Texto escrito por: José Octavio Pineda
Por negligencia de algunas autoridades desde hace varios años los motociclos ruidosos se volvieron una plaga en las calles de ciudades como Bogotá. Motociclos son esas bicicletas de motor hechizo que por lo general son un ruidero, empleados en buena medida por repartidores y domiciliarios.
Contra todo sentido común, mediante la Resolución 160 de 2017, el entonces ministro de Transporte, Jorge Rojas —con el aval de la de entonces directora de Tránsito y Transporte, Ayda Lucy Ospina (hoy Superintendente de Transporte)—, los “legalizó” en lugar de prohibirlos abiertamente.
Y desde entonces se volvieron un mayor dolor de cabeza no sólo para la ciudadanía, sino para autoridades distritales que han buscado frenarlos. Por fortuna, y por iniciativa propia de algunos de sus dueños o tenedores, cada vez se ven más motociclos silenciosos, de motor eléctrico, en un esfuerzo que merece un abierto doble reconocimiento.
En primer lugar, por el mayor costo que seguramente representa un motor eléctrico frente a un ruidoso motor de combustión interna. Y por el otro, porque sus propietarios o tenedores demuestran ser individuos responsables y conscientes del derecho de la ciudadanía a la tranquilidad (artículo 31 del Código de Policía). Ojalá cada vez más repartidores y domiciliarios se sumen a esta creciente y novedosa ola de motociclos silenciosos, pues no sólo les irá bien a ellos, sino a una ciudadanía que no tiene por qué aguantarse el ruidero.
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