Texto escrito por: Rodrigo López Oviedo
La iniciativa inicial de Abelardo de la Espriella de tomar posesión de la Presidencia de la República en el departamento del Cauca y en una guarnición militar, por fortuna fallida, y la posterior decisión de hacerlo en Cali, aunque con discurso incluido ante un contingente militar, hablan claro de la forma como este mandatario atenderá la movilización social: como si fuera un problema de orden público.
En los últimos años, los sectores populares lograron sacudirse del sopor en el que entraron después del histórico Paro Cívico Nacional de 1977. En este renacer, pusieron en jaque al gobierno de Duque, abriendo paso para que la casta oligárquica que representaba perdiera la Presidencia de la República a manos de Gustavo Petro y ampliara su presencia en el Legislativo. Estos mismos sectores populares se convirtieron en valioso apoyo a los gobiernos de Petro, tanto el de la Alcaldía de Bogotá como el de la Presidencia de la República.
¿Y por qué en el Cauca o en Cali? Pues, precisamente, porque en tales lugares la movilización social ha tenido una especial relevancia. En el departamento del Cauca, respondiendo a las lamentables consecuencias de los enfrentamientos entre mafias, paramilitares, guerrilla y Fuerza Pública, y –especialmente las comunidades indígenas– manteniéndose firmes en su lucha por la tierra y la cultura. También en la capital vallecaucana, porque esta fue prácticamente el epicentro de las protestas de 2019 y 2021 y la cuna de la Primera Línea, aunque a costa del lamentable ocaso de muchas vidas, salvajemente segadas en dichas jornadas. Estas acciones ocasionaron el que a Cali se la considere “Capital de la Resistencia” y que uno de sus parques fuera engalanado con un monumento alusivo a tales gestas y héroes.
Cali y el Cauca reunían, entonces, los méritos suficientes para que De la Espriella los escogiera para tomar allí posesión de la Presidencia de la República y notificarle al país, simbólicamente, que no le temblará la mano para enfrentar todo lo que signifique protesta social, sin importarle que, así como corrió sangre antes, la siga corriendo donde quiera que tales protestas reaparezcan.
El movimiento popular sabe perfectamente lo que le espera. Por fortuna, su experiencia se robusteció al ver cómo sus luchas desembocaron en el Palacio de Nariño a través de Gustavo Petro, a donde puede volver si logra fortalecer su partido, el Pacto Histórico, y comprometer con sus programas a personalidades y organizaciones dispuestas a sumarse al Frente Amplio en construcción. Además, los avances alcanzados y el riesgo de perderlos con De la Espriella pueden convertirse en el refuerzo que se necesita para defenderlos. Íbamos hacia adelante. No podemos retroceder.
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