisamente, que los medios no necesariamente nos dicen qué pensar, pero sí tienen una enorme capacidad para decirnos sobre qué pensar. Y ahí es donde me pregunto si no estamos permitiendo que una persona que gobierna otro país decida, indirectamente, cuáles son los temas que ocupan nuestra atención. Porque mientras seguimos contando qué dijo Trump, también están pasando cosas en Colombia, no sé, solo digo, por si los medios no estaban enterados…
La Defensoría del Pueblo reportó que, solo en los primeros cinco meses de 2026, fueron asesinados 67 líderes y lideresas sociales. En salud, la misma entidad ha advertido sobre cientos de reclamaciones contra una EPS y casos de pacientes fallecidos en medio de demoras en la atención. Y mientras todo esto ocurre, también tenemos debates sobre educación, seguridad, empleo, violencia, corrupción, infraestructura y tantas otras situaciones que afectan directamente nuestra vida cotidiana. PERO, ¡CUIDADO! Trump dijo algo y, de repente, parece que todo lo demás puede esperar.
Lo más irónico es que él ni siquiera necesita esforzarse demasiado para conseguir nuestra atención; ya con que yo haga este artículo sobre él lo demuestra. Tiene una habilidad casi profesional para convertirse en noticia. Y los medios saben que su nombre genera clics, comentarios, discusiones y, sobre todo, audiencia. Trump entiende el espectáculo y nosotros, aparentemente, seguimos comprando boletas.
Por eso quisiera hacerle una pequeña devolución de cortesía. Trump protagonizó durante años The Apprentice, el reality en el que se hizo famosa su frase “You’re fired”. Pues, si pudiera utilizar su propio método, esta vez quisiera mirarlo directamente a los ojos y decirle: Donald, you’re fired.
No porque crea que debamos ignorar lo que ocurre en Estados Unidos. No porque sus decisiones no tengan consecuencias para Colombia. Y mucho menos porque considere que los medios deban dejar de cubrirlo. El problema está en la proporción. En que una declaración de Trump no debería convertirse automáticamente en una noticia más importante que aquello que ocurre en nuestra propia tierra y esas historias también deberían hacernos detener el scroll.
Tal vez el problema no sea solamente Trump. Tal vez el problema sea el poder que nosotros mismos le hemos entregado sobre nuestra atención.
Así que sí: estoy harta de Trump. Pero más que harta de escuchar su nombre y las vacuidades que saca por su boca, estoy harta de que parezca que Colombia necesita esperar a que Donald Trump diga algo para decidir qué merece nuestra atención.
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