Texto escrito por: Manuel Del Cristo Diaz Salgado
Contrario a las leyes de Newton, los agitadores parisinos de Mayo del 68 consideraban que las acciones no traían reacciones, sino creaciones. Este lema resultó inspirador para los estudiantes, que no buscaban llegar al poder, sino transformar la sociedad francesa. Su principal objetivo era reivindicar libertades en la esfera privada y cuestionar el orden público establecido.
Los hechos se desarrollaron vertiginosamente a partir del 3 de mayo con el cierre de la Universidad de Nanterre. Poco después, el epicentro de la agitación se trasladó a la Universidad de la Sorbona. Al día siguiente, millones de obreros se sumaron a las protestas, lo que amplificó el movimiento y despertó un mayor interés en toda la sociedad francesa.
Se produjo una parálisis total: nada funcionaba. La radiotelevisión francesa apoyaba tímidamente las protestas, que ya no eran solo estudiantiles, sino también sindicales. Las marchas continuaron hasta junio, cuando el general Charles de Gaulle convocó elecciones. Sin embargo, nada volvería a ser igual.
Mayo del 68 alumbró muchas causas diferentes: el ecologismo, la libertad sexual, la educación igualitaria, el antinuclearismo y el antibelicismo. Aunque no cambió el poder ni el sistema político, transformó profundamente las ideas y los valores morales de Occidente. Se convirtió en la bandera de la lucha por los derechos civiles y contra todas las formas de discriminación.
De ahí la célebre frase: “Toda reacción produce una creación”. El filósofo Francisco Fernández Buey resumió Mayo del 68 como “el gran susto” para la gran mayoría. Más que una “fiesta lúdica”, como la califica Ramón González Férriz en su libro La revolución divertida, Buey consideraba que empezó “como un manual de quejas en las universidades y acabó como un ensayo general revolucionario contra el autoritarismo”.
Otros lemas que se popularizaron entonces —“Bajo los adoquines, la playa”, “Haz el amor y no la guerra” o “Prohibido prohibir”— siguen formando parte del imaginario de las revueltas contemporáneas. Por eso se dice que, cuando Francia estornuda, el resto de Europa se resfría.
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