El fenómeno de El Niño afecta a toda la población, pero golpea más a los pobres, con menos capacidad de ahorro, protección y adaptación al calor extremo

 - Las principales víctimas de El Niño son los pobres
Es es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas

Los efectos del fenómeno de El Niño no son solo ecológicos, también son económicos y están documentados con suficiencia, en especial los inflacionarios. El ciclo causal es sencillo de entender: las altas temperaturas destruyen las cosechas o merman sus rendimientos, por lo que el precio de los alimentos sube. Esto repercute en los hogares con menos capacidad adquisitiva, que tienen que destinar una mayor parte de su dinero a la comida. 

En 2025, los hogares colombianos gastaron alrededor del 40 % de sus ingresos en alimentos (La República, 2025), lo que equivale a 890 mil pesos. Se confirma la ley de Engel que plantea que las familias de menores ingresos deben destinar un mayor porcentaje a la comida, sacrificando educación, recreación, ahorro, cultura y una vivienda de mejor calidad. Esta realidad aleja al país del patrón de ingresos de los países desarrollados. 

La economía colombiana depende en gran medida de actividades al aire libre, como la agricultura, la construcción, la pesca, la minería a cielo abierto y el transporte informal. Estos oficios se caracterizan por su baja mecanización. Además, las jornadas son extensas.  Trabajadores que realizan su labor sin protegerse del sol, a veces sin acceso al agua ni a la sombra, así como pequeños productores que carecen de sistemas de riego, forman parte del paisaje. Como es lógico, con las olas de calor, su desempeño disminuirá. 

La inflación energética vuelve más regresivos los efectos del fenómeno de El Niño. En la Costa Caribe, las altas temperaturas obligan a los hogares a destinar una mayor cantidad de energía a la refrigeración y ventilación de las viviendas, mediante el uso continuo de ventiladores, aires acondicionados y otros equipos, lo que eleva el consumo eléctrico por encima del promedio nacional.

Un hogar de estrato 1 en el interior del país consume en promedio 100 kWh mensuales y tiene subsidiado prácticamente todo su consumo, mientras que una vivienda similar en la Costa Caribe consume alrededor de 250 kWh, pero solo recibe subsidio para 173 kWh. El resultado es que las familias de menores ingresos de la región terminan pagando a tarifa plena una proporción significativa de la energía que necesitan para adaptarse al calor (El Universal, 2026). 

Los efectos de El Niño recaen con mayor dureza sobre los barrios pobres que por lo general tienen menos árboles, parques y viviendas con capacidad de aislamiento térmico. O sea, que aunque dos puntos diferentes de una ciudad reciban la misma cantidad de sol, en los lugares con más concreto y asfalto, el calor se siente con mayor intensidad. Esto se conoce como islas de calor urbanas y afecta la salud y la productividad.  

Cualquier cambio en el clima, en especial para un país como Colombia, debe tratarse como una variable ambiental, esto es, como una afectación que nos impone el entorno sobre la cual tenemos poco o nulo poder de influencia. Dado que el IDEAM estimó una probabilidad del 80 % de que El Niño se consolide durante el segundo semestre del presente año, debimos haber asumido su inevitabilidad y concentrarnos en aquellos factores que nos hubiesen ayudado a sobrellevarlo de la mejor manera. 

Sigue a Las2orillas.co en Google News

Ni en la verborrea de Gustavo Petro ni en la propuesta ambiental de Abelardo de la Espriella, que parece una extensión del Plan Colombia, se abordaron los asuntos estructurales por los que el fenómeno de El Niño afectará especialmente a las personas más pobres del país. Las organizaciones ambientales de todo tipo y la sociedad en su conjunto tendrán que buscar soluciones fuera del neoliberalismo ininterrumpido de los últimos gobiernos.  

Referencias bibliográficas 

Ospina Henao, D. A. (2025, 28 de julio). Los colombianos destinan, en promedio, $890.342 para la compra de los alimentos. La República. https://www.larepublica.co/consumo/compra-de-alimentos-de-los-colombianos-4189428

Villalobos Olea, M. (2026, 18 de junio). Entre el calor y las altas tarifas: la realidad energética del Caribe. El Universal. https://www.eluniversal.com.co/opinion/columna/2026/06/18/entre-el-calor-y-las-altas-tarifas-la-realidad-energetica-del-caribe/

También le puede interesar:

Anuncios.

Por Juan Antonio Escobar

Escritor e investigador. Trabajo digital, economía ambiental y cultura.