Texto escrito por: Jhonatan Molina Gutierrez
En la actual contienda electoral de 2026, el discurso del candidato Abelardo de la Espriella ha logrado capitalizar el miedo y la indignación ciudadana mediante promesas de soluciones radicales: eliminar el INPEC, construir megacárceles privadas en lugares remotos y militarizar la custodia. Sin embargo, tras el envoltorio mediático del "modelo Bukele" se esconde un desconocimiento profundo de la arquitectura jurídica, fiscal y social de Colombia.
Sostengo que tales propuestas son inviables y que la verdadera solución no reside en la demolición de las instituciones, sino en la intervención inmediata de la USPEC y el fortalecimiento técnico del cuerpo de custodia.
La falacia del populismo penitenciario
La afirmación de que eliminar el INPEC acabará con la corrupción es lo que podríamos llamar un "discurso disfrazado". Jurídicamente, la custodia de civiles es una función administrativa que no puede ser transferida arbitrariamente a exmilitares sin romper el hilo constitucional y exponer al Estado a sanciones millonarias ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Además, la privatización de prisiones —vendida como un modelo de eficiencia empresarial— esconde un incentivo perverso: si el preso se convierte en un activo financiero por el cual el Estado paga a un privado, la rentabilidad exige maximizar el hacinamiento y reducir los costos de resocialización. Construir cárceles "en la mitad de la nada" suena contundente, pero es logísticamente insostenible y fiscalmente irresponsable en un país que aún lucha por cerrar brechas básicas de infraestructura.
El verdadero cuello de botella: La USPEC
Si el sistema penitenciario falla, no es solo por quien vigila, sino por quien administra los recursos. La Unidad de Servicios Penitenciarios y Carcelarios (USPEC) ha demostrado ser el verdadero culpable de la parálisis estatal. Mientras el debate público se distrae con la idea de eliminar al INPEC, la USPEC gestiona presupuestos millonarios con una ineficiencia pasmosa.
Hoy, los Establecimientos de Reclusión del Orden Nacional (ERON) se caen a pedazos; existen pabellones nuevos que permanecen vacíos porque la USPEC no ha logrado contratar servicios básicos o sistemas de seguridad electrónica. Debemos eliminar el "teléfono roto" que existe entre el INPEC (que conoce la necesidad) y la USPEC (que fracasa en la ejecución).
La desproporción humana: Matemáticas del abandono
El discurso de la "mano de hierro" ignora voluntariamente la realidad matemática. Con un hacinamiento que supera el 48% en 2026, la proporción entre internos y custodios es una bomba de tiempo. La solución no es importar veteranos de las Fuerzas Militares, cuyo entrenamiento está diseñado para el combate y no para el tratamiento penitenciario.
Lo que el sistema requiere es una dignificación real de la carrera del dragoneante: mejores salarios, formación especializada y un aumento masivo en el reclutamiento. Sin personal suficiente y capacitado, cualquier tecnología de punta es, simplemente, un adorno caro.
Conclusión: Hacia una conciencia colectiva
Colombia no necesita "ilusionistas de la seguridad" que propongan demoler lo construido para implementar modelos extranjeros inaplicables. El país requiere una cirugía administrativa urgente: eliminar la burocracia ineficiente de la USPEC, invertir en los ERON existentes y equilibrar la balanza entre internos y custodios. Solo fortaleciendo la institucionalidad podremos transitar de las actuales "universidades del crimen" hacia centros de verdadera justicia.
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